6.2.07

VII. LAS ACTITUDES DE LOS GOBIERNOS Y SUS PUEBLOS

" Austria- Hungría piensa...Francia se rearma... Serbia se niega..." bajo estas frases a veces quedan encubiertas las complejidades de la vida interna de las naciones, que terminan simplificándose con un nominalismo. Es más preciso decir " el ministerio de exteriores austriaco pensó...el gobierno francés decidió el rearme"...condicionados, eso si, por el balance de poder interno. Conviene  reflexionar sobre este importante punto, todos los gobiernos, incluidos los sistemas teóricamente autocráticos siempre se ven influenciados o dirigidos por sus respectivas opiniones públicas y en el periodo de sociedad de masas que se consolida en los siglos XIX-XX , la multiplicación de la prensa popular y sensacionalista con penetración en la mentalidad colectiva, la aparición de nuevos métodos y fórmulas de comunicación y relación, en suma, de creación de opinión fortalecen el concepto de "opinión pública". A título de muestra, en 1913 el "Russkoe Slovo" de Moscú tiraba 800.000 ejemplares o el "Daily Mail" rondaba los 900.000 ya en 1907. Otros periódicos se convertían en terminales semioficiales como "Rossiya", "Novoe Vremya" o "Norddeutsche Allgemeine Zeitung", que recogían artículos o editoriales filtrados desde las instancias oficiales como auténticos comunicados encubiertos. Recordemos que suele estar segmentada, y los diversos segmentos tienen mayor o menor capacidad para influir en el gobierno formando grupos de presión. 

Las interrelaciones eran múltiples, no era fácil evaluar el impacto y consecuencias resultantes de cualquier  acción  debido a la opacidad en el proceso de toma de decisiones. Los dirigentes encargados de diseñar las políticas sufrían una importante presión no solo de esos factores exógenos (prensa, grupos de presión organizados, opinión pública) mencionados, sino también de sus adversarios dentro de las filas de sus propios partidos o de los funcionarios consolidados en los departamentos de la administración. Casos ilustrativos fueron las actuaciones de Maurice Herbette en Quai D´Orsay  o de Eyre Crowe en el Foreign Office como  destacados funcionarios que imponían sus puntos de vista, contraviniendo al titular temporal del ministerio. A veces, la oposición procedía de sus propios colegas en el gobierno. Por si fuera poco, esas instancias de decisión sufrían fluctuaciones en sus balances de poder.

Los vaivenes y las señales confusas provenían fundamentalmente de estos factores políticos:
Las intervenciones caóticas de los monarcas, la ambigüedad de las relaciones civiles militares, de la confrontación entre los políticos a todos los niveles institucionales, la agitación de la prensa crítica y los problemas de seguridad. Por supuesto, el grado de importancia de estos factores cambiaba mucho de un país a otro, dependiendo de su régimen y de su estructura de relaciones sociales.

FOTO. MANIFESTACIÓN DE JUBILO EN MUNICH AL DECLARARSE LA GUERRA. EN EL CIRCULO, UN JOVEN DE 25 AÑOS LLAMADO ADOLF HITLER, ENTRE LA MUCHEDUMBRE.


El escenario europeo en 1914 estaba estructurado en centros de poder autónomos y sobradamente armados. La contienda fue producto de la multipolaridad mal gestionada y de una interactividad que podemos calificar de funesta.


En julio de 1914 se produjo una distensión política dentro de cada país europeo ante la crisis, que se desbordó en entusiasmo patriótico a principios de agosto con las declaraciones de guerra. La gran mayoría de formaciones partidistas y la opinión pública cerraron filas en torno a sus gobiernos y abundaron las manifestaciones callejeras respaldando las decisiones gubernamentales. Predominó un arraigado efecto moral de temor, odio y acusaciones contra el otro bando, imponiéndose el nacionalismo. En los parlamentos este consenso en torno a la causa nacional recibió el nombre de "Unión Sagrada" o "Burgfriede", con la aprobación de grandes presupuestos para equipamiento bélico, renuncia temporal a las huelgas, disminución del control civil sobre las decisiones militares, etc.

En los años precedentes los estadistas, bastante pacifistas en general ( muchos desconfiaban de las consecuencias internas de un conflicto grave ) se vieron arrastrados a medida que tropezaban con los obstáculos de la política internacional que velozmente se filtraban al debate interno. Normalmente, la salida fue la carrera de armamentos, que se transformó en una tendencia irreversible, un esfuerzo creciente por aumentar el margen de superioridad o para no ser superados. La tentación de usar las formidables fuerzas armadas como herramienta de presión ventajosa ante cualesquiera disputa entre países era irresistible, aceptando llegar hasta las últimas consecuencias si fuera preciso. Era una mentalidad fatalista, resumida en la frase de Poincare: " No queremos la guerra , pero no la tememos". Hemos contemplado la presencia de esta filosofía en la crisis que siguió al magnicidio de Sarajevo. El concepto de "guerra preventiva" era manejado con soltura en los Estados Mayores de los ejércitos; en última instancia la guerra era considerada según los términos de Clausewitz: "la continuación de la política por otros medios"


Respecto a movimientos sociales ¿ Qué sucedió con el movimiento socialista? Jaures pensaba que la II Internacional no debía encerrarse en una fórmula concreta de oposición a la guerra y que simplemente no había que excluir ningún medio. Pero no existía un protocolo ni nada decidido en 1914. Ante el llamamiento nacional, los socialistas respondieron y partieron a los frentes, salvo algunas excepciones.

Pese a rechazar los gobiernos, muchos miembros de la Internacional se identificaban con las leyes de relación de los estados y con una patria determinada. No eran completamente conscientes de este hecho, porque estaban sumergidos en sus respectivas comunidades, salvo los exiliados polacos y rusos.

Ciertos portavoces del movimiento, como Rosa Luxemburgo no confiaban en la vía parlamentaria como marco para el pacifismo o la limitación de armamentos. En cambio otros dirigentes como Vliegen u Otto Bauer consideraban que el capitalismo podía conducirse por vías pacíficas. Kautsky y Bebel confiaban en la capacidad de las grandes empresas y sus carteles para mantener la paz. Jaures y Haase, en fin, confiaban en los capitales de las grandes potencias que se verían perjudicados, la solidaridad internacional de los proletarios y el temor a la revolución. Ciertamente estos factores existieron, pero claramente fueron sobrevalorados.


Por añadidura, existían versiones culturales de la guerra calificada como proceso purificador y de elevación por encima de las pequeñas mezquindades y mediocridades de la vida cotidiana, un sacrificio heroico por la supervivencia del cuerpo nacional, el único verdaderamente inmortal y al que los individuos debían devoción. El prestigio de lo marcial, el culto a la fuerza como motor de cambios eran concepciones insertadas por la educación de los sistemas nacionales. Incluso mas lejos, la guerra era interpretada como fenómeno natural o de elección consciente de la violencia legítima, una "forma de existencia superior" según las palabras de Nietzsche, la guerra convertida en un fin en si mismo... Von Bernhardi lo explicaba así en una obra de 1911: " la guerra(...) es una necesidad biológica, es poner en práctica la ley natural sobre la que se basan todas las restantes leyes de la Naturaleza, la lucha por la existencia" Paradójicamente, de mala gana, Von Bernhandi reconocía de mala gana en el preámbulo de su obra



Uno de los escritores pangermanos de finales del siglo XIX, Paul de Lagarde, en su obra " Deutsche Schriften" fustigaba lo que consideraba actitud demasiado acomoditicía de la burguesía y la vida política germanas y predicaba su solución, un crudo nacionalismo como factor de catarsis: " No ha habido aun nunca un estado alemán(...) El estado actual es una casta, la vida política es una farsa, la opinión pública una cobarde ramera (...) Vivimos en medio de la guerra civil, que solo provisoriamente toma su curso sin pólvora ni plomo, pero, en cambio, con la mayor vileza mediante el silencio y la calumnia(...) la creencia en la inmortalidad se hace para nosotros más y más condición indispensable , bajo la cual podemos solamente soportar la vida en este Reich judeo-alemán compuesto de barro y hierro(...) las Naciones no se originan por generación física, sino por acontecimientos históricos pero están sometidas a la acción de la Providencia. Por eso las Naciones son de institución divina, ellas son creadas(...) reconocer permanentemente la misión de su Nación significa sumergirla en la fuente que da eterna juventud: servir para siempre a esta misión significa adquirir fines más elevados y con ellos una vida más elevada. "

Uno de los teóricos del nazismo, Alfred Rosenberg, escribiría en 1934 refiriéndose a aquella época de incertidumbres y transformaciones: " Para el siglo XIX existe aun una circunstancia atenuante: que sus seres humanos se hallaban en medio de una corriente rauda de industrialismo que nacía, y que como otros muchos también fueron tomados por sorpresa por lo nuevo. Sintieron, por cierto, tambalear viejos valores, pero ¿ quién podría condenarlos si no vieron ninguna aurora, sino que sucumbieron ?"