6.2.07

VII. LAS ACTITUDES DE LOS GOBIERNOS Y SUS PUEBLOS

" Austria- Hungria piensa...Francia se rearma, Servia se niega..." bajo estas frases a veces quedan encubiertas las complejidades de la vida interna de las naciones, que terminan simplificandose con un nominalismo. Es más preciso decir " el gobierno austriaco pensó...el gobierno frances decidió el rearme"...condicionados, eso si, por el balance de poder interno. Conviene hacer reflexionar al lector sobre este importante punto, todos los gobiernos, incluidos los sistemas teoricamente autocráticos siempren se ven influenciados o dirigidos por sus respectivas opiniones públicas y en el periodo de sociedad de masas que se consolida en los siglos XIX-XX , la multiplicación de la prensa popular y sensacionalista con penetración en la mentalidad colectiva, la aparición de nuevos métodos y fórmulas de comunicación y relación, en suma, de creación de opinión fortalecen el concepto de "opinión pública". Recordemos que suele estar segmentada, y los diversos segmentos tienen mayor o menor capacidad para influir en el gobierno formando grupos de presión.

FOTO. MANIFESTACION DE JUBILO EN MUNICH AL DECLARARSE LA GUERRA. EN EL CIRCULO, UN JOVEN DE 25 AÑOS LLAMADO ADOLF HITLER, ENTRE LA MUCHEDUMBRE.




En julio de 1914 se produjo una distensión politica dentro de cada pais europeo ante la crisis, que se desbordó en entusiasmo patriótico a principios de agosto con las declaraciones de guerra. La gran mayoría de formaciones politicas y la opinión pública cerraron filas en torno a sus gobiernos y abundaron las manifestaciones callejeras respaldando las decisiones gubernamentales. Predominó un arraigado efecto moral de temor, odio y acusaciones contra el otro bando, imponiendose el nacionalismo. En los parlamentos este consenso en torno a la causa nacional recibió el nombre de "Unión Sagrada" o "Burgfriede", con la aprobación de grandes presupuestos para equipamiento bélico, renuncia temporal a las huelgas, disminución del control civil sobre las decisiones militares, etc.

En los años precedentes los estadistas, bastante pacifistas en general ( muchos desconfiaban de las consecuencias internas de un conflicto grave ) se vieron arrastrados a medida que tropezaban con los obstáculos de la política internacional que velozmente se filtraban al debate interno. Normalmente, la salida fue la carrera de armamentos, que se transformó en una tendencia irreversible, un esfuerzo creciente por aumentar el margen de superioridad o para no ser superados. La tentación de usar las formidables fuerzas armadas como herramienta de presión ventajosa ante cualesquiera disputa entre paises era irresistible, aceptando llegar hasta las últimas consecuencias si fuera preciso. Era una mentalidad fatalista, resumida en la frase de Poincare: " No queremos la guerra , pero no la tememos". Hemos contemplado la presencia de esta filosofía en la crisis que siguió al magnicidio de Sarajevo. El concepto de "guerra preventiva" era manejado con soltura en los Estados Mayores de los ejércitos; en última instancia la guerra era considerada segun los términos de Clausewitz: "la continuación de la política por otros medios"

Por añadidura, existian versiones culturales de la guerra calificada como proceso purificador y de elevación por encima de las pequeñas mezquindades y mediocridades de la vida cotidiana, un sacrificio heroico por la supervivencia del cuerpo nacional, el único verdaderamente inmortal y al que los individuos debian devoción. El prestigio de lo marcial, el culto a la fuerza como motor de cambios eran concepciones insertadas por la educación de los sistemas nacionales. Incluso mas lejos, la guerra era interpretada como fenómeno natural o de elección consciente de la violencia legítima, una "forma de existencia superior" según las palabras de Nietzsche, la guerra convertida en un fin en si mismo... von Bernhardi lo explicaba así en una obra de 1911: " la guerra(...) es una necesidad biológica, es poner en práctica la ley natural sobre la que se basan todas las restantes leyes de la Naturaleza, la lucha por la existencia"



Uno de los escritores pangermanos de finales del siglo XIX, Paul de Lagarde, en su obra " Deutsche Schriften" fustigaba lo que consideraba actitud demasiado acomoditicía de la burguesía y la vida política germanas y predicaba su solución, un crudo nacionalismo como factor de catarsis: " No ha habido aun nunca un estado alemán(...) El estado actual es una casta, la vida política es una farsa, la opinión pública una cobarde ramera (...) Vivimos en medio de la guerra civil, que solo provisoriamente toma su curso sin pólvora ni plomo, pero, en cambio, con la mayor vileza mediante el silencio y la calumnia(...) la creencia en la inmortalidad se hace para nosotros más y más condición indispensable , bajo la cual podemos solamente soportar la vida en este Reich judeo-alemán compuesto de barro y hierro(...) las Naciones no se originan por generación física, sino por acontecimientos históricos pero están sometidas a la acción de la Providencia. Por eso las Naciones son de institución divina, ellas son creadas(...) reconocer permanentemente la misión de su Nación significa sumergirla en la fuente que da eterna juventud: servir para siempre a esta misión significa adquirir fines más elevados y con ellos una vida más elevada. "

Uno de los teoricos del nazismo, Alfred Rosenberg, escribiría en 1934 refiriendose a aquella época de incertidumbres y transformaciones: " Para el siglo XIX existe aun una circunstancia atenuante: que sus seres humanos se hallaban en medio de una corriente rauda de industrialismo que nacía, y que como otros muchos también fueron tomados por sorpresa por lo nuevo. Sintieron, por cierto, tambalear viejos valores, pero ¿ quién podría condenarlos si no vieron ninguna aurora, sino que sucumbieron ?"