1.7.12
TRADUCCIÓN "REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA MUNDIAL" DE BETHMANN HOLLWEG. CAPÍTULO:"El estallido de la guerra" 2º parte PAG 111-119
Nosotros abogamos seriamente en Viena por la aceptación de la mediación deseada por Grey, y a pesar de las mas fuertes presiones habíamos fallado. Resturamos de nuevo las conversaciones directas entre Viena y San Petersburgo. En esta última conexión yo mismo le dije al conde Berchtold: " Aunque nosotros estamos completamente preparados para cumplir con nuestras obligaciones recogidas en los tratados, debemos rehusar deslizarnos a una conflagración mundial a causa de Austria-Hungría". Nuestra gestión en Viena fue eficaz. Pero no pudimos salvar la paz porque San Petersburgo se mantuvo en sus trece. Y San Petersburgo rehusó porqu Inglaterra no frenó su belicosidad. No hubo ultimatum ingles en San Petersburgo puesto que Grey no deseaba algo semejante. Porqué no fue más allá admite varias lecturas, pero el permitió que su consejo fuera abandonado sin protestar. A medida que la marea del militarismo crecía y crecía en San Petersburgo él no hizo nada decisivo para contenerla. Las diversas medidas inglesas de mediación siempre tomaban el aspecto de presiones sobre Viena, mientras que las presiones sobre San Petersburgo eran, comparadas con las ejercidas sobre Viena, conspiscuas por su ausencia. Esa es la verdadera razón por la que nuestra mediación se probó en la práctica ineficaz
El proceder que habíamos percibido en la "misión Haldane" se reprodujo en la actitud británica en esta ocasión.
En ese tiempo Inglaterra estaba buscando un entendimiento con Alemania, pero sin mencionar nada que pudiera acongojar a Francia, lo que producía un círculo vicioso. Ahora Grey quiso preservar la paz, pero solamente siempre que las ambiciones rusas no fueran afectadas, incluso más allá de una reducción al absurdo. Así que lo que Inglaterra había sembrado, debía cosechar.
Sir E. Grey había atado sus propias manos por su profunda dependencia de la alianza francorrusa y por fortalecer esa alianza por su propia y libre voluntad por convenciones militares. Ya no era libre. Claramente, él tenía el sentimiento de que tras semejante acción su honor no le permitría hablar firmemente a sus amigos del Neva.
Tampoco Alemania era libre. Pero no estaba atada en el mismo grado. Incluso en los más críticos momentos nuestros tratados con Austria-Hungria no nos habían impedido tomar las enfáticas acciones para imponer moderación cuando era requerida en el intrés de la paz sobre nuestros amigos y aliados. ¿ Pero teníamos alguna opción si dejabamos a Austria librada a su destino en un asunto tan vital como este?
Habíamos fracasado en retratar el venenoso colmillo de la alianza francorrusa y encontrar así un entendimiento con Inglaterra. Esta había claramente indicado a los francorrusos que apoyaría su política no solo diplomáticamente sino militarmente también. La política de la Alianza era belicosa. Poincaré era un representante del revanchismo. Rusia estaba convencida de marchar sobre Constantinopla , y su ruta pasaba a través de Berlín y Viena. Los batallones rusos estaban multiplicándose gracias al dinero francés de año a año , Francia había incorporado el servicio militar de 3 años bajo la presión Rusia, y no había duda de la voluntad de ir consolidando esto a lo largo del tiempo. La cooperación pacífica internacional no era el objetivo de los gabinetes concernidos. El ángel de la paz no había apaciguado el agitado espíritu de la guerra boer, la guerra rusojaponesa, de la quiebra de la paz en Trípoli, de la conspiración balcánica. Los grandes estados estaban solamente ocupados en la búsqueda propia del poder material, y las muertes en masa no parecían un precio excesivo para la adquisición y asimilación de ese poder. La política alemana veía la existencia de Alemania como una gran potencia haciendo equilibrios sobre la punta de bayonetas hostiles. Veía como su único aliado fiable sentenciado a una temprana destrucción si se le negaba el poder de anular las minas que habían sido instaladas bajo los fundamentos de su casa. Si este aliado colapsaba o desertaba al campo enemigo por el fallo de sus amigos en proteger sus intereses vitales, entonces Alemania estaría totalmente aislada.
Sería estrujada hasta la muerte por un círculo de enemigos, agrupados en una campaña común por el dominio del mundo aunados por el disgusto celoso ante un creciente competidor comercial, por la animadversión de la raza eslava contra los teutones, y por una voluntad de venganza por la victoria de 1870.
Y esa es la razón por la que la política alemana entendía como apropiada la decisión de Austria de tomar acciones contra Servia como la forma de garantía renovada de su adherencia a la alianza.
Soy bien consciente de que en vista del subsecuente curso tomado por la guerra semejante razonamiento, o incluso toda la línea argumental puede ser cuestionada en conjunto. Pero aquellos que nos juzguen razonablemente y quienes no meramente buscan un chivo expiatorio están legitimados para preguntar porque la política alemana no fue guiada para evitar ser colocada en los colmillos de este dilema. Yo pienso que esta cuestión sobreestima ampliamente la libertad de acción que presidía nuestras decisiones en la última década. Alemania también había caído bajo el hechizo del ideal de poder que entonces dominaba el mundo entero. Si intentábamos averiguar lo que estaba en la mente de Bismarck nosotros vemos que su constante preocupación por su "pesadilla de coaliciones" puesto que Alemania habiendo rebasado el punto de saturación, y limitada en temas navales y coloniales , todo apuntaba a la consciencia de los peligros que rodeaban a una Alemania que había sido, como todos los grandes imperios del mundo, construida por la fuerza. Alemania había entretanto crecido en vigor tan increíblemente, y tan precipitadamente, que había sido forzada a tomar su puesto en la política mundial y había sido infectada con los ideales de poder peculiares en este periodo. Esto había desembocado en un nuevo rumbo que ya podía claramente sortear los escollos que Bimarck había oteado con amplia perspectiva. Nuestra política naval y oriental son probablemente los más características rasgos
de esta nueva línea. Ningún hombre de estado alemán habría sido lo suficientemente fuerte para poner el timón sobre un diferente curso a menos que pudiera asegurar a su pueblo que con toda probabilidad humana los conflictos del gran mundo en los cuales Alemania se viera envuelta podrían ser solventados por negociaciones pacíficas y no por la espada. Y la única manera de hacer esto, lo mantengo a pesar de todo, era a través de un entendimiento con Inglaterra
Francia estaba entregada al ideal de la revancha, Rusia a su histórica misión en los Balcanes y los Estrechos, Austria a sus dificultades internas, y ninguna de ellas podía tomar el liderazgo. Alemania e Inglaterra me parecían los únicos Poderes libres para actuar y que no estaban mediatizados por ninguna fuerza fundamental enfocada hacia algún cambio concreto en el status quo. Lord Haldane no dudará en recordar una noche en mi casa cuando le explique pormenorizadamente que un entendimiento real entre nuestros países garantizaría la paz y gradualmente guiaría a las Potencias lejos del espectro del imperialismo militarista al polo opuesto de una pacífica y amigable cooperación. Pero hasta él prefirió la supremacía británica asegurada por los dreadnoughts y la amistad francesa
Así, de que modo Alemania podría haber planteado contra una obstinada determinación de no liberar al sistema europeo de coaliciones de su amenaza militar, sino mas bien a aumentarlo y agravarlo, estaba fuera de cuestión puesto que Alemania no podía emprender sola un camino en el cual nadie la acompañaría. Alemania tenía que mirar los hechos brutales a la cara y reconocer que la política de los gobiernos estaba inspirada no por grandes principios humanos, sino que las jefaturas estatales no aspirarían a nada mas elevado que saciar sus ambiciones en las oportunidades de la guerra La política alemana fue así forzada a recurrir a paliativos en la esperanza de que el inminente mal podría al final ser prevenido por aplazamientos. Pero desde que esto había privado a Alemania de presentar un carácter más amistoso al grupo de Potencias opuestas, también ahora Alemania estaba determinada a no hacer nada que pudiera debilitar a su propio grupo. Y esta fue la razón final de porqué la alianza con la monarquía danubiana fue la piedra toque de nuestra política. Nosotros habíamos exitosamente evitado que esta política nos comprometiera en un conflicto con Rusia durante las guerras balcánicas. Incluso habíamos cooperado en los designios rusos sobre Constantinopla mediante repetidas garantías al gabinete ruso de que no pondríamos dificultad en la cuestión de los Estrechos, manteniendo de ese modo nuestra política tradicional de no permitir que nos usaran como subalternos de aquellos más directamente interesados en este tema.
[ Nota del Autor: Rusia elevó esta cuestión en Berlín a fines de 1911; desde ese momento ellos no volvieron a abordarnos respecto a sus ambiciones en los Estrechos. El gobierno de San Petersburgo había desautorizado y subsecuentemente retornado a su embajador en Constantinopla, Tcharikow, quien desde 1911 había estado presionando por la apertura de los Estrechos, y esto teniendo en cuenta la oposición británica. Su sucesor, el señor De Giers, en una larga conversación en marzo de 1914 con el embajador alemán explicó su programa político, si fuera llamado a suceder a Sassonow. Este programa estaba basado en un acercamiento germanoruso, y garantizando la integridad territorial turca iría lejos en satisfacer las ambiciones rusas allí. Herr Von Wangenheim se mantuvo escéptico respecto a la propuesta, y con justificación desde que han sido expuestas las publicaciones de documentos confidenciales por los bolcheviques. El señor Giers había asimismo tomado parte en la muy citada conferencia del 21 de febrero de 1914 en la cual se discutió una acción militar en los Estrechos, sin, tan lejos como registra el protocolo, ningún punto de vista disidente. Que justo en el momento en el cual el Zar estaba ratificando los proyectos de Sassonow, él hubiera tenido éxito en conseguir su consentimiento a una política de preservación de Turquia sobre las bases de un entendimiento ruso-alemán parece poco probable Si el señor Giers hubiera podido llevar a cabo su propia política el podría haber sido relevado tan fácilmente como lo fue Tcharikow Y si, como sucesor de Sassonow, el se hubiera enfrentado con la cuestión de como reconciliar la política de aproximación germanorusa con una estracha relación con las potencias occidentales, no había duda de que él habría repetido la experiencia de Postdam. Esto no puede ser comprobado puesto que Sassonow siguió en su puesto y llevó adelante su política belicosa ]
¿Podriamos haber resulto el problema sacrificando a Austria-Hungría? Si Austria hubiera caido el mundo eslavo habría asegurado el exito de siglos. Semejante indiscutible conquista por Moscú habría presionado pesadamente sobre el Oeste. Alemania solamente habría sobrevivido a la caída de Austria como un vasallo del potentado oriental. La era de Nicolás I habría sido revivida bajo Nicolás III [ N. del Traductor: desconocemos si se trata de una errata de la edición y se refería realmente al zar Nicolás II o hacía una previsión de futuro en un supuesto "Nicolás III"], con diferentes condiciones. Los opresores de Alemania podrían entonces haber determinado en su caso el día en el cual Alemania cesaría de existir como gran potencia.
Yo considero que semejante capitulación habría sido imposible.
Una leyenda a la que se le ha dado amplia circulación asigna el origen de la guerra a un consejo de la Corona que seguro se dijo el Káiser habría sostenido en Postdam el 5 de julio de 1914. Incluso los alemanes creen esta fábula, aunque nuestros oponentes, quienes ciertamente no habrían pasado por alto semejante hallazgo, no dicen nada sobre tal consejo de la Corona en sus publicaciones oficiales. Aun más, cualquier investigación, hasta la mas somera, debe haber demostrado que la mayoría de esos declararantes pretendidamente presenciales no podrían haber estado en Postdam o siquiera en Berlín.
Como relato de los hechos, lo que ocurrió fue esto: el 5 de julio, el conde Szogyenyi, embajador de Austria, tras almorzar con el emperador le entregó una carta autógrafa del emperador Francisco José, junto con un memorandum de su gobierno. Este memorandum trazaba un exhaustivo programa balcánico de un carácter de largo alcance, en el cual se daría jaque mate a los planes rusos mediante fuertes contramedidas diplomáticas. Esta política buscaba apoyar a Bulgaria y Turquía contra un ahostil Servia, en vez de una Rumania que ya no era de fiar. El obejtivo era una alianza balcánica con la exclusión de Servia bajo la égida de las Potencias Centrales. El incidente de Sarajevo fue aducido como evidencia de que el conflicto entre Austria y Servia era irreconciliable y lo que la monarquía debía esperar era una obstinada y agresiva hostilidad de Servia. El manuscrito del emperador sintetizaba brevemente , y sugería que la política pacifica de las Potencias estaba amenazada si la agitación en Belgrado era consentida. El Káiser recibió ambos documentos con la advertencia de que él solo podría responder despues de consultar al canciller. Al atardecer de ese mismo día el Káiser me recibió a mí y al secretario de exteriores, Zimmermann, que representaba al ministro Von Jagow, entonces de baja.
28.12.11
EL REPLANTEAMIENTO DE LA ESTRATEGIA NAVAL BRITÁNICA EN 1912
El paulatino naufragio de las conversaciones navales angloalemanas y los detalles sobre la llamada “Novelle” ( la prevista ley naval alemana de 1912 impulsada por Tirpitz ) que trajo la misión Haldane después de su viaje a Berlín en febrero de 1912 precipitaron una serie de acontecimientos en cadena que terminaron por enrarecer definitivamente las relaciones entre el II Reich y Albión.
Uno de esos acontecimientos fue el replanteamiento de la estrategia de la Royal Navy para el caso de un conflicto generalizado con la Triple Alianza.
EL ALMIRANTE TROUBRIDGE
Sin consultar al Comité de Defensa Imperial ( CID ), Churchill y su equipo estudiaban los ajustes necesarios. El 2 de febrero de 1912 el almirante E. Troubridge, secretario del Primer Lord del Almirantazgo, elevó un informe mencionando las repercusiones de la retirada de los 6 dreadnought estacionados en el Mediterráneo: se perdería capacidad de presión sobre Italia, comprometería los intereses comerciales, desestabilizaría el punto clave de Egipto, y sería un revés diplomático. Y para colmo se calculaba que hacia 1915 serían precisos nada menos que 12 dreadnoughts para tareas defensivas en dicho mar, a juzgar por los trabajos en curso en los astilleros italianos y austro-húngaros. Pero Troubridge pensaba que el dominio en el mar del Norte era crucial, por encima de otras consideraciones, puesto que la rivalidad con Alemania alcanzaba su punto álgido: “ la situación entre Gran Bretaña y Alemania y sus aliados es a todos los efectos un estado de guerra sin violencia presente”.
Churchill y el reputado almirante Fisher veían a Francia como el socio que podría hacerse cargo de la seguridad de los intereses británicos en el Mediterráneo. Estos planes elaborados en exclusiva por el Almirantazgo fueron conocidos públicamente por primera vez durante la sesión del 18 de marzo de 1912 en la cámara de los Comunes, cuando Churchill en persona los mencionó. Las conversaciones postreras de la misión Haldane no se habían roto definitivamente, pero las perspectivas eran ya claramente pesimistas. Según explicó Churchill, el aumento del poderío naval teutón solo dejaba una elección: concentrar la Royal Navy en las aguas metropolitanas. A partir de ese instante la denominada Primera Flota sería la espina dorsal del despliegue británico. Constaría de cuatro escuadrones de 8 acorazados modernos y un buque insignia cada uno. La complementarían las llamadas Segunda y Tercera Flota, engrosadas por unidades acorazadas anticuadas.
¿ De dónde saldrían los componentes de la Primera Flota? Tres de sus escuadrones procederían de las antiguas flotas del Atlántico y Nacional. La cuarta provendría del Mediterráneo, aunque no estaría estrictamente ubicada en puertos británicos, sino en Gibraltar. Desde esa estratégica posición podría continuar interviniendo en el Mare Nostrum pero Churchill especificó que sus movimientos siempre estarían regidos por el criterio principal: la vigilancia sobre la flota alemana.
Poco después una circular del Almirantazgo, el 1 de mayo, implementó las instrucciones del nuevo ordenamiento. Inicialmente la trascendencia y alcance de las medidas pasaron un tanto desapercibidas tanto a los círculos administrativos, prensa y opinión pública, distraídos por los últimos estertores de las negociaciones angloalemanas y la catástrofe del “Titanic”. Ni siquiera en Paris parecían darse por aludidos por el enorme voto de confianza que les estaba otorgando el Almirantazgo británico
LORD HALDANE
Sin embargo el fracaso definitivo de la distensión propuesta por Haldane a mediados de abril puso en primer plano las discusiones sobre los pasos a seguir ante el nuevo panorama estratégico que se vislumbraba.. Churchill entendió rápidamente la conveniencia de hacer copartícipes de sus planes a otras instancias oficiales y a final de mes preparó, tras consultar al primer ministro Asquith, una reunión del CID en Malta. Desde ese instante los planes de reubicación de la armada fueron motivo de una encendida controversia. Asquith solicitó al CID el 29 de abril “ que considerase los efectos de las nuevas disposiciones navales en el Mediterráneo y demás lugares (…) y el grado de relación a buscar sobre la cooperación de la flota francesa”. Churchill alegó ante cualquiera que le prestara oídos que sus disposiciones eran la única respuesta lógica al desafío alemán. Sobre el particular le describió la retirada mediterránea a Haldane el 6 de mayo “como el primer paso consecuente para una guerra con Alemania y todos nosotros estamos conciliando las disposiciones de paz con las necesidades de la guerra. Sería una locura perder Inglaterra para salvaguardar Egipto”.
Otro argumento más técnico, esgrimido por el Almirantazgo hacía hincapié en la idoneidad de los polémicos cruceros de batalla como fuerza de sustitución en Malta en tanto fueran convenientemente respaldados por unidades sutiles ( cruceros acorazados, destructores y submarinos ). Y aún más, como quien no quiere la cosa, los lores deslizaban que otra posible solución en caso de que las dudas persistieran sería aumentar el tamaño de toda la marina militar “ 10 dreadnought más botados en 1912-13, o 4, junto con la adición de 6 buques de combate construidos o en proyecto en astilleros ingleses para potencias extranjeras, harían segura la posición británica en aguas propias y mediterráneas a partir de 1915 sin recurrir a apoyo foráneo”. Pero el coste estimado de tres millones de libras ejercía un poderoso efecto disuasorio.
Entretanto Churchill seguía vendiendo su proyecto. De nuevo con Haldane como interlocutor, afirmaba: “ Si [Francia] es nuestro socio, no sufriremos. Si no lo es, sufriremos. Pero si ganamos el gran envite en el escenario decisivo, podremos poner toda la carne en el asador. Haga lo que haga Francia, mi consejo es el mismo, y es la primera de todas las leyes de la guerra concentrar la fuerza en el punto clave” A pesar del creciente debate el Almirantazgo se ratificaba en su decisión operativa inicial. Pero la polémica seguía aumentando. Haldane criticó la retirada señalando que entorpecería el tránsito de tropas coloniales, e informes del Estado Mayor recordaban que Chipre, Malta y Suez quedarían expuestos a las apetencias de Austria, Italia y Turquía.
En estos juegos de tira y afloja influía una destacada camarilla burocrática integrada por John French, recientemente nombrado jefe del Estado Mayor Imperial, y el general Henry Wilson, desde 1910 director de operaciones militares del departamento de la Guerra. Ambos presionaban por una alianza declarada con Francia. A ellos se les unirían en el ministerio de exteriores el subsecretario Arthur Nicolson y Eyre Crowe, fervorosos profranceses y antialemanes, especialmente desde la 2ª crisis marroquí del año anterior. Por ejemplo, Crowe distribuyó otro de sus bombásticos memorandums pronosticando toda clase de calamidades si se persistía en la evacuación de la escuadra mediterránea: mayor fidelidad de Italia a la Triple Alianza, España se orientaría hacia Berlin, la dependencia turca respecto a los deseos alemanes aumentaría, y Egipto estaría amenazado. Y todo esas negras perspectivas quedarían solventadas con el concurso de la marina francesa. Haldane era reluctante a esa opción de acuerdo explícito con Paris. Pensaba que impulsaría a Turquía a los brazos de Berlín, y además implicaría contraer obligaciones. Y no era el único que desconfiaba en elegir esa salida. Grey se oponía a las demandas de una “alianza defensiva” con Paris. Aunque alarmado por la situación en el Mediterráneo, opinaba que una vinculación demasiado estrecha con el vecino meridional rompería el inestable equilibrio dentro del gobierno británico. En declaraciones al “Westminster Gazette” se pronunciaba “ La condición para mantener las manos libres es que proporcionemos a nuestra flota el nivel necesario de vigor. Sin él, inevitablemente nos volveremos dependientes de nuestros vecinos y a merced de sus combinaciones y alianzas”. Como Haldane, Grey pensaba que el aumento de efectivos absolutos de la Royal Navy era la mejor solución a los crecientes problemas estratégicos del imperio británico
ARTHUR NICOLSON
Enterado del aumento de las suspicacias, Churchill estableció nuevas rondas de conversaciones con Asquith, mencionando que las nuevas disposiciones navales podían ser canceladas o al menos modificadas. Asquith debía considerar también la parte de la ecuación vinculada con la Entente. Esas variables eran las sospechas francesas por el futuro de las relaciones bilaterales y el deseo de abrir negociaciones sobre cuestiones navales con Londres. Algunos gestos apaciguadores de Asquith hacia Alemania en la sesión del 30 de abril en los Comunes revivieron los temores galos. Grey tuvo que garantizarle al embajador francés, Paul Cambon, que las negociaciones con Berlín estaban definitivamente rotas y que en el futuro solo se debatirían cuestiones coloniales. A mediados de mayo Haldane se dirigió a la cámara de los Lores proclamando que el país estaba libre de alianzas continentales, lo que inquietó al presidente francés Poincaré, que hizo público su enojo. Grey tuvo que actuar de nuevo como cortafuegos y dio garantías firmes sobre el futuro de la Entente por conducto diplomático. Los franceses entendieron el recado y se dieron cuenta de que era mejor enmudecer para no viciar el debate en el Parlamento británico. Pero sus maniobras, eso si, menos estridentes, no cesaron. Trataron de crear un conducto extra de relaciones apelando al reparto de tareas costeras, en el cual la flota británica “cuidase del canal de la Mancha y el litoral norte de Francia, mientras con una escuadra renovada tomaba a su cargo el Mediterráneo”, con el pretexto de que Inglaterra se hiciese partícipe del acuerdo naval francorruso renovado recientemente.
De todos modos Asquith y Nicolson preferían mantener una pizca de ambigüedad, y se escudaban en las reticencias del gabinete para no admitir esa colaboración. Churchill también consideraba preceptiva la aprobación del gabinete, pero fiel a su estilo astuto quería se retrasara el sometimiento de la cuestión hasta después de la cita de Malta. En pocas palabras, poniendo así a los liberales radicales ante un hecho consumado que no tuvieran más remedio que tragar. A Grey se le encargó explicar al resto de sus compañeros de gobierno el giro de los acontecimientos y la posibilidad de un entendimiento naval anglofrancés. En suma aceptar otro paso más en la consolidación de la Entente.
A nivel mediático, las principales cabeceras de la prensa fueron definiendo sus líneas editoriales al respecto. El “Westminster Gazette” sostenía que lo más práctico era invertir más en la flota, y así mantener el ascendiente sobre el Mediterráneo, con lo que Inglaterra seguiría siendo dueña de su propio destino. El “Times”, aparentemente reluctante a una alianza formal con Francia, aplaudía en cambio el aumento de la coordinación con el socio continental y aprobaba la nueva ubicación de los buques. La prensa francesa elogiaba los planes del Almirantazgo entendiendo sagazmente que reforzaban la confianza en el seno de la Entente en la medida que los gobernantes británicos decidían apoyarse en Francia en un tema tan sensible para ellos como la hegemonía en el mar. A nivel político el 14 de junio Poincaré se felicitó de que “La Entente Cordiale, en ausencia de pacto, tiene la garantía de una inmensa mayoría favorable de la opinión de ambos países (…) el debate de los problemas comunes y la búsqueda de soluciones mutuas en los problemas de política general”.
Entretanto, los principales dirigentes británicos concernidos viajaban a Malta. Asquith y Churchill aprovecharon para hacer un periplo turístico en yate por el sur de Italia y recalaron en su destino el 29 de mayo de 1912. Allí, en las pausas entre múltiples eventos y recepciones, dialogaron con Lord Kitchener, por aquella fechas cónsul-gobernador de Egipto y Sudán, y decidieron modificar ligeramente las disposiciones originales del Almirantazgo. Permanecerían basados en Malta 3 cruceros de batalla de la clase “Indomitable” y 4 cruceros acorazados de la clase “Devonshire”. El escuadrón de Gibraltar sería fuerte en 8 acorazados dreadnought. Kitchener recibió seguridades de Asquith y Churchill sobre un acuerdo con los franceses, basado en el reparto de funciones: ellos defenderían la costa atlántica francesa, y aquellos les respaldarían en el Mediterráneo. Para no herir susceptibilidades de los liberales radicales, la palabra alianza no se mencionaba. El paso siguiente, y mas enrevesado, sería justificar estas conclusiones ante el resto del gobierno, ante la oposición conservadora y ante las demás instancias militares.
El 15 de junio Churchill presentó un informe a los ministros en el cual enfatizaba la utilidad del apoyo francés en el Mediterráneo en caso de hostilidades, permitiendo la concentración propia en el mar del Norte. Pero no logró convencer a todo su auditorio. El anterior Lord del Almirantazgo, Reginald McKenna, dijo sin ambages que un aumento de los efectivos totales era la mejor solución, y en una airada sesión del gobierno el 19 de junio encontró aliados. Churchill desgranó cuidadosamente su teoría. Volvió a subrayar que los planes de Tirpitz dejarían a Inglaterra expuesta a un ataque por sorpresa. Pero admitió la indefensión del Mediterráneo en ese trance. Lo auténticamente deseable, dijo, sería un aumento en las construcciones de navíos de combate, pero las tasaba en un pesado presupuesto 20 millones de libras, y un programa semejante no estaría completado hasta 1916. Por tanto, se ratificaba en la conveniencia del acuerdo con Francia.
REGINALD MCKENNA
El 24 de junio McKenna refutó esta tesis, salvo la referida a la potenciación del programa de construcciones navales, que evitaría “ser conducidos por nuestra debilidad a una dependencia respecto a cualquier poder europeo”. Al día siguiente Churchill replicó cáusticamente señalando que una división de la flota sería una receta garantizada para un desastre en caso de confrontación, pero lo cierto es que McKenna había tocado la fibra sensible de los liberales radicales, muy susceptibles ante una alianza explícita con Francia más allá de los términos suscritos en 1904, y pidieron una “tercera opinión” al CID para el 4 de julio. El revuelo político aumentaba y el 2 de julio en la cámara de los Lores varios unionistas irlandeses como el Earl de Selborne ( otro antiguo Primer Lord del Almirantazgo ) censuraron la anunciada disminución de poder en el Mediterráneo y la subordinación respecto a Francia: “[no debemos] depender exclusiva o prácticamente en exclusiva de la lealtad, eficiencia o valor de cualquier aliado para la protección de nuestros intereses en el Mediterráneo”. Otro líder político, Lord Esher, relató crudamente lo que supondría la retirada: “Eso significaría la alianza con Francia (…) bajo la excusa de conversaciones (…) adiós al dominio del mar en la próximo conflicto (…) recurrir a la ayuda extranjera sucede cuando la decadencia se aproxima"
Arthur Nicolson se inclinaba cada vez más por la opción del incremento de la armada, a pesar de favorecer personalmente el entendimiento con Paris. El reputado liberal radical Lord Morley remachó: “ No a la alianza, con o sin máscara” y McKenna resumía estas prevenciones el 3 de julio, recordando que un acercamiento aún más estrecho implicaría “ una alianza con la obligación de luchar en una guerra que no sería nuestra (…) ¿ qué términos demandaría Francia de nosotros a condición de protegernos en el Mediterráneo?"
La reunión del CID el 4 de julio dilucidó la controversia, con la presencia de todas las estancias concernidas del gobierno londinense. A lo largo de una sesión de seis horas, polarizada por un cara a cara entre Churchill y McKenna se debatió sobre los efectivos idóneos para sostener la estrategia en los mares cruciales para los intereses de su país. Churchill exigía una ventaja del 60% sobre Alemania y un 10% sobre Austria en los escenarios del mar del Norte y el Mediterráneo. Conseguir estos márgenes conllevaría la incorporación de 6 nuevos dreadnoughts, pero con la asistencia francesa bastarían los cruceros de batalla para compensar una amenaza italoaustriaca. Insistía en que no defendía una alianza, sino que la redistribución se basaba en mantener estos principios: “debemos mantener una continua y adecuada superioridad en fuerza sobre los alemanes en el mar del Norte, y todos los demás objetivos valiosos deben, si fuera necesario, ser sacrificados para asegurar este fin”. Grey y sus asesores de exteriores matizaron recordando la conveniencia de respaldo naval para sostener la política británica ante las potencias del sur de Europa. Finalmente, el CID sentenció: “ debe haber siempre un razonable margen de fuerzas superior preparado y disponible en las aguas patrias. Este es el primer requisito. Subordinado a esto, debemos mantener, disponible para propósitos mediterráneos y estacionada en un puerto mediterráneo una flota de combate igual a cualquier combinación de poderes locales, exceptuando a Francia”
ROBERT BORDEN Y WINSTON CHURCHILL
En realidad, a pesar de las efusiones triunfantes de McKenna y Esher, la balanza se inclinaba claramente por considerar el mar del Norte como el área de prioridad del poder marítimo británico, tal y como defendía Churchill.
El gobierno debía concretar estas conclusiones ¿ como lo haría? Durante la reunión del gabinete el 15 y el 16 de julio el Primer Lord del Almirantazgo propuso la creación para 1915 de una escuadra de 8 acorazados o cruceros de batalla dreadnoughts. La baza que ostentaba para completar el programa constructivo eran sus contactos con el primer ministro canadiense, Sir Robert Borden. En las reuniones del CID Borden prometió una asistencia que podía llegar hasta los 3 dreadnoughts. Churchill seguía apostando por los cruceros de batalla para Malta ( aumentando su número hasta 4 ) acompañados por una escuadra de cruceros acorazados. McKenna seguía en sus trece exigiendo para Malta acorazados para neutralizar a los austriacos, y una presencia permanente, incluso en caso de lucha abierta en el mar del Norte. Pero la imposibilidad de que la expansión naval en curso concluyera antes de 1915 hizo al gabinete apoyar la opción de los cruceros de batalla para Malta
Como ya hemos comprobado, todas estas decisiones tenían una trascendencia estratégica más allá del mero despliegue naval. Suponía aprobar una alianza implícita con Francia, un reforzamiento de la Entente superando lo suscrito durante su fundación en 1904. Henry Wilson y Arthur Nicolson estaban encantados con el desenlace. Aunque las rectificaciones con los cruceros de batalla en Malta sería suficiente para lidiar con los austrohúngaros la ayuda francesa sería insustituible frente a una coordinación italoaustríaca.
El 16 de julio el consejo ministerial británico abrió la puerta a una cooperación naval con Francia “ que cada comunicación no fuera en perjuicio de la libertad de decisión del gobierno si debería cooperar o no en la eventualidad de conflicto” A pesar de la consabida coletilla de la “libertad de elección”, los liberales imperialistas habían subido varios peldaños en su esfuerzo de acercamiento militar a Francia. El pacto entre las diversas partes del espectro político inglés tenía su piedra de toque en un programa acelerado de fabricación de dreadnoughts. Con la asignación de un millón de libras extra se preveía la construcción hasta el año 1916 de 21 unidades pesadas, superando las 17 unidades calculadas en principio. Y no solo era una cuestión de cantidad. Una consecuencia del programa de reforzamiento fue la construcción de los formidables acorazados de la serie “Queen Elizabeth”, los buques mas potentes entre los dreadnoughts en servicio en el mundo en aquella época. Botados en 1912 y 1913 entraron en servicio antes de 1916. La serie constaba de 5 unidades, con un desplazamiento de 32.590 toneladas. Su diseño respondía a la necesidad de lograr una ventaja cualitativa sobre sus previsibles oponentes germanos. El sistema de propulsión sustituía el sistema mixto de carbón y fuel por un sistema de combustión exclusiva de fuel, capaz de superar los 25 nudos de velocidad, sin maquinaria extra. En definitiva, una escuadra rápida y bien protegida, capaz de coordinarse con los fulgurantes cruceros de batalla.
Aunque los principales lamentos por la sangría en el presupuesto nacional que supondría tantos dreadnought surgieron precisamente en la prensa liberal afín a Downing Street, su inquilino y sus colaboradores inmediatos habían conseguido, frente a las obstáculos levantados por liberales radicales y unionistas, su intención primordial: fortalecer la Entente y convertir a Alemania en el enemigo número uno en la planificación militar británica.
FUENTES
“How the First World War began” Edward E. McCullough 1999
“British dreadnought versus German Dreadnought” Mark Stille 2010
“ The politics of grand strategy: Britain and France prepare for war 1904-1914” Samuel R. Williamson 1990
" German battleships 1914-18 ( II ) " Gary Staff 2009
Consultas diversas en internet sobre las biografías de las personalidades citadas en el texto
Uno de esos acontecimientos fue el replanteamiento de la estrategia de la Royal Navy para el caso de un conflicto generalizado con la Triple Alianza.
La enmienda de la ley naval alemana permitía un incremento de dos a tres buques de línea encargados por año hasta 1919, con una inversión de 348 millones de marcos, aunque finalmente se estimó que en realidad serían dos y tres en años alternos, rebajando el desembolso a 250 millones de marcos. En consecuencia el presupuesto de 1913 ya contemplaría los fondos para los dos primeros y potentes acorazados de 32.200 toneladas de la clase “Bayern”. El 31 de enero de 1912 Winston Churchill, flamante y joven Primer Lord del Almirantazgo señaló que el previsible incremento de la escuadra alemana le obligaría a traer de regreso a casa a los buques de combate destacados en el Mediterráneo. Esa decisión exigiría, ni más ni menos, confiar en el apoyo francés en aquellas aguas, hasta el punto de sacrificar la sacrosanta autonomía británica en materia naval. Un reconocimiento práctico de que los recursos propios eran insuficientes para sostener el predominio en los océanos que Gran Bretaña había ostentado indiscutiblemente desde 1805. El retorno de Lord Haldane con una copia pormenorizada de la ley naval alemana aceleró las decisiones sobre la redistribución de la flota inglesa.
EL ALMIRANTE TROUBRIDGE
Sin consultar al Comité de Defensa Imperial ( CID ), Churchill y su equipo estudiaban los ajustes necesarios. El 2 de febrero de 1912 el almirante E. Troubridge, secretario del Primer Lord del Almirantazgo, elevó un informe mencionando las repercusiones de la retirada de los 6 dreadnought estacionados en el Mediterráneo: se perdería capacidad de presión sobre Italia, comprometería los intereses comerciales, desestabilizaría el punto clave de Egipto, y sería un revés diplomático. Y para colmo se calculaba que hacia 1915 serían precisos nada menos que 12 dreadnoughts para tareas defensivas en dicho mar, a juzgar por los trabajos en curso en los astilleros italianos y austro-húngaros. Pero Troubridge pensaba que el dominio en el mar del Norte era crucial, por encima de otras consideraciones, puesto que la rivalidad con Alemania alcanzaba su punto álgido: “ la situación entre Gran Bretaña y Alemania y sus aliados es a todos los efectos un estado de guerra sin violencia presente”.
Churchill y el reputado almirante Fisher veían a Francia como el socio que podría hacerse cargo de la seguridad de los intereses británicos en el Mediterráneo. Estos planes elaborados en exclusiva por el Almirantazgo fueron conocidos públicamente por primera vez durante la sesión del 18 de marzo de 1912 en la cámara de los Comunes, cuando Churchill en persona los mencionó. Las conversaciones postreras de la misión Haldane no se habían roto definitivamente, pero las perspectivas eran ya claramente pesimistas. Según explicó Churchill, el aumento del poderío naval teutón solo dejaba una elección: concentrar la Royal Navy en las aguas metropolitanas. A partir de ese instante la denominada Primera Flota sería la espina dorsal del despliegue británico. Constaría de cuatro escuadrones de 8 acorazados modernos y un buque insignia cada uno. La complementarían las llamadas Segunda y Tercera Flota, engrosadas por unidades acorazadas anticuadas.
¿ De dónde saldrían los componentes de la Primera Flota? Tres de sus escuadrones procederían de las antiguas flotas del Atlántico y Nacional. La cuarta provendría del Mediterráneo, aunque no estaría estrictamente ubicada en puertos británicos, sino en Gibraltar. Desde esa estratégica posición podría continuar interviniendo en el Mare Nostrum pero Churchill especificó que sus movimientos siempre estarían regidos por el criterio principal: la vigilancia sobre la flota alemana.
Poco después una circular del Almirantazgo, el 1 de mayo, implementó las instrucciones del nuevo ordenamiento. Inicialmente la trascendencia y alcance de las medidas pasaron un tanto desapercibidas tanto a los círculos administrativos, prensa y opinión pública, distraídos por los últimos estertores de las negociaciones angloalemanas y la catástrofe del “Titanic”. Ni siquiera en Paris parecían darse por aludidos por el enorme voto de confianza que les estaba otorgando el Almirantazgo británico
LORD HALDANE
Sin embargo el fracaso definitivo de la distensión propuesta por Haldane a mediados de abril puso en primer plano las discusiones sobre los pasos a seguir ante el nuevo panorama estratégico que se vislumbraba.. Churchill entendió rápidamente la conveniencia de hacer copartícipes de sus planes a otras instancias oficiales y a final de mes preparó, tras consultar al primer ministro Asquith, una reunión del CID en Malta. Desde ese instante los planes de reubicación de la armada fueron motivo de una encendida controversia. Asquith solicitó al CID el 29 de abril “ que considerase los efectos de las nuevas disposiciones navales en el Mediterráneo y demás lugares (…) y el grado de relación a buscar sobre la cooperación de la flota francesa”. Churchill alegó ante cualquiera que le prestara oídos que sus disposiciones eran la única respuesta lógica al desafío alemán. Sobre el particular le describió la retirada mediterránea a Haldane el 6 de mayo “como el primer paso consecuente para una guerra con Alemania y todos nosotros estamos conciliando las disposiciones de paz con las necesidades de la guerra. Sería una locura perder Inglaterra para salvaguardar Egipto”.
Otro argumento más técnico, esgrimido por el Almirantazgo hacía hincapié en la idoneidad de los polémicos cruceros de batalla como fuerza de sustitución en Malta en tanto fueran convenientemente respaldados por unidades sutiles ( cruceros acorazados, destructores y submarinos ). Y aún más, como quien no quiere la cosa, los lores deslizaban que otra posible solución en caso de que las dudas persistieran sería aumentar el tamaño de toda la marina militar “ 10 dreadnought más botados en 1912-13, o 4, junto con la adición de 6 buques de combate construidos o en proyecto en astilleros ingleses para potencias extranjeras, harían segura la posición británica en aguas propias y mediterráneas a partir de 1915 sin recurrir a apoyo foráneo”. Pero el coste estimado de tres millones de libras ejercía un poderoso efecto disuasorio.
Entretanto Churchill seguía vendiendo su proyecto. De nuevo con Haldane como interlocutor, afirmaba: “ Si [Francia] es nuestro socio, no sufriremos. Si no lo es, sufriremos. Pero si ganamos el gran envite en el escenario decisivo, podremos poner toda la carne en el asador. Haga lo que haga Francia, mi consejo es el mismo, y es la primera de todas las leyes de la guerra concentrar la fuerza en el punto clave” A pesar del creciente debate el Almirantazgo se ratificaba en su decisión operativa inicial. Pero la polémica seguía aumentando. Haldane criticó la retirada señalando que entorpecería el tránsito de tropas coloniales, e informes del Estado Mayor recordaban que Chipre, Malta y Suez quedarían expuestos a las apetencias de Austria, Italia y Turquía.
En estos juegos de tira y afloja influía una destacada camarilla burocrática integrada por John French, recientemente nombrado jefe del Estado Mayor Imperial, y el general Henry Wilson, desde 1910 director de operaciones militares del departamento de la Guerra. Ambos presionaban por una alianza declarada con Francia. A ellos se les unirían en el ministerio de exteriores el subsecretario Arthur Nicolson y Eyre Crowe, fervorosos profranceses y antialemanes, especialmente desde la 2ª crisis marroquí del año anterior. Por ejemplo, Crowe distribuyó otro de sus bombásticos memorandums pronosticando toda clase de calamidades si se persistía en la evacuación de la escuadra mediterránea: mayor fidelidad de Italia a la Triple Alianza, España se orientaría hacia Berlin, la dependencia turca respecto a los deseos alemanes aumentaría, y Egipto estaría amenazado. Y todo esas negras perspectivas quedarían solventadas con el concurso de la marina francesa. Haldane era reluctante a esa opción de acuerdo explícito con Paris. Pensaba que impulsaría a Turquía a los brazos de Berlín, y además implicaría contraer obligaciones. Y no era el único que desconfiaba en elegir esa salida. Grey se oponía a las demandas de una “alianza defensiva” con Paris. Aunque alarmado por la situación en el Mediterráneo, opinaba que una vinculación demasiado estrecha con el vecino meridional rompería el inestable equilibrio dentro del gobierno británico. En declaraciones al “Westminster Gazette” se pronunciaba “ La condición para mantener las manos libres es que proporcionemos a nuestra flota el nivel necesario de vigor. Sin él, inevitablemente nos volveremos dependientes de nuestros vecinos y a merced de sus combinaciones y alianzas”. Como Haldane, Grey pensaba que el aumento de efectivos absolutos de la Royal Navy era la mejor solución a los crecientes problemas estratégicos del imperio británico
ARTHUR NICOLSON
Enterado del aumento de las suspicacias, Churchill estableció nuevas rondas de conversaciones con Asquith, mencionando que las nuevas disposiciones navales podían ser canceladas o al menos modificadas. Asquith debía considerar también la parte de la ecuación vinculada con la Entente. Esas variables eran las sospechas francesas por el futuro de las relaciones bilaterales y el deseo de abrir negociaciones sobre cuestiones navales con Londres. Algunos gestos apaciguadores de Asquith hacia Alemania en la sesión del 30 de abril en los Comunes revivieron los temores galos. Grey tuvo que garantizarle al embajador francés, Paul Cambon, que las negociaciones con Berlín estaban definitivamente rotas y que en el futuro solo se debatirían cuestiones coloniales. A mediados de mayo Haldane se dirigió a la cámara de los Lores proclamando que el país estaba libre de alianzas continentales, lo que inquietó al presidente francés Poincaré, que hizo público su enojo. Grey tuvo que actuar de nuevo como cortafuegos y dio garantías firmes sobre el futuro de la Entente por conducto diplomático. Los franceses entendieron el recado y se dieron cuenta de que era mejor enmudecer para no viciar el debate en el Parlamento británico. Pero sus maniobras, eso si, menos estridentes, no cesaron. Trataron de crear un conducto extra de relaciones apelando al reparto de tareas costeras, en el cual la flota británica “cuidase del canal de la Mancha y el litoral norte de Francia, mientras con una escuadra renovada tomaba a su cargo el Mediterráneo”, con el pretexto de que Inglaterra se hiciese partícipe del acuerdo naval francorruso renovado recientemente.
De todos modos Asquith y Nicolson preferían mantener una pizca de ambigüedad, y se escudaban en las reticencias del gabinete para no admitir esa colaboración. Churchill también consideraba preceptiva la aprobación del gabinete, pero fiel a su estilo astuto quería se retrasara el sometimiento de la cuestión hasta después de la cita de Malta. En pocas palabras, poniendo así a los liberales radicales ante un hecho consumado que no tuvieran más remedio que tragar. A Grey se le encargó explicar al resto de sus compañeros de gobierno el giro de los acontecimientos y la posibilidad de un entendimiento naval anglofrancés. En suma aceptar otro paso más en la consolidación de la Entente.
A nivel mediático, las principales cabeceras de la prensa fueron definiendo sus líneas editoriales al respecto. El “Westminster Gazette” sostenía que lo más práctico era invertir más en la flota, y así mantener el ascendiente sobre el Mediterráneo, con lo que Inglaterra seguiría siendo dueña de su propio destino. El “Times”, aparentemente reluctante a una alianza formal con Francia, aplaudía en cambio el aumento de la coordinación con el socio continental y aprobaba la nueva ubicación de los buques. La prensa francesa elogiaba los planes del Almirantazgo entendiendo sagazmente que reforzaban la confianza en el seno de la Entente en la medida que los gobernantes británicos decidían apoyarse en Francia en un tema tan sensible para ellos como la hegemonía en el mar. A nivel político el 14 de junio Poincaré se felicitó de que “La Entente Cordiale, en ausencia de pacto, tiene la garantía de una inmensa mayoría favorable de la opinión de ambos países (…) el debate de los problemas comunes y la búsqueda de soluciones mutuas en los problemas de política general”.
Entretanto, los principales dirigentes británicos concernidos viajaban a Malta. Asquith y Churchill aprovecharon para hacer un periplo turístico en yate por el sur de Italia y recalaron en su destino el 29 de mayo de 1912. Allí, en las pausas entre múltiples eventos y recepciones, dialogaron con Lord Kitchener, por aquella fechas cónsul-gobernador de Egipto y Sudán, y decidieron modificar ligeramente las disposiciones originales del Almirantazgo. Permanecerían basados en Malta 3 cruceros de batalla de la clase “Indomitable” y 4 cruceros acorazados de la clase “Devonshire”. El escuadrón de Gibraltar sería fuerte en 8 acorazados dreadnought. Kitchener recibió seguridades de Asquith y Churchill sobre un acuerdo con los franceses, basado en el reparto de funciones: ellos defenderían la costa atlántica francesa, y aquellos les respaldarían en el Mediterráneo. Para no herir susceptibilidades de los liberales radicales, la palabra alianza no se mencionaba. El paso siguiente, y mas enrevesado, sería justificar estas conclusiones ante el resto del gobierno, ante la oposición conservadora y ante las demás instancias militares.
El 15 de junio Churchill presentó un informe a los ministros en el cual enfatizaba la utilidad del apoyo francés en el Mediterráneo en caso de hostilidades, permitiendo la concentración propia en el mar del Norte. Pero no logró convencer a todo su auditorio. El anterior Lord del Almirantazgo, Reginald McKenna, dijo sin ambages que un aumento de los efectivos totales era la mejor solución, y en una airada sesión del gobierno el 19 de junio encontró aliados. Churchill desgranó cuidadosamente su teoría. Volvió a subrayar que los planes de Tirpitz dejarían a Inglaterra expuesta a un ataque por sorpresa. Pero admitió la indefensión del Mediterráneo en ese trance. Lo auténticamente deseable, dijo, sería un aumento en las construcciones de navíos de combate, pero las tasaba en un pesado presupuesto 20 millones de libras, y un programa semejante no estaría completado hasta 1916. Por tanto, se ratificaba en la conveniencia del acuerdo con Francia.
REGINALD MCKENNA
El 24 de junio McKenna refutó esta tesis, salvo la referida a la potenciación del programa de construcciones navales, que evitaría “ser conducidos por nuestra debilidad a una dependencia respecto a cualquier poder europeo”. Al día siguiente Churchill replicó cáusticamente señalando que una división de la flota sería una receta garantizada para un desastre en caso de confrontación, pero lo cierto es que McKenna había tocado la fibra sensible de los liberales radicales, muy susceptibles ante una alianza explícita con Francia más allá de los términos suscritos en 1904, y pidieron una “tercera opinión” al CID para el 4 de julio. El revuelo político aumentaba y el 2 de julio en la cámara de los Lores varios unionistas irlandeses como el Earl de Selborne ( otro antiguo Primer Lord del Almirantazgo ) censuraron la anunciada disminución de poder en el Mediterráneo y la subordinación respecto a Francia: “[no debemos] depender exclusiva o prácticamente en exclusiva de la lealtad, eficiencia o valor de cualquier aliado para la protección de nuestros intereses en el Mediterráneo”. Otro líder político, Lord Esher, relató crudamente lo que supondría la retirada: “Eso significaría la alianza con Francia (…) bajo la excusa de conversaciones (…) adiós al dominio del mar en la próximo conflicto (…) recurrir a la ayuda extranjera sucede cuando la decadencia se aproxima"
Arthur Nicolson se inclinaba cada vez más por la opción del incremento de la armada, a pesar de favorecer personalmente el entendimiento con Paris. El reputado liberal radical Lord Morley remachó: “ No a la alianza, con o sin máscara” y McKenna resumía estas prevenciones el 3 de julio, recordando que un acercamiento aún más estrecho implicaría “ una alianza con la obligación de luchar en una guerra que no sería nuestra (…) ¿ qué términos demandaría Francia de nosotros a condición de protegernos en el Mediterráneo?"
La reunión del CID el 4 de julio dilucidó la controversia, con la presencia de todas las estancias concernidas del gobierno londinense. A lo largo de una sesión de seis horas, polarizada por un cara a cara entre Churchill y McKenna se debatió sobre los efectivos idóneos para sostener la estrategia en los mares cruciales para los intereses de su país. Churchill exigía una ventaja del 60% sobre Alemania y un 10% sobre Austria en los escenarios del mar del Norte y el Mediterráneo. Conseguir estos márgenes conllevaría la incorporación de 6 nuevos dreadnoughts, pero con la asistencia francesa bastarían los cruceros de batalla para compensar una amenaza italoaustriaca. Insistía en que no defendía una alianza, sino que la redistribución se basaba en mantener estos principios: “debemos mantener una continua y adecuada superioridad en fuerza sobre los alemanes en el mar del Norte, y todos los demás objetivos valiosos deben, si fuera necesario, ser sacrificados para asegurar este fin”. Grey y sus asesores de exteriores matizaron recordando la conveniencia de respaldo naval para sostener la política británica ante las potencias del sur de Europa. Finalmente, el CID sentenció: “ debe haber siempre un razonable margen de fuerzas superior preparado y disponible en las aguas patrias. Este es el primer requisito. Subordinado a esto, debemos mantener, disponible para propósitos mediterráneos y estacionada en un puerto mediterráneo una flota de combate igual a cualquier combinación de poderes locales, exceptuando a Francia”
ROBERT BORDEN Y WINSTON CHURCHILL
En realidad, a pesar de las efusiones triunfantes de McKenna y Esher, la balanza se inclinaba claramente por considerar el mar del Norte como el área de prioridad del poder marítimo británico, tal y como defendía Churchill.
El gobierno debía concretar estas conclusiones ¿ como lo haría? Durante la reunión del gabinete el 15 y el 16 de julio el Primer Lord del Almirantazgo propuso la creación para 1915 de una escuadra de 8 acorazados o cruceros de batalla dreadnoughts. La baza que ostentaba para completar el programa constructivo eran sus contactos con el primer ministro canadiense, Sir Robert Borden. En las reuniones del CID Borden prometió una asistencia que podía llegar hasta los 3 dreadnoughts. Churchill seguía apostando por los cruceros de batalla para Malta ( aumentando su número hasta 4 ) acompañados por una escuadra de cruceros acorazados. McKenna seguía en sus trece exigiendo para Malta acorazados para neutralizar a los austriacos, y una presencia permanente, incluso en caso de lucha abierta en el mar del Norte. Pero la imposibilidad de que la expansión naval en curso concluyera antes de 1915 hizo al gabinete apoyar la opción de los cruceros de batalla para Malta
Como ya hemos comprobado, todas estas decisiones tenían una trascendencia estratégica más allá del mero despliegue naval. Suponía aprobar una alianza implícita con Francia, un reforzamiento de la Entente superando lo suscrito durante su fundación en 1904. Henry Wilson y Arthur Nicolson estaban encantados con el desenlace. Aunque las rectificaciones con los cruceros de batalla en Malta sería suficiente para lidiar con los austrohúngaros la ayuda francesa sería insustituible frente a una coordinación italoaustríaca.
El 16 de julio el consejo ministerial británico abrió la puerta a una cooperación naval con Francia “ que cada comunicación no fuera en perjuicio de la libertad de decisión del gobierno si debería cooperar o no en la eventualidad de conflicto” A pesar de la consabida coletilla de la “libertad de elección”, los liberales imperialistas habían subido varios peldaños en su esfuerzo de acercamiento militar a Francia. El pacto entre las diversas partes del espectro político inglés tenía su piedra de toque en un programa acelerado de fabricación de dreadnoughts. Con la asignación de un millón de libras extra se preveía la construcción hasta el año 1916 de 21 unidades pesadas, superando las 17 unidades calculadas en principio. Y no solo era una cuestión de cantidad. Una consecuencia del programa de reforzamiento fue la construcción de los formidables acorazados de la serie “Queen Elizabeth”, los buques mas potentes entre los dreadnoughts en servicio en el mundo en aquella época. Botados en 1912 y 1913 entraron en servicio antes de 1916. La serie constaba de 5 unidades, con un desplazamiento de 32.590 toneladas. Su diseño respondía a la necesidad de lograr una ventaja cualitativa sobre sus previsibles oponentes germanos. El sistema de propulsión sustituía el sistema mixto de carbón y fuel por un sistema de combustión exclusiva de fuel, capaz de superar los 25 nudos de velocidad, sin maquinaria extra. En definitiva, una escuadra rápida y bien protegida, capaz de coordinarse con los fulgurantes cruceros de batalla.
Aunque los principales lamentos por la sangría en el presupuesto nacional que supondría tantos dreadnought surgieron precisamente en la prensa liberal afín a Downing Street, su inquilino y sus colaboradores inmediatos habían conseguido, frente a las obstáculos levantados por liberales radicales y unionistas, su intención primordial: fortalecer la Entente y convertir a Alemania en el enemigo número uno en la planificación militar británica.
FUENTES
“How the First World War began” Edward E. McCullough 1999
“British dreadnought versus German Dreadnought” Mark Stille 2010
“ The politics of grand strategy: Britain and France prepare for war 1904-1914” Samuel R. Williamson 1990
" German battleships 1914-18 ( II ) " Gary Staff 2009
Consultas diversas en internet sobre las biografías de las personalidades citadas en el texto
23.9.11
TRADUCCIÓN: "REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA MUNDIAL" DE BETHMANN-HOLLWEG. CAPÍTULO: "El estallido de la guerra"
La literatura política de nuestros enemigos se ocupó largo y tendido antes de la guerra sobre el destino de Austria-Hungría. Discutían públicamente sobre si el imperio de los Habsburgo debería ser deshecho o si sería preservado. Que la muerte de el emperador Francisco José sería un día fatídico para la monarquía era un axioma manejado por otros aparte de nuestros enemigos. En Alemania había vivas discusiones sobre lo que seguiría, y los escritores, especialmente las plumas pangermanas, discutían ambiciosos esquemas para dividir ese estado sin preguntarse por los posibles efectos que esto podría conllevar.
Antes de la conclusión de la Entente Cordiale muchas voces habían estado declarándose en Francia a favor de alejar a Austria-Hungría de la Triple Alianza y de atraerla al campo francorruso. Con este fin en mente efectuaron en Viena muchas jugadas ingeniosas explotando las indiscreciones y los sentimientos de determinados círculos allí que no podían olvidar Koninggratz. Si la Triple Alianza se hubiera roto, entonces la puerta habría sido cerrada a cal y canto contra el muy discutido avance de Alemania en el Este. Y como los austriacos y los eslavos de los Balcanes interiorizaban más y mas de las tesis políticas del occidente, las ideas autonomistas brotaron de nuevo. Estas ideas cobraron forma definitiva con el establecimiento de la Triple Entente.
El principio general de la Entente era el apoyo a toda costa de los elementos eslavos de la monarquía del Danubio. Los checos eran los agitadores más abiertos para desembarazarse, del estado y los eslavos del sur estaban en perpetuo fermento.
Todas estas demandas impulsadas por estas fuerzas centrífugas no solamente dislocaron la solidaridad de la federación austrohúngara sino que también minaron toda la posición de las Potencias Centrales. Era un natural y necesario complemento de la política de la Entente el apoyo recurrente a los estados eslavos de los Balcanes que tenían un interés en la destrucción de la monarquía del Danubio.
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Y con todo esto la posición de los eslavos en la monarquía no era en absoluto pobre. Es bien conocido que el círculo del Heredero austríaco estaba ocupado en planes para la reconstrucción del mecanismo del estado que permitiría el libre desenvolvimiento de su constituyente eslavo. Es verdad que estos planes asumían que la monarquía estaba dispuesta a desplegar suficiente vitalidad para rellamar a las poblaciones eslavas en su lealtad al estado austríaco. Y era esto lo que la propaganda paneslava y panservia trataba de prevenir. El Heredero austríaco se había convertido en odioso para muchos. Se consideraba que el sería lo suficientemente fuerte para sujetar las varias fuerzas divergentes otra vez. Pero esto, de nuevo, trajo a colación el conflicto primario entre eslavos y alemanes.
Probablemente la comunidad de intereses económicos podría en el transcurso del tiempo, con mano cuidadosa, haber eliminado un conflicto racial que retraía a un rudo pasado. Pero el nacionalismo de los eslavos austríacos y sus cercanas relaciones en los Balcanes permanecían dominantes, y fueron conducidas a la hostilidad contra Alemania porque Rusia deseaba reclutarlos para su política de anulación de Austria en interés de su propia expansión, mientras que Francia e Inglaterra vieron en ellos un poderoso instrumento para debilitar a Alemania desintegrando a su aliado.
Finalmente el 28 de junio se produjo el asesinato del Archiduque Fernando en Sarajevo. Las bombas usadas por los asesinos habían sido traídas a Bosnia con la connivencia de oficiales y ayudantes servios, y los asesinos mismos disfrutaron de la aprobación de la asociación Narodna Odbrana, apoyada por el gobierno servio y que trabajaba para la secesión de las provincias servias de Austria-Hungría. Este crimen fue la sangrienta señal de que la Gran Servia creía que su hora había llegado. Pero la hora fatal de la monarquía Habsburgo había también sonado. Si aguantaba pasivamente este atentado al prestigio de su status, entonces su disolución final no podría ser largamente retrasada. Si, por la otra parte, tomaba la determinación de traer a los agitadores panservios a su sano juicio, y si ninguna tercera parte interfería o impedía esto, entonces una conflagración se habría extinguido puesto que el ataque no habría sido solo contra la casa de Austria sino contra el conjunto de la convivencia de la sociedad europea. En el mismo instante que alguno de los miembros de la Entente se opuso a este postrero esfuerzo de Austria-Hungria de preservar su integridad, en ese momento el problema de Austria-Hungría pasaba de la región de la especulación abstracta a la de las decisiones que alterarían la historia del mundo.
Era decisión de Rusia. La política rusa de nuevo tuvo en sus manos encontrar una solución pacífica del tema servio. M Sassonow admitió en conversaciones con el conde Portales que el gobierno servio había merecido una lección, y una palabra de San Petersburgo habría servido para inducir a los servios a garantizar todas las satisfacciones que habrían contentado a Austria, y habría traído un modus vivendi. La paz europea dependía de si los que detentaban el poder en Rusia, la cual, de acuerdo con la antigua fórmula paneslava requería no solamente la protección de los estados balcánicos sino por añadidura el patronazgo de la población eslava de Austria. Pero nosotros sabemos hoy que una ruptura de la paz en Europa era justo lo que M. Sassonow tenía en mente porque el quería Constantinopla y por tanto una guerra europea. Esto, y solo esto, explica todas y cada una de las acciones de la política rusa en julio de 1914. Incluso si Sassonow sintió alguna aflicción al contemplar que el sendero de la guerra crecía a ojos vista, al proponer el camino para quienes habían sido “el objetivo de los calculados trabajos de su ministerio”, nada menos que la guerra fue lo que él causó.
Personalmente, él había estado escorado más y más a favor del ideal paneslavo. Aunque estaba convenientemente versado en la cultura occidental, pudo ser arrastrado por la idea de la Santa Rusia como la grande, todopoderosa, todo protectora madre de los pueblos eslavos. Por esta razón no podía resistir efectivamente la violenta presión ejercida sobre él para asentar la autoridad eslava en todas las ocasiones a toda costa. Pero hubo más que esto. Tanto los consejeros militares como civiles habían exitosamente persuadido al Zar en estos críticos días que el podría solamente salvar la corona y el imperio si el podía desviar hacia las pasiones bélicas el creciente descontento en su país, debido tanto a la excitación paneslavista o el resentimiento socialista. Similares sugerencias ( la experiencia de la guerra así lo demuestra ) pueden haber aparecido por doquier en ambientes y personas irresponsables. Pero en Rusia estas personas ocupaban lugares de la máxima autoridad. Y los que les influenciaban eran adherentes entusiastas de la adquisición de Constantinopla. Fue a estos halcones a los que Sassonow dio la mano cuando decidió consultarlos en la conferencia del 21 de febrero, por la que Rusia debía apoderarse de los estrechos, y podía hacerlo solamente a costa de una guerra europea.
A decir verdad no hubo necesidad para la apelación del príncipe heredero servio a el generoso corazón del zar. Cuando el 24 de julio, imploró al zar” que acuda con toda velocidad en ayuda de Servia” Sassonov había decidido ya la réplica. El mismo día un consejo de ministros ruso resolvió dar apoyo militar a Servia. Al día siguiente las ordenes necesarias fueron obtenidas del zar, y Sassonow estaba ya intentando en la embajada francesa asegurarse por si mismo el apoyo británico. Buchanan ha informado sobre esta entrevista muy extensamente y registra una declaración se Sassonow por la que Rusia no se apresuraría a la guerra si podía confiar en Francia. Esta condición debe ser leída en sentido estrictamente diplomático. Porque Sassonow sabía suficientemente bien que cuando el dijo esto a Sir G. Buchanan, Poincare, que en fecha tan temprana como 1912 “ había contemplado la guerra sin temor” ciertamente cooperaría. El solamente quería saber lo que Inglaterra pensaba, porque no podía hacer la guerra en contra de la voluntad de Inglaterra. Gran Bretaña, aliada como estaba con Japón , tenía ciertamente recursos suficientes para forzar a Rusia a renunciar a todo pensamiento de guerra. M. Sassonow solamente se aventuraría a abrir al completo la puerta de la guerra cuya cerradura ya había forzado, previendo que podría contar con una Inglaterra en armas ocupando su puesto en la mortal contienda. Todo dependía de la actitud de Inglaterra ¿ Y que hizo Inglaterra ?
La clara posibilidad de la guerra , por supuesto, aparecida ante E. Grey, había evocado del estadista inglés fuertes expresiones de aborrecimiento. Reconoció que desde un punto de vista inglés la disputa austro-servia no requería un tratamiento internacional. Si el ultimátum a Servia no conducía a una colisión entre Austria y Rusia, Inglaterra no tendría motivo para involucrarse. No hizo nada para localizar el conflicto. Desde el principio asumió como natural que Rusia intervendría, y contaba con esto. Tan pronto como Rusia hizo propia la causa de Servia el lo aceptó. Y no solo eso. No solamente fracasó en utilizar un lenguaje fuerte en San Petersburgo, que todavía podría haber sido eficaz, sino, al contrario, el prácticamente dio a entender al gabinete ruso que no deseaba usar ese lenguaje. Le dijo al príncipe Lichnowsky el 24 de julio que sentía que en vista del formato del ultimátum austríaco el era impotente para ejercer una influencia restrictiva sobre Rusia. El estadista inglés hasta pensó que era necesario informar a Paul Cambon previamente de su intención de hacer esta comunicación al embajador alemán ¿ imaginó Grey que Cambon encerraría esta interesante comunicación en el secreto de su corazón?
¿ No sabía perfectamente bien que su colega ruso sacaría beneficio de ello inmediatamente? Y eso era todo lo que Sassonow quería saber.
En atención a los servios, Grey llevó su no intervención tan lejos como para instruir al encargado de asuntos en Belgrado que , mientras recomendaba a los servios hacer concesiones en ciertos puntos formales, el debía por otro lado que debían responder como estimasen mejor para los intereses de Servia. El sacerdote pítico no dio un respuesta más halagüeña a Creso. Pero el 27 de julio claramente libró a las autoridades de San Petersburgo de sus últimas dudas. Ese día Grey informó al embajador ruso que la impresión de que Inglaterra en cualquier caso permanecería al margen debía ser modificada. El 1º escuadrón naval había sido instruido para no dispersarse tras las maniobras. Eso fue un estímulo bastante fuerte. Al mismo tiempo, Grey informó al embajador austríaco de la concentración del escuadrón, y añadió que Inglaterra no podía dispersar sus fuerzas en vista de la posibilidad de una guerra. Esto constituía ciertamente una tajante amenaza, aunque Grey negara que lo fuera. Aún debió haber otros datos que garantizaron a Rusia de cualquier resto de duda respecto a la actitud de Inglaterra. El muy citado despacho del embajador belga en San Petersburgo. M de l´Escaille escribe el 30 de julio: "Hoy cualquiera esta firmemente convencido en San Petersburgo que Inglaterra apostará por Francia. Este apoyo es un factor de primera importancia y ha contribuido considerablemente a dar al partido belicista las cartas ganadoras"; y el mismo día el corresponsal de Reuter en San Petersburgo envió el muy polémico telegrama a Londres comentando la poderosa impresion que había causado el periplo de la flota británica desde Portland. Esto, en combinación con las garantías pacíficas otorgadas por Japón , confirmaron sobradamente la firme decisión de Rusia de arrojarse al arbitrio de la guerra. Esto lo causo Sir E. Grey con su propia estulticia, y de paso acabó con nuestras tentativas de mediación.
En el prefacio de nuestro Libro Blanco esta recogido que Inglaterra trabajaría "hombro con hombro" con nosotros en pos de la causa de la paz. Nuestro entonces imperfecto conocimiento de la actitud inglesa permitieron esta conclusión, que ha sido desde entonces explotada por los periodistas ingleses como un reconocimiento alemán del pacifismo inglés. Pero si desearamos hoy mantener este punto de vista nosotros seríamos refutados por las publicaciones oficiales de nuestros opnentes mismos, que han arrojado suficiente luz sobre la postura de Londres en el preludio diplomático de la contienda.
¿ Fueron nuestras tentativas de mediación esencialmente sin esperanza? Cuando la crísis estaba en su fase aguda tuvimos éxito en atraer a Viena a declarar expresamente que no permanecería ni reclamaría una pulgada de suelo servio, que no reduciría la soberanía de Servia, y solamente se proponía una temporal ocupación militar del territorio servio.
Antes de la conclusión de la Entente Cordiale muchas voces habían estado declarándose en Francia a favor de alejar a Austria-Hungría de la Triple Alianza y de atraerla al campo francorruso. Con este fin en mente efectuaron en Viena muchas jugadas ingeniosas explotando las indiscreciones y los sentimientos de determinados círculos allí que no podían olvidar Koninggratz. Si la Triple Alianza se hubiera roto, entonces la puerta habría sido cerrada a cal y canto contra el muy discutido avance de Alemania en el Este. Y como los austriacos y los eslavos de los Balcanes interiorizaban más y mas de las tesis políticas del occidente, las ideas autonomistas brotaron de nuevo. Estas ideas cobraron forma definitiva con el establecimiento de la Triple Entente.
El principio general de la Entente era el apoyo a toda costa de los elementos eslavos de la monarquía del Danubio. Los checos eran los agitadores más abiertos para desembarazarse, del estado y los eslavos del sur estaban en perpetuo fermento.
Todas estas demandas impulsadas por estas fuerzas centrífugas no solamente dislocaron la solidaridad de la federación austrohúngara sino que también minaron toda la posición de las Potencias Centrales. Era un natural y necesario complemento de la política de la Entente el apoyo recurrente a los estados eslavos de los Balcanes que tenían un interés en la destrucción de la monarquía del Danubio.
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Y con todo esto la posición de los eslavos en la monarquía no era en absoluto pobre. Es bien conocido que el círculo del Heredero austríaco estaba ocupado en planes para la reconstrucción del mecanismo del estado que permitiría el libre desenvolvimiento de su constituyente eslavo. Es verdad que estos planes asumían que la monarquía estaba dispuesta a desplegar suficiente vitalidad para rellamar a las poblaciones eslavas en su lealtad al estado austríaco. Y era esto lo que la propaganda paneslava y panservia trataba de prevenir. El Heredero austríaco se había convertido en odioso para muchos. Se consideraba que el sería lo suficientemente fuerte para sujetar las varias fuerzas divergentes otra vez. Pero esto, de nuevo, trajo a colación el conflicto primario entre eslavos y alemanes.
Probablemente la comunidad de intereses económicos podría en el transcurso del tiempo, con mano cuidadosa, haber eliminado un conflicto racial que retraía a un rudo pasado. Pero el nacionalismo de los eslavos austríacos y sus cercanas relaciones en los Balcanes permanecían dominantes, y fueron conducidas a la hostilidad contra Alemania porque Rusia deseaba reclutarlos para su política de anulación de Austria en interés de su propia expansión, mientras que Francia e Inglaterra vieron en ellos un poderoso instrumento para debilitar a Alemania desintegrando a su aliado.
Finalmente el 28 de junio se produjo el asesinato del Archiduque Fernando en Sarajevo. Las bombas usadas por los asesinos habían sido traídas a Bosnia con la connivencia de oficiales y ayudantes servios, y los asesinos mismos disfrutaron de la aprobación de la asociación Narodna Odbrana, apoyada por el gobierno servio y que trabajaba para la secesión de las provincias servias de Austria-Hungría. Este crimen fue la sangrienta señal de que la Gran Servia creía que su hora había llegado. Pero la hora fatal de la monarquía Habsburgo había también sonado. Si aguantaba pasivamente este atentado al prestigio de su status, entonces su disolución final no podría ser largamente retrasada. Si, por la otra parte, tomaba la determinación de traer a los agitadores panservios a su sano juicio, y si ninguna tercera parte interfería o impedía esto, entonces una conflagración se habría extinguido puesto que el ataque no habría sido solo contra la casa de Austria sino contra el conjunto de la convivencia de la sociedad europea. En el mismo instante que alguno de los miembros de la Entente se opuso a este postrero esfuerzo de Austria-Hungria de preservar su integridad, en ese momento el problema de Austria-Hungría pasaba de la región de la especulación abstracta a la de las decisiones que alterarían la historia del mundo.
Era decisión de Rusia. La política rusa de nuevo tuvo en sus manos encontrar una solución pacífica del tema servio. M Sassonow admitió en conversaciones con el conde Portales que el gobierno servio había merecido una lección, y una palabra de San Petersburgo habría servido para inducir a los servios a garantizar todas las satisfacciones que habrían contentado a Austria, y habría traído un modus vivendi. La paz europea dependía de si los que detentaban el poder en Rusia, la cual, de acuerdo con la antigua fórmula paneslava requería no solamente la protección de los estados balcánicos sino por añadidura el patronazgo de la población eslava de Austria. Pero nosotros sabemos hoy que una ruptura de la paz en Europa era justo lo que M. Sassonow tenía en mente porque el quería Constantinopla y por tanto una guerra europea. Esto, y solo esto, explica todas y cada una de las acciones de la política rusa en julio de 1914. Incluso si Sassonow sintió alguna aflicción al contemplar que el sendero de la guerra crecía a ojos vista, al proponer el camino para quienes habían sido “el objetivo de los calculados trabajos de su ministerio”, nada menos que la guerra fue lo que él causó.
Personalmente, él había estado escorado más y más a favor del ideal paneslavo. Aunque estaba convenientemente versado en la cultura occidental, pudo ser arrastrado por la idea de la Santa Rusia como la grande, todopoderosa, todo protectora madre de los pueblos eslavos. Por esta razón no podía resistir efectivamente la violenta presión ejercida sobre él para asentar la autoridad eslava en todas las ocasiones a toda costa. Pero hubo más que esto. Tanto los consejeros militares como civiles habían exitosamente persuadido al Zar en estos críticos días que el podría solamente salvar la corona y el imperio si el podía desviar hacia las pasiones bélicas el creciente descontento en su país, debido tanto a la excitación paneslavista o el resentimiento socialista. Similares sugerencias ( la experiencia de la guerra así lo demuestra ) pueden haber aparecido por doquier en ambientes y personas irresponsables. Pero en Rusia estas personas ocupaban lugares de la máxima autoridad. Y los que les influenciaban eran adherentes entusiastas de la adquisición de Constantinopla. Fue a estos halcones a los que Sassonow dio la mano cuando decidió consultarlos en la conferencia del 21 de febrero, por la que Rusia debía apoderarse de los estrechos, y podía hacerlo solamente a costa de una guerra europea.
A decir verdad no hubo necesidad para la apelación del príncipe heredero servio a el generoso corazón del zar. Cuando el 24 de julio, imploró al zar” que acuda con toda velocidad en ayuda de Servia” Sassonov había decidido ya la réplica. El mismo día un consejo de ministros ruso resolvió dar apoyo militar a Servia. Al día siguiente las ordenes necesarias fueron obtenidas del zar, y Sassonow estaba ya intentando en la embajada francesa asegurarse por si mismo el apoyo británico. Buchanan ha informado sobre esta entrevista muy extensamente y registra una declaración se Sassonow por la que Rusia no se apresuraría a la guerra si podía confiar en Francia. Esta condición debe ser leída en sentido estrictamente diplomático. Porque Sassonow sabía suficientemente bien que cuando el dijo esto a Sir G. Buchanan, Poincare, que en fecha tan temprana como 1912 “ había contemplado la guerra sin temor” ciertamente cooperaría. El solamente quería saber lo que Inglaterra pensaba, porque no podía hacer la guerra en contra de la voluntad de Inglaterra. Gran Bretaña, aliada como estaba con Japón , tenía ciertamente recursos suficientes para forzar a Rusia a renunciar a todo pensamiento de guerra. M. Sassonow solamente se aventuraría a abrir al completo la puerta de la guerra cuya cerradura ya había forzado, previendo que podría contar con una Inglaterra en armas ocupando su puesto en la mortal contienda. Todo dependía de la actitud de Inglaterra ¿ Y que hizo Inglaterra ?
La clara posibilidad de la guerra , por supuesto, aparecida ante E. Grey, había evocado del estadista inglés fuertes expresiones de aborrecimiento. Reconoció que desde un punto de vista inglés la disputa austro-servia no requería un tratamiento internacional. Si el ultimátum a Servia no conducía a una colisión entre Austria y Rusia, Inglaterra no tendría motivo para involucrarse. No hizo nada para localizar el conflicto. Desde el principio asumió como natural que Rusia intervendría, y contaba con esto. Tan pronto como Rusia hizo propia la causa de Servia el lo aceptó. Y no solo eso. No solamente fracasó en utilizar un lenguaje fuerte en San Petersburgo, que todavía podría haber sido eficaz, sino, al contrario, el prácticamente dio a entender al gabinete ruso que no deseaba usar ese lenguaje. Le dijo al príncipe Lichnowsky el 24 de julio que sentía que en vista del formato del ultimátum austríaco el era impotente para ejercer una influencia restrictiva sobre Rusia. El estadista inglés hasta pensó que era necesario informar a Paul Cambon previamente de su intención de hacer esta comunicación al embajador alemán ¿ imaginó Grey que Cambon encerraría esta interesante comunicación en el secreto de su corazón?
¿ No sabía perfectamente bien que su colega ruso sacaría beneficio de ello inmediatamente? Y eso era todo lo que Sassonow quería saber.
En atención a los servios, Grey llevó su no intervención tan lejos como para instruir al encargado de asuntos en Belgrado que , mientras recomendaba a los servios hacer concesiones en ciertos puntos formales, el debía por otro lado que debían responder como estimasen mejor para los intereses de Servia. El sacerdote pítico no dio un respuesta más halagüeña a Creso. Pero el 27 de julio claramente libró a las autoridades de San Petersburgo de sus últimas dudas. Ese día Grey informó al embajador ruso que la impresión de que Inglaterra en cualquier caso permanecería al margen debía ser modificada. El 1º escuadrón naval había sido instruido para no dispersarse tras las maniobras. Eso fue un estímulo bastante fuerte. Al mismo tiempo, Grey informó al embajador austríaco de la concentración del escuadrón, y añadió que Inglaterra no podía dispersar sus fuerzas en vista de la posibilidad de una guerra. Esto constituía ciertamente una tajante amenaza, aunque Grey negara que lo fuera. Aún debió haber otros datos que garantizaron a Rusia de cualquier resto de duda respecto a la actitud de Inglaterra. El muy citado despacho del embajador belga en San Petersburgo. M de l´Escaille escribe el 30 de julio: "Hoy cualquiera esta firmemente convencido en San Petersburgo que Inglaterra apostará por Francia. Este apoyo es un factor de primera importancia y ha contribuido considerablemente a dar al partido belicista las cartas ganadoras"; y el mismo día el corresponsal de Reuter en San Petersburgo envió el muy polémico telegrama a Londres comentando la poderosa impresion que había causado el periplo de la flota británica desde Portland. Esto, en combinación con las garantías pacíficas otorgadas por Japón , confirmaron sobradamente la firme decisión de Rusia de arrojarse al arbitrio de la guerra. Esto lo causo Sir E. Grey con su propia estulticia, y de paso acabó con nuestras tentativas de mediación.
En el prefacio de nuestro Libro Blanco esta recogido que Inglaterra trabajaría "hombro con hombro" con nosotros en pos de la causa de la paz. Nuestro entonces imperfecto conocimiento de la actitud inglesa permitieron esta conclusión, que ha sido desde entonces explotada por los periodistas ingleses como un reconocimiento alemán del pacifismo inglés. Pero si desearamos hoy mantener este punto de vista nosotros seríamos refutados por las publicaciones oficiales de nuestros opnentes mismos, que han arrojado suficiente luz sobre la postura de Londres en el preludio diplomático de la contienda.
¿ Fueron nuestras tentativas de mediación esencialmente sin esperanza? Cuando la crísis estaba en su fase aguda tuvimos éxito en atraer a Viena a declarar expresamente que no permanecería ni reclamaría una pulgada de suelo servio, que no reduciría la soberanía de Servia, y solamente se proponía una temporal ocupación militar del territorio servio.
6.9.11
LA CARRERA NAVAL: EL ORIGEN DE LOS "DREADNOUGHT" ALEMANES
La construcción del buque de línea “Dreadnought” alteró drásticamente el universo de el diseño y el ensamblaje navales. El motivo de este profundo impacto se debió a la adopción de una artillería monocalibre de gran alcance y elevado , que contaba con el precedente de la serie de acorazados norteamericanos “Michigan”, por el relativo incremento en la eslora, y por su rapidez en su fabricación. El “Dreadnought” fue empezado el 2 de octubre de 1905, fue botado el 10 de febrero de 1906 y quedó listo para sus pruebas de verificación el 3 de octubre de ese mismo año.
Aparte del mérito de los empleados del astillero naval de Portsmouth, las razones de esa rapidez son atribuibles a las órdenes anticipadas para usar material prefabricado y por la utilización de las torres de artilleria de 12 pulgadas acopiadas para los acorazados de la clase "Lord Nelson”.
En el resto de marinas la regla imperante era dotar a los navíos de línea con una paridad de piezas de mediano y gran calibre, con el ejemplo inicial del italiano "Regina Margharita" en 1900, que montaba cuatro piezas de 12 pulgadas y cuatro piezas de 8 pulgadas. Los precursores del acorazado monocalibre de gran porte fueron el almirante británico Fisher, ya en 1900, y tres años después el ingeniero italiano Vittorio Cuniberti que elaboró un proyecto de "buque de combate ideal para la Royal Navy equipado con doce cañones de 12 pulgadas de tiro rápido. Este diseño sugería un gran número de cañones de gran calibre que uniformarían el armamento principal, y una velocidad de navegación inédita.
¿ Cual era la actitud imperante en Alemania, la gran potencia marítima llegada recientemente al escenario? Los planes navales alemanes contemplaban a finales de 1903 la elaboración de planos para un buque de combate de 13.000 toneladas artillado con cuatro cañones de 280 mm y cuatro de 210 mm. Era un primer paso para incrementar el tamaño de los acorazados alemanes, que habían cosechado serias críticas por ser habitualmente más pequeños y estar peor armados que sus homólogos extranjeros. Las razones del almirante von Tirpitz, ministro de marina, para seguir esa senda hasta entonces eran simples: gastar poco y no aparentar un poderío agresivo en los mares.
A finales de enero de 1904 se presentaron 3 propuestas: dos de ellas contaban con cañones de 210 mm en cuatro torres formando una disposición hexagonal al combinarse con dos torres de 280 mm. Esta peculiar ( y polémica ) configuración geométrica permanecería inalterada en los subsiguientes proyectos navales germanos.
En marzo de 1904 un informe del departamento de la Marina Imperial ( Reichsmarineamnt, RMA ) confirmó que aumentar el calibre de la artillería era deseable. El departamento tambien señaló que la adopción de dos tipos de calibres medios causaría problemas con la dirección de tiro, la formación teórica y el suministro de munición. En la escena naval internacional de 1904 se daban muchas variaciones del armamento de calibre medio y los diseños alemanes, surtidos con 16 piezas de 210 mm, 8 de las cuales estaban agrupadas en torres dobles, parecian razonables en ese marco internacional.
Aparte del mérito de los empleados del astillero naval de Portsmouth, las razones de esa rapidez son atribuibles a las órdenes anticipadas para usar material prefabricado y por la utilización de las torres de artilleria de 12 pulgadas acopiadas para los acorazados de la clase "Lord Nelson”.
En el resto de marinas la regla imperante era dotar a los navíos de línea con una paridad de piezas de mediano y gran calibre, con el ejemplo inicial del italiano "Regina Margharita" en 1900, que montaba cuatro piezas de 12 pulgadas y cuatro piezas de 8 pulgadas. Los precursores del acorazado monocalibre de gran porte fueron el almirante británico Fisher, ya en 1900, y tres años después el ingeniero italiano Vittorio Cuniberti que elaboró un proyecto de "buque de combate ideal para la Royal Navy equipado con doce cañones de 12 pulgadas de tiro rápido. Este diseño sugería un gran número de cañones de gran calibre que uniformarían el armamento principal, y una velocidad de navegación inédita.
¿ Cual era la actitud imperante en Alemania, la gran potencia marítima llegada recientemente al escenario? Los planes navales alemanes contemplaban a finales de 1903 la elaboración de planos para un buque de combate de 13.000 toneladas artillado con cuatro cañones de 280 mm y cuatro de 210 mm. Era un primer paso para incrementar el tamaño de los acorazados alemanes, que habían cosechado serias críticas por ser habitualmente más pequeños y estar peor armados que sus homólogos extranjeros. Las razones del almirante von Tirpitz, ministro de marina, para seguir esa senda hasta entonces eran simples: gastar poco y no aparentar un poderío agresivo en los mares.
A finales de enero de 1904 se presentaron 3 propuestas: dos de ellas contaban con cañones de 210 mm en cuatro torres formando una disposición hexagonal al combinarse con dos torres de 280 mm. Esta peculiar ( y polémica ) configuración geométrica permanecería inalterada en los subsiguientes proyectos navales germanos.
En marzo de 1904 un informe del departamento de la Marina Imperial ( Reichsmarineamnt, RMA ) confirmó que aumentar el calibre de la artillería era deseable. El departamento tambien señaló que la adopción de dos tipos de calibres medios causaría problemas con la dirección de tiro, la formación teórica y el suministro de munición. En la escena naval internacional de 1904 se daban muchas variaciones del armamento de calibre medio y los diseños alemanes, surtidos con 16 piezas de 210 mm, 8 de las cuales estaban agrupadas en torres dobles, parecian razonables en ese marco internacional.
No obstante, fue el informe del 4 de abril de 1904 emitido por el departamento de construcciones de la Marina Imperial el que puede considerarse como el verdadero punto de arranque alemán para adaptar el concepto del “Dreadnought”. En sus páginas, dirigidas al ministro de Marina Von Tirpitz, se abogababa por un buque de combate solamente equipado con artillería de gran calibre, eliminando la de tipo medio; deberían tomarse en cuenta las desventajas geográficas de las bases marítimas alemanas y los límites presupuestarios. El informe pasaba a enumerar los requisitos técnicos que debería cumplir el proyecto: número y contundencia del armamento, flotabilidad apropiada,, dirección de tiro segura, velocidad suficiente, buena capacidad de giro y un radio de acción acorde con los condicionantes estratégicos.
La diferencia fundamental entre los puntos de vista del departamento de construcciones y el departamento de Marina consistía en la defensa que hacia el primero de combates a larga distancia, lo que requería cañones pesados de al menos calibre 280 mm mientras que el último esperaba encuentros que evolucionasen hasta distancias cortas, un punto de vista sostenido por Von Tirpitz al menos hasta 1910.
Una reunión a finales de abril de 1904 trajo el primer paso hacia la adopción de un nuevo tipo de navío acorazado, con una propuesta de 14.000 o 15.000 toneladas y un armamento secundario de 210 mm y cuatro cañones de 280 mm como artillería principal, en la línea de la precedente clase "Deutschland". El almirante Von Tirpitz recelaba del aumento del tamaño por motivos económicos y políticos. El departamento de construcción empezó a considerar dos nuevos proyectos siguiendo esas indicaciones, pero las notícias en febrero de 1905 indicando que los navíos británicos de la clase "Lord Nelson" desplazarían hasta 18.000 toneladas vencieron las reluctancias de Von Tirpitz que solicitó el 20 de febrero de 1905 dos nuevos estudios, uno con cañones de 210 mm en seis torres dobles, y el otro con ocho cañones de tiro rápido del calibre 280 mm y munición SK. Pero ambos mantenían las dimensiones modestas, de 15.000 toneladas. En otra reunión el 18 de marzo se aceptó un incremento del tamaño. Finalmente el consejo asesor de Guillermo II y el propio Kaiser dieron su visto bueno a un proyecto que contemplaba un armamento de 8 cañones de 280 mm cuatro de los cuales se dispondrían en torres dobles y el resto en torres sencillas dispuestas con el ya característico juego hexagonal.
IMAGENES DEL ACORAZADO "NASSAU"
La decisión clave había sido, pues, tomada, y un diseño para un acorazado con cañones de calibre medio se abandonó definitivamente, aunque se conservaran piezas secundarias de calibre menor en los acorazados. Este proyecto innovador, denominado "G" se vió potenciado al autorizarse el 4 de octubre de 1905 un desplazamiento de 18.400 toneladas. La variante G7b, que recibió la aprobación del Káiser el 3 de marzo de 1906 dispondría de un armamento de 12 cañones de 280 mmen disposición gexagonal, 2 chimeneas que por razones de aprovechamiento de espacio habian sustituido a las 3 previstas originalmente, y una velocidad punta de 19,5 nudos proporcionados por 22.000 caballos de potencia de los propulsores. El 26 de marzo el Reichstag autorizó el presupuesto para los dos primeros buques de este modelo. El 31 de marzo de 1906 el primero de ellos, el "Nassau", que daría su nombre a toda una serie de cuatro unidades fue encargado al Astillero Imperial de Wilhelmshaven. Nacian así los acorazados dreadnoughts alemanes.
COMPARATIVA DE LA SECCIÓN TRANSVERSAL ENTRE EL "WESTFALEN" ( SEGUNDO NAVÍO DE LA CLASE "NASSAU") Y EL "DREADNOUGHT". APRECIAMOS EL DIFERENTE GROSOR DEL BLINDAJE, Y LA MAYOR PROTECCIÓN DEL PRIMERO FRENTE A IMPACTOS DE TORPEDO.
El contraste de el modelo "Nassau" respecto a sus antecesores de la clase "Deutschland" era acusado. El "Nassau" desplazaba 18.873 toneladas ( 20.535 a plena carga ) con una eslora ( longitud ) de 146,1 metros, frente a las 13.191 toneladas ( 14.428 a plena carga ) y una eslora de 127,6 metros del "Deutschland". Lógicamente los coste aumentaron pasando de los 24.981.000 marcos oro que costaban cada "Deutschland"a los 37.399.000 marcos oro de la nueva serie .
El armamento pesado del "Nassau" superaba en ocho piezas a la serie predecesora aunque ambas compartian el calibre homologado de 280 mm; la velocidad se incrementaba en un nudo, de 18,6 a 19,5. Con todo, lo más importante era la robustez del "Nassau" y sus gemelos consecutivos, cuyo blindaje representaba el 36% de su desplazamiento. El blindaje del cinturón principal era de un grosor de 270 mm en el Nassau. En sus gemelos subiría hasta los 290 mm. El cinturón superior alcanzaba los 160 mm. En ambas categorias superaba claramente al Dreadnought británico.
El sistema de propulsión se apoyaba en 12 calderas alimentadas por carbón, dispuestas en tres salas separadas. En 1915 serían complementadas por quemadores de petroleo.
Los gemelos del "Nassau" fueron el "Westfalen" botado el 1 de julio de 1908 y comisionado el 16 de noviembre de 1909, el "Rheinland" botado el 26 septiembre de 1908, y comisionado el 30 de abril de 1910 y el "Posen" botado el 12 de diciembre de 1908 y comisionado el 31 de mayo de 1910.
La diferencia fundamental entre los puntos de vista del departamento de construcciones y el departamento de Marina consistía en la defensa que hacia el primero de combates a larga distancia, lo que requería cañones pesados de al menos calibre 280 mm mientras que el último esperaba encuentros que evolucionasen hasta distancias cortas, un punto de vista sostenido por Von Tirpitz al menos hasta 1910.
Una reunión a finales de abril de 1904 trajo el primer paso hacia la adopción de un nuevo tipo de navío acorazado, con una propuesta de 14.000 o 15.000 toneladas y un armamento secundario de 210 mm y cuatro cañones de 280 mm como artillería principal, en la línea de la precedente clase "Deutschland". El almirante Von Tirpitz recelaba del aumento del tamaño por motivos económicos y políticos. El departamento de construcción empezó a considerar dos nuevos proyectos siguiendo esas indicaciones, pero las notícias en febrero de 1905 indicando que los navíos británicos de la clase "Lord Nelson" desplazarían hasta 18.000 toneladas vencieron las reluctancias de Von Tirpitz que solicitó el 20 de febrero de 1905 dos nuevos estudios, uno con cañones de 210 mm en seis torres dobles, y el otro con ocho cañones de tiro rápido del calibre 280 mm y munición SK. Pero ambos mantenían las dimensiones modestas, de 15.000 toneladas. En otra reunión el 18 de marzo se aceptó un incremento del tamaño. Finalmente el consejo asesor de Guillermo II y el propio Kaiser dieron su visto bueno a un proyecto que contemplaba un armamento de 8 cañones de 280 mm cuatro de los cuales se dispondrían en torres dobles y el resto en torres sencillas dispuestas con el ya característico juego hexagonal.
IMAGENES DEL ACORAZADO "NASSAU"
La decisión clave había sido, pues, tomada, y un diseño para un acorazado con cañones de calibre medio se abandonó definitivamente, aunque se conservaran piezas secundarias de calibre menor en los acorazados. Este proyecto innovador, denominado "G" se vió potenciado al autorizarse el 4 de octubre de 1905 un desplazamiento de 18.400 toneladas. La variante G7b, que recibió la aprobación del Káiser el 3 de marzo de 1906 dispondría de un armamento de 12 cañones de 280 mmen disposición gexagonal, 2 chimeneas que por razones de aprovechamiento de espacio habian sustituido a las 3 previstas originalmente, y una velocidad punta de 19,5 nudos proporcionados por 22.000 caballos de potencia de los propulsores. El 26 de marzo el Reichstag autorizó el presupuesto para los dos primeros buques de este modelo. El 31 de marzo de 1906 el primero de ellos, el "Nassau", que daría su nombre a toda una serie de cuatro unidades fue encargado al Astillero Imperial de Wilhelmshaven. Nacian así los acorazados dreadnoughts alemanes.
COMPARATIVA DE LA SECCIÓN TRANSVERSAL ENTRE EL "WESTFALEN" ( SEGUNDO NAVÍO DE LA CLASE "NASSAU") Y EL "DREADNOUGHT". APRECIAMOS EL DIFERENTE GROSOR DEL BLINDAJE, Y LA MAYOR PROTECCIÓN DEL PRIMERO FRENTE A IMPACTOS DE TORPEDO.
El contraste de el modelo "Nassau" respecto a sus antecesores de la clase "Deutschland" era acusado. El "Nassau" desplazaba 18.873 toneladas ( 20.535 a plena carga ) con una eslora ( longitud ) de 146,1 metros, frente a las 13.191 toneladas ( 14.428 a plena carga ) y una eslora de 127,6 metros del "Deutschland". Lógicamente los coste aumentaron pasando de los 24.981.000 marcos oro que costaban cada "Deutschland"a los 37.399.000 marcos oro de la nueva serie .
El armamento pesado del "Nassau" superaba en ocho piezas a la serie predecesora aunque ambas compartian el calibre homologado de 280 mm; la velocidad se incrementaba en un nudo, de 18,6 a 19,5. Con todo, lo más importante era la robustez del "Nassau" y sus gemelos consecutivos, cuyo blindaje representaba el 36% de su desplazamiento. El blindaje del cinturón principal era de un grosor de 270 mm en el Nassau. En sus gemelos subiría hasta los 290 mm. El cinturón superior alcanzaba los 160 mm. En ambas categorias superaba claramente al Dreadnought británico.
El sistema de propulsión se apoyaba en 12 calderas alimentadas por carbón, dispuestas en tres salas separadas. En 1915 serían complementadas por quemadores de petroleo.
Los gemelos del "Nassau" fueron el "Westfalen" botado el 1 de julio de 1908 y comisionado el 16 de noviembre de 1909, el "Rheinland" botado el 26 septiembre de 1908, y comisionado el 30 de abril de 1910 y el "Posen" botado el 12 de diciembre de 1908 y comisionado el 31 de mayo de 1910.
14.8.11
1911 - 2011 CENTENARIO DE LA SEGUNDA CRISIS MARROQUÍ O CRISIS DE AGADIR ( 2ª PARTE )
Comprendiendo que los funcionarios del ministerio de exteriores estaba patrocinando una política de intransigencia a ultranza, Caillaux decidió marginarlos en lo posible recurriendo cada vez más a los oficios de Cambon, e incluso a contactos confidenciales y extraoficiales de la mano del empresario Fondere.
Paul Cambon le había explicado a Grey que Francia no había alterado el equilibrio puesto que sus tropas efectivamente se habían replegado de Fez ( lo cual era cierto pero también lo era que permanecían a la expectativa en el territorio marroquí ) El efecto de esta información se pudo comprobar al día siguiente cuando Grey habló con el embajador español diciendo que la actuación alemana no era honesta. A partir del 5 de julio los franceses repitieron insistentemente que Francia no tenía intención de permitir que Alemania pusiera pie en Marruecos, lo que debería haber tranquilizado las aprensiones del órgano de exteriores londinense respecto a una partición del país entre Francia, España y Alemania.
De todos modos a Grey le seguía rondando la idea de que Berlín estaba intentando conseguir parte de Marruecos, y de hecho dio a entender que Inglaterra no ponía objeción a esto, aunque el mismo admitía que era una observación de cara a la galería. El 12 de julio Bertie informó a Grey que Kiderlen había acordado renunciar a todo interés político en Marruecos a cambio de una compensación en otro lugar. Ese fue el momento en el que los funcionarios del Quai D'Orsay empezaron a engatusar al Foreign Office sobre las intenciones alemanas. Reiteradamente proclamaban que estaban perplejos respecto a esas intenciones, una triquiñuela que Delcasse ya empleó a discreción en la primera crisis marroquí de 1905. Esta jugada pretendía explotar las anteriormente comentadas suspicacias británicas sobre el presunto doble juego alemán y garantizarse así un respaldo constante de Londres. Les ayudó en esa intención la campaña azuzada en la prensa germana por Kiderlen para atraerse la adhesión de los nacionalistas y publicistas, que terminó desmandándose y dando lugar a titulares que clamaban por "Marruecos occidental" para Alemania.
MAPA. LA CONVERSIÓN DE MARRUECOS EN PROTECTORADO 1911-1912
Cuando la conversación de Kiderlen con Jules Cambon acerca del Congo fue anunciada el 15 de julio en Inglaterra, las sugerencias alemanas fueron presentadas como “demandas”. La oferta de Kiderlen sobre la parte norte de Camerun fue descrita como una “rectificación fronteriza” y su mención de Togo, omitida.Ciertamente estas inexactitudes deliberadas forman parte de los juegos diplomáticos, pero muestran la voluntad del Quay d´Orsay de explotar los miedos británicos en beneficio propio.
Por supuesto, el mensaje original de Jules Cambon recogía que Kiderlen solo había hecho sugerencias generales en un mapa del Congo, desde el Atlántico hasta el río Shanga. Y añadía: “mi opinión es que Kiderlen quiere sondearnos. Habló de todo: quizás él solo quiera un puerto sobre el Atlántico. Si no Agadir, Libreville” La idea de que Francia cediera su porción del Congo a cambio de Togo había sido manejada por París en fecha tan temprana como el 7 de mayo. Sir Bertie refirió el 17 de julio que Alemania debía saber que sus requerimientos respecto al Congo eran inaceptables para Francia y que estaban encaminados a reconciliar a los franceses con la presencia de los alemanes en la costa marroquí. Evitó mencionar Camerún o Togo, con lo que daba a entender que solo la cesión del Congo estaba sobre el tapete. Indicó asimismo que Paul Cambon le había comentado que Alemania reclamaría el derecho de anexión de el estado libre del Congo cuando estuviera a la venta. Puesto que Kiderlen había específicamente negado este objetivo, esta fue obviamente una tentativa de alarmar al gobierno británico con información falsa. Por supuesto Crowe no perdió el tiempo y sostuvo que si tales demandas alemanas eran atendidas eso “significaría el definitivo sometimiento de Francia “. Pensaba que este era un desafío y que la “cuestión dominante” era “si Inglaterra estaba preparada para luchar al lado de Francia si fuera preciso”. Nicolson escribió al embajador británico en Berlín, William Goschen, en el mismo sentido.
El 19 de julio el gobierno ingles estableció la posibilidad de convocar una conferencia internacional si las conversaciones francoalemanas terminaban rompiéndose. De nuevo saltó la discrepancia entre los liberales radicales y Grey. Este último estaba dispuesto a amenazar a los alemanes si rehusaban asistir a tal conferencia, eventualidad que Lord Loreburn desestimó, insistiendo además en que se explicase a los franceses que una cesión en Marruecos " bajo las condiciones apropiadas (...) no sería considerada por nosotros perjudicial para el interés británico, y no sería vista por nosotros como un causus belli". Todavía el 20 de julio parecía que Grey se inclinaba a regañadientes a la aceptación de un compromiso. Consentía que Alemania adquiriese territorio adicional en África central ( se adhería a la postura francesa de ceder nada en Marruecos ) y hasta razonable, en vista de las adquisiciones británicas y galas en África. Incluso consideraba las pretensiones de reparto del Congo Belga. Pero mentalmente se estaba aproximándose cada vez más a sus consejeros en el Foreign Office, partidarios de rechazar sistemáticamente las peticiones de Berlín.
Muy en su línea de dar dos pasos adelante y uno atrás, Grey se mostró abiertamente complacido cuando David Lloyd George, por entonces ministro de finanzas, (hasta entonces en las filas de los liberales radicales y a partir de este discurso prominente líder de los liberales imperialistas) lanzó el 21 de julio un feroz discurso en la Mansion House Banquet ( residencia oficial del alcalde de Londres). El discurso fue planificado a conciencia, puesto que Lord Ridell mencionó que Lloyd George llegó con retraso a la Mansion House y para excusarse le dijo “ la tardanza se debió a una conferencia con Asquith y Grey sobre los términos precisos del discurso “ Conviene precisar que días antes Lloyd George le había preguntado a Grey si el gobierno alemán había dado alguna respuesta a la comunicación que Grey había hecho en nombre del gabinete el 4 de julio, y Grey se limitó a decirle que seguía sin respuesta y que eso era un presagio ominoso. Posiblemente Lloyd George desconocía que no se había remitido un comunicado escrito a los alemanes: Grey no le sacó del error.
En el discurso, Lloy George repasó los beneficios de la paz y el papel histórico de Inglaterra. Pero la carga de profundidad venía en el siguiente el párrafo: “ Si la situación nos forzara a una paz que solo pudiese ser preservada por la capitulación de la grande y beneficiosa posición que [ Gran ] Bretaña ha ganado en siglos de heroísmo y esfuerzo, permitiendo que Bretaña sea amenazada, donde sus intereses se vean vitalmente afectados, como si ella no contara en el concierto de las naciones, entonces yo enfáticamente digo que una paz a ese precio sería una humillación intolerable para un gran país como el nuestro” El discurso público, en la voz de uno de los más eminentes miembros del gobierno, y en aquellas circunstancias, fue interpretado inequívocamente como una amenaza de guerra a Alemania , como una advertencia oficial de que si la guerra llegaba, Inglaterra pelearía junto a Francia. Bethmann recordaba en 1919 el impacto de esas palabras: “ El lenguaje imperativo de Lloyd George no podía sino causar una violenta excitación en Alemania. Inglaterra se manifestó en unos términos que encajaban a la perfección en la prepotencia de un imperio mundial, precisamente de lo que los alemanes fuimos acusados hipócritamente de aspirar “. Por el contrario, Grey defendería en sus memorias el discurso de la Mansion House “ que hizo mucho por preservar la paz en 1911 (…) los nacionalistas alemanes dudaron de si sería prudente encender los cañones (…) ciertamente tuvo el efecto de obligar al gobierno alemán a cooperar con su embajador en Londres y enviarle instrucciones “
Las repercusiones del discurso de Mansion House fueron sin duda amplias e introdujeron una nueva dimensión en la segunda crisis marroquí, al hacerse públicamente alusión directa a un conflicto generalizado. Jules Cambon le comentó a su colega Goschen confidencialmente que estaba “ horrorizado” por el efecto del discurso entre los franceses colonialistas. Los liberales imperialistas ingleses ganaban influencia de la mano de las decisiones tomadas por sus líderes: Asquith, Grey y Lloyd George. La ansiedad se apoderó a partir de aquella fecha de los altos responsables militares y civiles de los tres países. Henry Wilson, jefe británico de operaciones militares mencionó que la posibilidad de que Inglaterra se viera envuelta en una guerra continental atenazó al gobierno en las semanas siguientes, y Grey temió un ataque por sorpresa sobre la flota inglesa, ordenando a Goschen a principios de agosto que estuviera ojo avizor sobre las importaciones alemanas de harina y otros alimentos, cuyo aumento indicaría un preparativo bélico. El Comité de Defensa Imperial ( CID ) fue convocado el 23 de agosto para considerar que acciones tomaría Inglaterra en caso de una guerra francoalemana. A esta reunión no fueron convocados, ni tampoco informados los liberales radicales. Los preparativos británicos para participar rápidamente en una posible contienda continental estaban muy avanzados tanto en el mar como en tierra. Arthur Nicolson escribió el 14 de septiembre que había conversado con Haldane, Lloyd y Churchill y que estaba contento de encontrar a los tres “ perfectamente preparados, podría decir encantados con enfrentarse a todos las posibles acontecimientos”.
Los preparativos también se dieron en Francia. A finales de agosto Joffre, comandante en jefe, mencionó a un agregado británico que el y su estado mayor trabajaban duro ultimando los detalles de su plan de campaña, que estaría listo en pocos días. La opinión pública francesa estaba enfervorecida por una postura firme contra Alemania. “ The Times “ informaba el 26 de septiembre que la opinión francesa se mostraba más que firme en repudiar 35 años salvaguardando una “paz ignominiosa”, curiosamente la misma idea que presidió el discurso de la Mansion House, una idea repetida por Louis Barthou, destacado líder político y exministro, cuando afirmaba que Francia, segura de su derecho de su fuerza “nunca deseará sacrificar el honor a cambio de la paz ". Nicolson a su vez se hacía eco de la euforia militar de los franceses: “ nunca estuvo [ el ejército] mejor equipado, organizado y armado o ha estado inspirado por tan fuerte sentimiento de perfecta confianza y unidad” hasta el punto de poder medirse a los alemanes “ en muy cercanos términos de igualdad ”. Era tal la euforia que los franceses creían hasta poder prescindir del apoyo ruso. Y eso que Rusia había dado garantías formales de apoyo diplomático y militar.
Inequívocamente se abre paso una interpretación venenosa para explicar la inusitada agitación de Londres tras la recalada del “Panther” en Agadir: el terror británico, o más exactamente, de los directores del Foreign Office, a que Francia y Alemania solventaran sus diferencias sobre Marruecos de manera amistosa y bilateral, creando así un precedente de resolución de conflictos mutuos entre Paris y Berlin. Un precedente peligroso, a juicio de los grupos de presión más influyentes en el Parlamento y gobierno ingleses. El vocero mediático de esas corrientes, “The Times” lo había insinuado el 20 de julio al valorar cualquier acercamiento entre Francia y Alemania como dañino para los intereses británicos. La mejor manera de evitarlo era precisamente incitar a los franceses a despreciar esa vía prometiendo el máximo apoyo inglés en cualquier pleito con el II Reich. De cara al público británico esa línea se justificaba diciendo que la mejor manera de proteger los intereses británicos era el respaldo a Francia, un apoyo que el discurso de Mansion House y sus secuelas periodísticas llevaban hasta el extremo de una hipotética guerra.
Con semejante ambiente las negociaciones francoalemanas se desarrollaron con una terrible espada de Damocles sobre ellas. Kiderlen le dijo a Goschen que ahora no podía modificar su posición porque eso sería interpretado en su país como una capitulación del gabinete berlinés ante las amenazas de la Entente. Kiderlen siguió asegurando que el ya había dado a Francia una completa satisfacción sobre sus pretensiones sobre Marruecos, pero pensaba que París le estaba ofreciendo demasiado poco a cambio de su actitud conciliadora y su propuesta de ceder territorio colonial alemán en Togo y Camerún. Jules Cambon estaba de acuerdo en que los gobernantes franceses estaban siendo demasiado rácanos e intentó persuadir a sus superiores para que hicieran más ofertas. El 24 de julio había escrito a Selves. “ si queremos que las negociaciones den resultados debemos mostrar mas generosidad. Entre nosotros, lo que ofrecemos es demasiado poco y demasiado ridículo”. J. Cambon tambien pensaba, en cualquier caso, que la amenaza de una intervención inglesa conduciría a Alemania a hacer concesiones y que Francia necesitaría esforzarse menos. No ocurrió así y Kiderlen siguió en sus trece, por lo que Caillaux, alarmado, ordenó que “los generales y almirantes afectados por la movilización lo tuvieran todo a punto “…
En septiembre, con las negociaciones para compensar a Alemania por su renuncia a Marruecos todavía atascadas, J. Cambon le pidió a Goschen que intercediera ante Grey para que empujará al gobierno francés a ser generoso y hacer “una oferta verdaderamente aceptable”. Grey pensó, que después de todo, si Alemania daba carta blanca total a Francia en Marruecos “no habría razones para que la difrencia entre la paz y la guerra dependiera del triángulo Wesso-Alina [ en referencia al Congo] “ A fin de cuentas, el alcance del apoyo inglés venía dado por la capacidad de Francia para escenificar sus negativas a Alemania de un modo razonable. Selves dió otra vuelta de tuerca diciendo a Bertie que las excesivas demandas alemanas estaban intentando humillar a Francia para forzarla a entregarse. Bertie valoró que muchas personas en Francia creían que la guerra era inminente y era mejor que se produjeses ahora, cuando Francia estaba bien preparada y la asistencia inglesa era cierta porque sus intereses estaban en riesgo.
La prolongación de las negociaciones en septiembre condujeron a una retractación parcial de la promesa de Kiderlen de completa libertad para Francia en Marruecos. Ahora trató de establecer una privilegiada posición para Alemania en el sur de del país. Cuando sus contrapropuestas no cuajaron, se vió forzado a renunciar definitivamente a la aspiración marroquí y conformarse con garantías para la actividad económica y la libertad de comercio. Jules Cambon y Kiderlen fueron acercando posturas a finales de septiembre, en parte empujados por la inquietud que provocó un pequeño pánico financiero en el mercado berlinés y el comienzo de la intervención italiana en Trípoli el 28 de septiembre, abriendo la guerra italo-turca. El centro de la atención se trasladó a las compensaciones en Africa central. El 11 de octubre ambos negociadores elaboraron un borrador, y por fin el 28 de octubre el acuerdo finalmente quedo listo después de establecer las compensaciones definitivas.
El tratado del 4 de noviembre de 1911 firmado por Kiderlen y Jules Cambon establecía el pleno protectorado francés sobre Marruecos, sin presencia alemana. Francia trataría con posterioridad y con carácter bilateral las menores reivindicaciones españolas. Alemania obtenía una franja poco valiosa del Congo francés añadida al Camerún, aunque le proporcionaba un corredor que daba acceso al río Congo y el mar.
MAPA. LAS CONCESIONES DEL ACUERDO DEL 4 DE NOVIEMBRE A ALEMANIA EN EL CAMERÚN, EN DETRIMENTO DEL CONGO FRANCÉS.
El tratado fue severamente censurado por los nacionalistas en Francia y Alemania: “La aguda crítica a que fue sometido el tratado en el Reichstag me parece que fue altamente injusta (…) si por otra parte, la intención era lanzar una advertencia a Inglaterra, entonces fue un error no apreciar que cada utilización de un lenguaje rudo en las sesiones públicas del parlamento tendría el efecto opuesto al buscado en la mentalidad inglesa”, recordaba Bethmann-Hollweg. Sobre el tono colérico de las diatribas que se oyeron en el Reichstag sirven de muestra las declaraciones del diputado nacional-liberal Ernst Bassermann, portavoz de su partido en asuntos exteriores, refiriendose a la conveniencia de efectuar una demostración militar no en Agadir, sino "que debería haberse emprendido a lo largo de nuestra frontera occidental remarcando que todas nuestras disputas con Francia conducen a la guerra sobre suelo europeo, y no sobre el africano". Aún mas contundentes fueron las opiniones de otro destacado ponente parlamentario, Von Heydebrand, quien en un acto en Breslau el 29 de octubre antes de la misma ratificación del acuerdo hizo referencia utilizando palabras gruesas al declive del prestigio alemán y a la prepotencia de Lloyd George. En la sesión del 9 de noviembre del Reichstag fue mucho más acre: " Lo que asegura nuestra paz no son las docilidades, las comprensiones y los acuerdos, sino nuestra espada relumbrante y la convicción que deben tener los franceses de que nosotros esperamos ver un gobierno que no dejará enmohecer la espada cuando el momento crítico llegue". Aludiendo a la valoración tibia que Bethmann hizo del discurso en Mansion House, Von Heydebrand añadió: " Cuando oímos un discurso que debemos considerar una amenaza, como un chantaje, como un chantaje humillante, no es fácil apartarlo calificándolo de comentario de ´despues de la cena´. Cada incidente actua como un relámpago en la oscuridad mostrando al pueblo alemán donde esta el adversario. El pueblo alemán ahora sabe lo que ocurre cuando ambiciona la expansión exterior y un lugar bajo el sol como le corresponde por su derecho y su destino, donde tiene que buscar el permiso para hacerlo así o no. Nosotros los alemanes no estamos acostumbrados a eso, y no podemos permitirlo y sabremos como responder. cuando el momento llegue el pueblo aleman sabrá que tipo de respuesta dar" Muchos eran los parlamentarios alemanes desconfiaban más de la actitud desafiante adoptada por Inglaterra que de la sostenida por Francia, con la que teóricamente se había mantenido el pleito colonial. Probablemente la insatisfacción germana tenía más fundamento puesto que Francia se había alzado con la materialización y reconocimiento de su poder sobre Marruecos a cambio de una porción poco significativa del Congo.
FOTO. EL DIPUTADO NACIONAL-LIBERAL BASSERMANN, QUE LIDERÓ LAS CENSURAS AL TRATADO DEL 4 DE NOVIEMBRE EN LAS SESIONES DEL REICHSTAG.
La presunción de que Alemania habría hecho mejor si el “Panther” no hubiera sido enviado a Agadir es debatible. El verdadero problema viene del uso interesado que se dio al hecho por parte del Foreign Office y del gobierno Asquith. El discurso de Grey el 27 de noviembre ante el Parlamento, pasado lo peor de la tormenta, dejaba sin embargo las espadas en alto: Grey finalmente valoró como apropiada la unilateral ocupación francesa de Fez aunque contraviniera flagrántemente las reglas establecidas en Algeciras, no mencionó la actitud negociadora de los alemanes y cargo las tintas y la responsabilidad de la gravedad de la crisis al incidente de Agadir. Insistió en que el objetivo alemán había sido repartirse Marruecos con Francia y España, calificó la demandas alemanas de inaceptables y afirmo que el II Reich había pretendido intimidar a los franceses y así permanecer en Marruecos. También adujo que los alemanes habrían cerrado el área que les hubiera tocado en el reparto y establecido un monopolio comercial.
Por contraste, Selves, cuando se dirigió a los diputados en la cámara parisina el 14 de diciembre dio una visión mas equilibrada y optimista del proceso. Primero explicó que las negociaciones ya estaban en curso antes de su acceso al puesto ministerial a finales de junio. Estableció el principio básico de que debía entregarse a Alemania alguna compensación fuera de Marruecos, puesto que Francia no cedería ninguna parte de suelo marroquí. Los alemanes habían aceptado ese principio fundamental. Kiderlen dijo: “Tendréis Marruecos. Estableceréis allí vuestro protectorado, escribid vosotros mismos el texto con los detalles específicos” Cada compensación habia sido tratada con Inglaterra, España e Italia. Finalmente Selves dio los pasos precisos para informar a la opinión pública francesa de la verdadera naturaleza de las discusiones con Alemania. La diferencia de actitud y valoración que hicieron Selves y Grey salta a la vista.
La declaración formal del protectorado francés en Marruecos tuvo lugar en marzo de 1912 con el tratado de Fez por el que el sultán marroquí reconocía las amplias competencias de la autoridad francesa, representada por Lyautey como "residente general" , superpuesta a la suya propia. El 27 de noviembre de 1912 quedarían finalmente establecidos los límites del sector del protectorado bajo jurisdicción española: El Rif al norte, y la franja de Tarfaya al sur, algo disminuidas respecto a las zonas de influencia originales asignadas a España en el acuerdo hispanofrancés de 1904.
Respecto a las consecuencias inmediatas de estos acontecimientos, el memorandum que presentó Crowe el 14 de enero de 1912 esclarece las conclusiones que se habían extraído en Inglaterra: El objetivo alemán era destruir la Entente anglofrancesa, y para ello contaba con la simpatía, de nada menos, que Caillaux, quien de acuerdo a esta teoría simpatizaría con la Triple Alianza y habría prometido por su cuenta la totalidad del Congo a Alemania, siendo el envío del "Panther" un mero pretexto para ello. Cuando el rechazo público hizo imposible esta transacción, Caillaux habría responsabilizado de ello a los británicos, dirigiendo a los alemanes contra Inglaterra.
El destino de Caillaux quedaba así sellado, convertido en el objeto de sospechas de duplicidad y traición tanto en su país como en Gran Bretaña. Sus negociaciones secretas fueron filtradas a la prensa por la inteligencia del denominado "gabinete negro". El gobierno Caillaux cayó a principios de 1912, siendo sustituido por el dirigido por el lorenés conservador y nacionalista Raimond Poincare.
El minuciosos estudio de la segunda crisis marroquí de 1911 pone de relieve que, a pesar de las apariencias, era Gran Bretaña la que azuzaba la postura de dureza frente a las pretensiones alemanas, y no así Francia, al menos hasta la llegada al poder de Poincare. Por otro lado, el ambiente enrarecido en las relaciones internacionales creció hasta límites desmesurados, al excitar los políticos y la prensa los sentimientos de agravio y hostilidad hacia las naciones consideradas rivales.
Paul Cambon le había explicado a Grey que Francia no había alterado el equilibrio puesto que sus tropas efectivamente se habían replegado de Fez ( lo cual era cierto pero también lo era que permanecían a la expectativa en el territorio marroquí ) El efecto de esta información se pudo comprobar al día siguiente cuando Grey habló con el embajador español diciendo que la actuación alemana no era honesta. A partir del 5 de julio los franceses repitieron insistentemente que Francia no tenía intención de permitir que Alemania pusiera pie en Marruecos, lo que debería haber tranquilizado las aprensiones del órgano de exteriores londinense respecto a una partición del país entre Francia, España y Alemania.
De todos modos a Grey le seguía rondando la idea de que Berlín estaba intentando conseguir parte de Marruecos, y de hecho dio a entender que Inglaterra no ponía objeción a esto, aunque el mismo admitía que era una observación de cara a la galería. El 12 de julio Bertie informó a Grey que Kiderlen había acordado renunciar a todo interés político en Marruecos a cambio de una compensación en otro lugar. Ese fue el momento en el que los funcionarios del Quai D'Orsay empezaron a engatusar al Foreign Office sobre las intenciones alemanas. Reiteradamente proclamaban que estaban perplejos respecto a esas intenciones, una triquiñuela que Delcasse ya empleó a discreción en la primera crisis marroquí de 1905. Esta jugada pretendía explotar las anteriormente comentadas suspicacias británicas sobre el presunto doble juego alemán y garantizarse así un respaldo constante de Londres. Les ayudó en esa intención la campaña azuzada en la prensa germana por Kiderlen para atraerse la adhesión de los nacionalistas y publicistas, que terminó desmandándose y dando lugar a titulares que clamaban por "Marruecos occidental" para Alemania.
MAPA. LA CONVERSIÓN DE MARRUECOS EN PROTECTORADO 1911-1912
Cuando la conversación de Kiderlen con Jules Cambon acerca del Congo fue anunciada el 15 de julio en Inglaterra, las sugerencias alemanas fueron presentadas como “demandas”. La oferta de Kiderlen sobre la parte norte de Camerun fue descrita como una “rectificación fronteriza” y su mención de Togo, omitida.Ciertamente estas inexactitudes deliberadas forman parte de los juegos diplomáticos, pero muestran la voluntad del Quay d´Orsay de explotar los miedos británicos en beneficio propio.
Por supuesto, el mensaje original de Jules Cambon recogía que Kiderlen solo había hecho sugerencias generales en un mapa del Congo, desde el Atlántico hasta el río Shanga. Y añadía: “mi opinión es que Kiderlen quiere sondearnos. Habló de todo: quizás él solo quiera un puerto sobre el Atlántico. Si no Agadir, Libreville” La idea de que Francia cediera su porción del Congo a cambio de Togo había sido manejada por París en fecha tan temprana como el 7 de mayo. Sir Bertie refirió el 17 de julio que Alemania debía saber que sus requerimientos respecto al Congo eran inaceptables para Francia y que estaban encaminados a reconciliar a los franceses con la presencia de los alemanes en la costa marroquí. Evitó mencionar Camerún o Togo, con lo que daba a entender que solo la cesión del Congo estaba sobre el tapete. Indicó asimismo que Paul Cambon le había comentado que Alemania reclamaría el derecho de anexión de el estado libre del Congo cuando estuviera a la venta. Puesto que Kiderlen había específicamente negado este objetivo, esta fue obviamente una tentativa de alarmar al gobierno británico con información falsa. Por supuesto Crowe no perdió el tiempo y sostuvo que si tales demandas alemanas eran atendidas eso “significaría el definitivo sometimiento de Francia “. Pensaba que este era un desafío y que la “cuestión dominante” era “si Inglaterra estaba preparada para luchar al lado de Francia si fuera preciso”. Nicolson escribió al embajador británico en Berlín, William Goschen, en el mismo sentido.
El 19 de julio el gobierno ingles estableció la posibilidad de convocar una conferencia internacional si las conversaciones francoalemanas terminaban rompiéndose. De nuevo saltó la discrepancia entre los liberales radicales y Grey. Este último estaba dispuesto a amenazar a los alemanes si rehusaban asistir a tal conferencia, eventualidad que Lord Loreburn desestimó, insistiendo además en que se explicase a los franceses que una cesión en Marruecos " bajo las condiciones apropiadas (...) no sería considerada por nosotros perjudicial para el interés británico, y no sería vista por nosotros como un causus belli". Todavía el 20 de julio parecía que Grey se inclinaba a regañadientes a la aceptación de un compromiso. Consentía que Alemania adquiriese territorio adicional en África central ( se adhería a la postura francesa de ceder nada en Marruecos ) y hasta razonable, en vista de las adquisiciones británicas y galas en África. Incluso consideraba las pretensiones de reparto del Congo Belga. Pero mentalmente se estaba aproximándose cada vez más a sus consejeros en el Foreign Office, partidarios de rechazar sistemáticamente las peticiones de Berlín.
Muy en su línea de dar dos pasos adelante y uno atrás, Grey se mostró abiertamente complacido cuando David Lloyd George, por entonces ministro de finanzas, (hasta entonces en las filas de los liberales radicales y a partir de este discurso prominente líder de los liberales imperialistas) lanzó el 21 de julio un feroz discurso en la Mansion House Banquet ( residencia oficial del alcalde de Londres). El discurso fue planificado a conciencia, puesto que Lord Ridell mencionó que Lloyd George llegó con retraso a la Mansion House y para excusarse le dijo “ la tardanza se debió a una conferencia con Asquith y Grey sobre los términos precisos del discurso “ Conviene precisar que días antes Lloyd George le había preguntado a Grey si el gobierno alemán había dado alguna respuesta a la comunicación que Grey había hecho en nombre del gabinete el 4 de julio, y Grey se limitó a decirle que seguía sin respuesta y que eso era un presagio ominoso. Posiblemente Lloyd George desconocía que no se había remitido un comunicado escrito a los alemanes: Grey no le sacó del error.
En el discurso, Lloy George repasó los beneficios de la paz y el papel histórico de Inglaterra. Pero la carga de profundidad venía en el siguiente el párrafo: “ Si la situación nos forzara a una paz que solo pudiese ser preservada por la capitulación de la grande y beneficiosa posición que [ Gran ] Bretaña ha ganado en siglos de heroísmo y esfuerzo, permitiendo que Bretaña sea amenazada, donde sus intereses se vean vitalmente afectados, como si ella no contara en el concierto de las naciones, entonces yo enfáticamente digo que una paz a ese precio sería una humillación intolerable para un gran país como el nuestro” El discurso público, en la voz de uno de los más eminentes miembros del gobierno, y en aquellas circunstancias, fue interpretado inequívocamente como una amenaza de guerra a Alemania , como una advertencia oficial de que si la guerra llegaba, Inglaterra pelearía junto a Francia. Bethmann recordaba en 1919 el impacto de esas palabras: “ El lenguaje imperativo de Lloyd George no podía sino causar una violenta excitación en Alemania. Inglaterra se manifestó en unos términos que encajaban a la perfección en la prepotencia de un imperio mundial, precisamente de lo que los alemanes fuimos acusados hipócritamente de aspirar “. Por el contrario, Grey defendería en sus memorias el discurso de la Mansion House “ que hizo mucho por preservar la paz en 1911 (…) los nacionalistas alemanes dudaron de si sería prudente encender los cañones (…) ciertamente tuvo el efecto de obligar al gobierno alemán a cooperar con su embajador en Londres y enviarle instrucciones “
Las repercusiones del discurso de Mansion House fueron sin duda amplias e introdujeron una nueva dimensión en la segunda crisis marroquí, al hacerse públicamente alusión directa a un conflicto generalizado. Jules Cambon le comentó a su colega Goschen confidencialmente que estaba “ horrorizado” por el efecto del discurso entre los franceses colonialistas. Los liberales imperialistas ingleses ganaban influencia de la mano de las decisiones tomadas por sus líderes: Asquith, Grey y Lloyd George. La ansiedad se apoderó a partir de aquella fecha de los altos responsables militares y civiles de los tres países. Henry Wilson, jefe británico de operaciones militares mencionó que la posibilidad de que Inglaterra se viera envuelta en una guerra continental atenazó al gobierno en las semanas siguientes, y Grey temió un ataque por sorpresa sobre la flota inglesa, ordenando a Goschen a principios de agosto que estuviera ojo avizor sobre las importaciones alemanas de harina y otros alimentos, cuyo aumento indicaría un preparativo bélico. El Comité de Defensa Imperial ( CID ) fue convocado el 23 de agosto para considerar que acciones tomaría Inglaterra en caso de una guerra francoalemana. A esta reunión no fueron convocados, ni tampoco informados los liberales radicales. Los preparativos británicos para participar rápidamente en una posible contienda continental estaban muy avanzados tanto en el mar como en tierra. Arthur Nicolson escribió el 14 de septiembre que había conversado con Haldane, Lloyd y Churchill y que estaba contento de encontrar a los tres “ perfectamente preparados, podría decir encantados con enfrentarse a todos las posibles acontecimientos”.
Los preparativos también se dieron en Francia. A finales de agosto Joffre, comandante en jefe, mencionó a un agregado británico que el y su estado mayor trabajaban duro ultimando los detalles de su plan de campaña, que estaría listo en pocos días. La opinión pública francesa estaba enfervorecida por una postura firme contra Alemania. “ The Times “ informaba el 26 de septiembre que la opinión francesa se mostraba más que firme en repudiar 35 años salvaguardando una “paz ignominiosa”, curiosamente la misma idea que presidió el discurso de la Mansion House, una idea repetida por Louis Barthou, destacado líder político y exministro, cuando afirmaba que Francia, segura de su derecho de su fuerza “nunca deseará sacrificar el honor a cambio de la paz ". Nicolson a su vez se hacía eco de la euforia militar de los franceses: “ nunca estuvo [ el ejército] mejor equipado, organizado y armado o ha estado inspirado por tan fuerte sentimiento de perfecta confianza y unidad” hasta el punto de poder medirse a los alemanes “ en muy cercanos términos de igualdad ”. Era tal la euforia que los franceses creían hasta poder prescindir del apoyo ruso. Y eso que Rusia había dado garantías formales de apoyo diplomático y militar.
Inequívocamente se abre paso una interpretación venenosa para explicar la inusitada agitación de Londres tras la recalada del “Panther” en Agadir: el terror británico, o más exactamente, de los directores del Foreign Office, a que Francia y Alemania solventaran sus diferencias sobre Marruecos de manera amistosa y bilateral, creando así un precedente de resolución de conflictos mutuos entre Paris y Berlin. Un precedente peligroso, a juicio de los grupos de presión más influyentes en el Parlamento y gobierno ingleses. El vocero mediático de esas corrientes, “The Times” lo había insinuado el 20 de julio al valorar cualquier acercamiento entre Francia y Alemania como dañino para los intereses británicos. La mejor manera de evitarlo era precisamente incitar a los franceses a despreciar esa vía prometiendo el máximo apoyo inglés en cualquier pleito con el II Reich. De cara al público británico esa línea se justificaba diciendo que la mejor manera de proteger los intereses británicos era el respaldo a Francia, un apoyo que el discurso de Mansion House y sus secuelas periodísticas llevaban hasta el extremo de una hipotética guerra.
Con semejante ambiente las negociaciones francoalemanas se desarrollaron con una terrible espada de Damocles sobre ellas. Kiderlen le dijo a Goschen que ahora no podía modificar su posición porque eso sería interpretado en su país como una capitulación del gabinete berlinés ante las amenazas de la Entente. Kiderlen siguió asegurando que el ya había dado a Francia una completa satisfacción sobre sus pretensiones sobre Marruecos, pero pensaba que París le estaba ofreciendo demasiado poco a cambio de su actitud conciliadora y su propuesta de ceder territorio colonial alemán en Togo y Camerún. Jules Cambon estaba de acuerdo en que los gobernantes franceses estaban siendo demasiado rácanos e intentó persuadir a sus superiores para que hicieran más ofertas. El 24 de julio había escrito a Selves. “ si queremos que las negociaciones den resultados debemos mostrar mas generosidad. Entre nosotros, lo que ofrecemos es demasiado poco y demasiado ridículo”. J. Cambon tambien pensaba, en cualquier caso, que la amenaza de una intervención inglesa conduciría a Alemania a hacer concesiones y que Francia necesitaría esforzarse menos. No ocurrió así y Kiderlen siguió en sus trece, por lo que Caillaux, alarmado, ordenó que “los generales y almirantes afectados por la movilización lo tuvieran todo a punto “…
En septiembre, con las negociaciones para compensar a Alemania por su renuncia a Marruecos todavía atascadas, J. Cambon le pidió a Goschen que intercediera ante Grey para que empujará al gobierno francés a ser generoso y hacer “una oferta verdaderamente aceptable”. Grey pensó, que después de todo, si Alemania daba carta blanca total a Francia en Marruecos “no habría razones para que la difrencia entre la paz y la guerra dependiera del triángulo Wesso-Alina [ en referencia al Congo] “ A fin de cuentas, el alcance del apoyo inglés venía dado por la capacidad de Francia para escenificar sus negativas a Alemania de un modo razonable. Selves dió otra vuelta de tuerca diciendo a Bertie que las excesivas demandas alemanas estaban intentando humillar a Francia para forzarla a entregarse. Bertie valoró que muchas personas en Francia creían que la guerra era inminente y era mejor que se produjeses ahora, cuando Francia estaba bien preparada y la asistencia inglesa era cierta porque sus intereses estaban en riesgo.
La prolongación de las negociaciones en septiembre condujeron a una retractación parcial de la promesa de Kiderlen de completa libertad para Francia en Marruecos. Ahora trató de establecer una privilegiada posición para Alemania en el sur de del país. Cuando sus contrapropuestas no cuajaron, se vió forzado a renunciar definitivamente a la aspiración marroquí y conformarse con garantías para la actividad económica y la libertad de comercio. Jules Cambon y Kiderlen fueron acercando posturas a finales de septiembre, en parte empujados por la inquietud que provocó un pequeño pánico financiero en el mercado berlinés y el comienzo de la intervención italiana en Trípoli el 28 de septiembre, abriendo la guerra italo-turca. El centro de la atención se trasladó a las compensaciones en Africa central. El 11 de octubre ambos negociadores elaboraron un borrador, y por fin el 28 de octubre el acuerdo finalmente quedo listo después de establecer las compensaciones definitivas.
El tratado del 4 de noviembre de 1911 firmado por Kiderlen y Jules Cambon establecía el pleno protectorado francés sobre Marruecos, sin presencia alemana. Francia trataría con posterioridad y con carácter bilateral las menores reivindicaciones españolas. Alemania obtenía una franja poco valiosa del Congo francés añadida al Camerún, aunque le proporcionaba un corredor que daba acceso al río Congo y el mar.
MAPA. LAS CONCESIONES DEL ACUERDO DEL 4 DE NOVIEMBRE A ALEMANIA EN EL CAMERÚN, EN DETRIMENTO DEL CONGO FRANCÉS.
El tratado fue severamente censurado por los nacionalistas en Francia y Alemania: “La aguda crítica a que fue sometido el tratado en el Reichstag me parece que fue altamente injusta (…) si por otra parte, la intención era lanzar una advertencia a Inglaterra, entonces fue un error no apreciar que cada utilización de un lenguaje rudo en las sesiones públicas del parlamento tendría el efecto opuesto al buscado en la mentalidad inglesa”, recordaba Bethmann-Hollweg. Sobre el tono colérico de las diatribas que se oyeron en el Reichstag sirven de muestra las declaraciones del diputado nacional-liberal Ernst Bassermann, portavoz de su partido en asuntos exteriores, refiriendose a la conveniencia de efectuar una demostración militar no en Agadir, sino "que debería haberse emprendido a lo largo de nuestra frontera occidental remarcando que todas nuestras disputas con Francia conducen a la guerra sobre suelo europeo, y no sobre el africano". Aún mas contundentes fueron las opiniones de otro destacado ponente parlamentario, Von Heydebrand, quien en un acto en Breslau el 29 de octubre antes de la misma ratificación del acuerdo hizo referencia utilizando palabras gruesas al declive del prestigio alemán y a la prepotencia de Lloyd George. En la sesión del 9 de noviembre del Reichstag fue mucho más acre: " Lo que asegura nuestra paz no son las docilidades, las comprensiones y los acuerdos, sino nuestra espada relumbrante y la convicción que deben tener los franceses de que nosotros esperamos ver un gobierno que no dejará enmohecer la espada cuando el momento crítico llegue". Aludiendo a la valoración tibia que Bethmann hizo del discurso en Mansion House, Von Heydebrand añadió: " Cuando oímos un discurso que debemos considerar una amenaza, como un chantaje, como un chantaje humillante, no es fácil apartarlo calificándolo de comentario de ´despues de la cena´. Cada incidente actua como un relámpago en la oscuridad mostrando al pueblo alemán donde esta el adversario. El pueblo alemán ahora sabe lo que ocurre cuando ambiciona la expansión exterior y un lugar bajo el sol como le corresponde por su derecho y su destino, donde tiene que buscar el permiso para hacerlo así o no. Nosotros los alemanes no estamos acostumbrados a eso, y no podemos permitirlo y sabremos como responder. cuando el momento llegue el pueblo aleman sabrá que tipo de respuesta dar" Muchos eran los parlamentarios alemanes desconfiaban más de la actitud desafiante adoptada por Inglaterra que de la sostenida por Francia, con la que teóricamente se había mantenido el pleito colonial. Probablemente la insatisfacción germana tenía más fundamento puesto que Francia se había alzado con la materialización y reconocimiento de su poder sobre Marruecos a cambio de una porción poco significativa del Congo.
FOTO. EL DIPUTADO NACIONAL-LIBERAL BASSERMANN, QUE LIDERÓ LAS CENSURAS AL TRATADO DEL 4 DE NOVIEMBRE EN LAS SESIONES DEL REICHSTAG.
La presunción de que Alemania habría hecho mejor si el “Panther” no hubiera sido enviado a Agadir es debatible. El verdadero problema viene del uso interesado que se dio al hecho por parte del Foreign Office y del gobierno Asquith. El discurso de Grey el 27 de noviembre ante el Parlamento, pasado lo peor de la tormenta, dejaba sin embargo las espadas en alto: Grey finalmente valoró como apropiada la unilateral ocupación francesa de Fez aunque contraviniera flagrántemente las reglas establecidas en Algeciras, no mencionó la actitud negociadora de los alemanes y cargo las tintas y la responsabilidad de la gravedad de la crisis al incidente de Agadir. Insistió en que el objetivo alemán había sido repartirse Marruecos con Francia y España, calificó la demandas alemanas de inaceptables y afirmo que el II Reich había pretendido intimidar a los franceses y así permanecer en Marruecos. También adujo que los alemanes habrían cerrado el área que les hubiera tocado en el reparto y establecido un monopolio comercial.
Por contraste, Selves, cuando se dirigió a los diputados en la cámara parisina el 14 de diciembre dio una visión mas equilibrada y optimista del proceso. Primero explicó que las negociaciones ya estaban en curso antes de su acceso al puesto ministerial a finales de junio. Estableció el principio básico de que debía entregarse a Alemania alguna compensación fuera de Marruecos, puesto que Francia no cedería ninguna parte de suelo marroquí. Los alemanes habían aceptado ese principio fundamental. Kiderlen dijo: “Tendréis Marruecos. Estableceréis allí vuestro protectorado, escribid vosotros mismos el texto con los detalles específicos” Cada compensación habia sido tratada con Inglaterra, España e Italia. Finalmente Selves dio los pasos precisos para informar a la opinión pública francesa de la verdadera naturaleza de las discusiones con Alemania. La diferencia de actitud y valoración que hicieron Selves y Grey salta a la vista.
La declaración formal del protectorado francés en Marruecos tuvo lugar en marzo de 1912 con el tratado de Fez por el que el sultán marroquí reconocía las amplias competencias de la autoridad francesa, representada por Lyautey como "residente general" , superpuesta a la suya propia. El 27 de noviembre de 1912 quedarían finalmente establecidos los límites del sector del protectorado bajo jurisdicción española: El Rif al norte, y la franja de Tarfaya al sur, algo disminuidas respecto a las zonas de influencia originales asignadas a España en el acuerdo hispanofrancés de 1904.
Respecto a las consecuencias inmediatas de estos acontecimientos, el memorandum que presentó Crowe el 14 de enero de 1912 esclarece las conclusiones que se habían extraído en Inglaterra: El objetivo alemán era destruir la Entente anglofrancesa, y para ello contaba con la simpatía, de nada menos, que Caillaux, quien de acuerdo a esta teoría simpatizaría con la Triple Alianza y habría prometido por su cuenta la totalidad del Congo a Alemania, siendo el envío del "Panther" un mero pretexto para ello. Cuando el rechazo público hizo imposible esta transacción, Caillaux habría responsabilizado de ello a los británicos, dirigiendo a los alemanes contra Inglaterra.
El destino de Caillaux quedaba así sellado, convertido en el objeto de sospechas de duplicidad y traición tanto en su país como en Gran Bretaña. Sus negociaciones secretas fueron filtradas a la prensa por la inteligencia del denominado "gabinete negro". El gobierno Caillaux cayó a principios de 1912, siendo sustituido por el dirigido por el lorenés conservador y nacionalista Raimond Poincare.
El minuciosos estudio de la segunda crisis marroquí de 1911 pone de relieve que, a pesar de las apariencias, era Gran Bretaña la que azuzaba la postura de dureza frente a las pretensiones alemanas, y no así Francia, al menos hasta la llegada al poder de Poincare. Por otro lado, el ambiente enrarecido en las relaciones internacionales creció hasta límites desmesurados, al excitar los políticos y la prensa los sentimientos de agravio y hostilidad hacia las naciones consideradas rivales.
25.7.11
1911-2011 CENTENARIO DE LA SEGUNDA CRISIS MARROQUI O CRISIS DE AGADIR ( 1ª PARTE )
La conferencia de Algeciras de 1906 estableció un régimen de tutela sobre Marruecos por parte de las potencias europeas con mayores intereses en el país norteafricano, es decir, de Francia y España, aunque en principio para preservar meramente el orden público, y permitiendo el libre desenvolvimiento de los intereses de los particulares de otras potencias, excluyendo por tanto el régimen de protectorado formal. Sin embargo, desde muy pronto Paris inició una progresiva y encubierta escalada de intervencionismo, con la ocupación de Uxda en mayo de 1907 y de Casablanca en agosto del mismo año despues del asesinato de nueve trabajadores europeos.
Desde principios de 1909 el acuerdo implementado por las grandes potencias tres años antes respecto a Marruecos empezó a naufragar. El deterioro de la autoridad del sultán provocó disturbios tribales y un vacio de poder, el cual Francia se veía tentada a llenar en su beneficio. Uno de esos incidentes, la revuelta en la primavera de 1911 de la cábila de los Zuar acompañada de agresiones contra europeos residentes en la ciudad de Fez, despertó en Paris la idea de lanzar una expedición para pacificar el área. El gabinete Monis era muy consciente de la fría acogida de su proyecto en Londres, Berlin y Madrid, principales actores internacionales afectados en sus intereses por tal medida. A pesar de ello, Monis dio luz verde a la expedición el 23 de abril de 1911. De hecho, el día 28 de abril el ministro de exteriores alemán A. von Kiderlen-Wächter le indicó al embajador francés en la capital germana, Jules Cambon, que la ocupación de Fez invalidaba los acuerdos de Algeciras; también acusaba a los franceses de no respetar los términos de la convención económica de 1909 obstaculizando con triquiñuelas burocráticas las actividades de las empresas alemanas en Marruecos. Curiosamente se produjo un intervalo de silencio alemán cuando las tropas francesas se desplegaron sobre el terreno a principios de mayo, que observadores ingleses interpretaron como una estrategia deliberada para que los franceses se implicaran tanto en su incursión que en contrapartida entregaran un cierto precio. A juzgar por los despachos de Jules Cambon a su gobierno, ese precio sería un puerto marroquí; posibilidad que fue mencionada por su hermano y embajador en Londres, Paul Cambon, a sus interlocutores ingleses. Esta afirmación probablemente correspondía a un doble juego francés. Mencionar esa posibilidad de un "Gibraltar" alemán abierto al Atlántico Central despertaría los temores británicos hacia la creciente flota germana ( aunque el almirante Fisher restó en su momento trascendencia a esa eventualidad ), y reforzaría de rebote el compromiso británico de 1904 de prestar apoyo diplomático a Francia en los asuntos concernientes a Marruecos.
FOTO. JULES CAMBON: DESEMPEÑÓ EL CARGO DE EMBAJADOR FRANCES ANTE BERLIN EN EL TRASCENDENTAL PERIODO 1907 - 1914, NEGOCIANDO LA SEGUNDA CRISIS MARROQUI, ENTRE OTROS DELICADOS ASUNTOS.
Por otro lado, el ministro de exteriores Cruppi ( que abandonaría Quai D´Orsay en junio ), guiado por el director político y comercial del ministerio, rompió las negociaciones para la gestión conjunta del ferrocarril Fez-Tánger, y el nuevo acuerdo financiero con Marruecos ni siquiera mencionaba la participación alemana.
El tablero de juego era muy complejo. Uno de los actores menores, España, estimaba que las sospechosas maniobras del comandante francés Moreaux en las cercanías de Alcazaquivir incumplían el acuerdo reservado hispanofrancés sobre áreas de intervención del 3 de octubre de 1904, y eran el preludio de la partición de Marruecos; el gobierno Canalejas preparó con la asesoría del cónsul español en Larache, Juan Zugasti, el desembarco de un destacamento español al mando del capitán Ovilo. La fuerza española tomó el 8 de junio sin lucha Larache y Alcazaquivir, desdeñando las presiones inglesas en sentido contrario transmitidas semanas atras por el embajador en Madrid Maurice de Munsen por indicación del ministro de exteriores británico, Edward Grey.
La actitud de colaboración de Inglaterra respecto a Francia también quedó patente durante la visita del Káiser a Londres a mediados de mayo, cuando Grey anunció que " Inglaterra, en ningún caso y sea cuales sean las circunstancias, no incumplirá sus obligaciones con Francia". Pero esta declaración no ocultaba el fastidio por el acto unilateral de los galos y su consecuencia lógica; Grey escribió el 25 de mayo "( Francia) esta tan hondamente implicada que no podrá abandonar ( Fez) y tendrá que transigir con una partición de Marruecos, sobre la que aparecerán dificultades, y algún precio habrá que pagar".
En junio esta conclusión era igualmente asumida por los franceses, y su preocupación inmediata era evitar que los alemanes participasen de ese proceso de división de Marruecos. En una entrevista de Jules Cambon con Kiderlen en el balneario de Bad Kissigen el 21 y 22 de junio, el primero propuso algun tipo de compensación colonial en otro lugar a cambio de la aquiescencia de Berlin a la partición con predominio francés. Aunque Kiderlen se mostró comprensivo, la concreción de la propuesta se dilató por la formación en Paris de un nuevo gobierno presidido por el liberal radical Joseph Caillaux. Este era un economista liberal con fama de flexible. En el intervalo, los dirigentes alemanes decidieron que era preciso dar un gesto público de autoridad frente al hecho consumado de la ocupación de Fez, y el 1 de julio un pequeño cañonero de la flota del Káiser, el "Panther", fondeó en Agadir. Según el comunicado alemán, el buque permanecería surto en el puerto hasta que se restableciera la normalidad. El canciller Bethmann-Hollweg catalogó tiempo despues el envío del "Panther" como "una notificación de que a Francia no se le permitiría ignorar nuestro deseo de una discusión completa, obligados por los procedimientos dilatorios del gabinete de Paris. Fue una respuesta defensiva a una acción agresiva por parte de Francia".

MAPA: EL REPARTO DE MARRUECOS 1905-1912
Para entender mejor el mecanismo de toma de decisiones, conviene recordar cual era la estructura
de los diferentes departamentos de exteriores de las grandes potencias involucradas en Marruecos. En Francia podían distinguirse tres camarillas:
- diplomáticos jóvenes, funcionarios permanentes ajenos a los frenéticos vaivenes gubernativos franceses. Controlaban la rutina diaria del Quai D´ Orsay y los principales eran Maurice Herbette, Edmond Bapts y Alexander Conty. Se mostraban dispuestos a arrostrar grandes riesgos frente a Alemania. Herbette era particularmente activo, ya que anteriormente había sido jefe de comunicaciones, y creado intensos lazos y contactos con los periódicos.
- los titulares formales del ministerio de exteriores; su caracter efímero debilitaba su capacidad de maniobra y control sobre los vericuetos de su departamento. El ministro Pinchon fue sustituido en marzo de 1911 por Cuppi, a su vez reemplazado por Justin de Selves en el periodo crítico, a finales de junio.
- embajadores consagrados; destacaban los hermanos Cambon en Londres y Berlin, Camille Barrere destinado en Roma, y George Louis en San Petersburgo. Estaban dispuestos a aceptar concesiones apaciaguadoras.
En los departamentos del Foreign Office las personalidades claves eran:
- Sir Arthur Nicolson, a cargo de la secretaría permanente desde mediados de 1910. Sus opiniones, formadas durante su acreditación como embajador en San Petersburgo, reforzaron a la facción antigermana acaudillada desde hacía años por Eyre Crowe, un brillante funcionario de carrera ( dominaba el francés y el alemán, y su propia madre era alemana ) que había ascendido en 1906 a secretario mayor de asuntos occidentales. En su momento Nicolson soportó muchas descalificaciones por la alianza anglorrusa que tan afanosamente había forjado años atras, lo que puede explicar su absoluto rechazo a la menor concesión a Berlín, puesto que podía trastocar su obra maestra. Junto a Nicolson y Crowe debe citarse a Francis Bertie, embajador británico en Paris desde 1905.
- Entre ambas influencias se erguía el ministro titular, Edward Grey, uno de los más prominentes liberales imperialistas , desempeñando un papel equívoco, intentando presentar a Inglaterra como un árbitro imparcial cuando en realidad era una de las partes involucradas en el contencioso marroquí y en el equilibrio de poder mundial.
Fuera del Foreign Office estaban los mas dispuestos a contemporizar con Alemania: los liberales radicales como Lord Loreburn ( ocupando el cargo de lord canciller ), Lord Morley, Harcourt , Crewe y la mayor parte del gabinete británico. De hecho, lograron en los primeros días de julio suavizar el apoyo oficial británico a Francia.
En Alemania el organigrama decisorio parecía un poco más claro, con la figura del ministro de exteriores Kiderlen como portavoz autorizado. Bethmann confiaba plenamente en su colega de consejo: " quizás el más hábil diplomatico que ha tenido Alemania en los últimos tiempos". Pero a renglón seguido añadía: " durante su largo periodo de alejamiento en su puesto de los Balcanes el había quedado desconectado de la comprensión de los problemas esenciales de nuestra politica...llegó eventualmente a la conclusión de que Francia no podría ser traida a las negociaciones salvo por métodos drásticos". Sin embargo Kiderlen no gozaba de confianza del káiser y el 17 de julio llegaría a amagar con dimitir en medio de tan delicadas circunstancias. Al igual que en Francia, los embajadores desempeñaban un destacado papel a la hora de fijar las propuestas de actuación, en las personas del embajador en Londres, Paul von Metternich y el embajador ante Paris, Von Schoen.
FOTO. KIDERLEN-WAECHTER, MINISTRO DE EXTERIORES ALEMAN EN 1911, Y ANTIGUO EMBAJADOR ANTE BUCAREST Y ESTAMBUL.
En los primeros días de julio las declaraciones oficiales francesas parecian restar importancia al incidente de Agadir, según se desprende de las sosegadas entrevistas de Jules Cambon con Kiderlen ( donde este mencionaba el Congo como posible contrapartida ) y las notificaciones que escribió a su gobierno y a su hermano. Tambien observadores ingleses como G. Graham, en carta al secretario personal de Grey, se hacían eco de la aparente tranquilidad del primer ministro francés Selves.
Es muy posible que entre los franceses existiera cierta mala conciencia por sus reiterados pasos unilaterales en Marruecos, y tal vez el temor de que estos pasos les indispusieran con los ingleses y la opinión pública mundial. Ciertamente algunos periódicos británicos relacionados con los liberales radicales pensaban que Francia habia provocado a los alemanes. Pero los ambientes que encabezaron en primer lugar la denuncia del caso Agadir en términos vehementes fueron precisamente británicos, exactamente el prestigioso periódico conservador "The Times" y la burocracia del Foreign Office afín a los liberales imperialistas, calificando el fondeo del "Panther" de "dangerous policy" ( política temeraria ). En el consejo de ministros del 4 de julio Grey arguyó que el acto alemán, sumado a los pasos previos de Francia y España, finiquitaban la vigencia de Algeciras y hacía necesario un nuevo trato a cuatro bandas, con los británicos como cuarto interlocutor. También se formularon los principios de negociación británicos: evitar un punto de apoyo alemán en el litoral mediterraneo, la negativa a cualquier intento de nuevas fortificaciones en la costa y oportunidades libres para el comercio y las inversiones inglesas. Se descartó el envío de un buque británico pero se ratificó el apoyo diplomático a París.
Las cosas se complicaban porque franceses y alemanes parecian estar de acuerdo en establecer conversaciones bilaterales marginando al resto de potencias. El conde Metternich había sido instruido por su gobierno para centrar llamar la atención en Londres sobre el cambio de las condiciones en Marruecos a resultas de las acciones francesas y españolas, y sostener que esas acciones hacían imposible el retorno al anterior status quo. Alemania se prepararía para buscar un entendimiento final con Francia sobre la cuestión marroquí, la cual sería posible en vista de los fluidos canales de comunicación entre Francia y Alemania. Grey, en cambio, mencionaba a España como uno de los poderes envueltos en las operaciones militares y por tanto a considerar en las negociaciones, a pesar de Paul Cambon intentó hacerle cambiar de parecer en una entrevista el 4 de julio. Ese mismo día, en un diálogo entre Grey y Metternich, el primero afirmó que el gobierno británico era “ de la opinión que una nueva situación había sido creada por el envío de un buque alemán a Agadir”. Esta era una clara deformación de la posición adoptada esa jornada por el gabinete londinense, que en su informe al rey especificaba meridianamente que la nueva situación había sido creada por Francia y España. Grey parecía estar jugando por su cuenta para endosar la entera responsabilidad de la crisis a los alemanes, y Metternich y a través de él , su gobierno, no supieron calibrar la trascendencia de la maniobra.
Nicolson y Crowe hasta proclamaron que una de las aviesas intenciones del envío del “Panther” era precisamente torpedear la Entente anglofrancesa. Incluso antes del estallido del asunto marroquí , en marzo de 1911, Crowe recelaba de las propuestas francesas para tender ferrocarriles mixtos francoalemanes en Marruecos, considerando esos planes como “un ejemplo flagrante de la viciosa politica en la que el gabinete francés esta empeñado...haciendo importantes concesiones políticas a nuestras expensas” Ciertamente la perspectiva de la falta de lealtad de Francia hacia sus socios de la triple Entente levantaba ampollas en el Foreign Office, aun cuando estos ataques de celos solían darse cuando un miembro de la Entente impulsaba por cuenta propia alguna clase de arreglo con Alemania.
Otros informes posteriores, como el de Bertie el 9 de julio reforzaron estas prevenciones. En el se recogía que Selves “estaba enterado de que el golpe de Agadir tenía el propósito de comprobar la solidaridad de la Entente de Francia e Inglaterra ". Es mucho más probable que Selves estuviera jugando con los celos de amante despechado de los funcionarios británicos, porque al mismo tiempo departía con el embajador aleman Von Schoen respecto a las compensaciones en el Congo. En este alineamiento del personal del Foreign Office seguramente tuvo mucho que ver el activo papel de Crowe, que seguía advirtiendo de la amenaza alemana, generando un ambiente de animadversión contra Berlin. Solo así se explica que frente al despliegue de 100.000 soldados franceses y españoles en Marruecos, la aparición de un cañonero de 1.000 toneladas y 125 tripulantes fuera tildada de “agresión despiadada”.
FOTO. EL EMBAJADOR ALEMAN EN FRANCIA ENTRE 1910-14, WILHELM E. FREIHERR ( BARON ) VON SCHOEN ( SCHÖN )
Es cierto que anteriormente la comunicación de Grey a los franceses sobre la decisión gubernamental del 4 de julio dejó a estos sobrecogidos: " que ellos [ los franceses] debian reconocer que, en buena medida por sus propias acciones, un regreso al status quo anterior se había convertido en muy dificil, si no imposible, y que podría hacerse necesario dar un mas definitivo reconocimiento que antes a los intereses alemanes en Marruecos" Del texto se podía deducir que los ingleses hasta consentirian ceder con condiciones un puerto marroquí al II Reich . Cailleaux se apresuró a aclarar las cosas y envió el 5 de julio un telegrama a su embajador afirmando que los franceses bajo ningún concepto cederian parte alguna de Marruecos a los alemanes. Los principios compartidos por todos los mandatarios y negociadores franceses se basaban en el rechazo a las concesiones territoriales a Alemania en Marruecos y preferencia por el dialogo bilateral, según se recoge en los telegramas intercabiados entre Caillaux y P. Cambon. Este último le pidió a Grey que aclarase a que tipo de compensaciones se refería el gabinete londinense y el 6 de julio se quejó de la negativa a enviar buques como contramedida y avisando de la facilidad con la que los alemanes podrían fortificar Agadir. Grey intentó tranquilizar a los representantes de la III República negando la posibilidad de presiones británicas que forzaran a Francia a modificar sus puntos de vista.
FOTO. PAUL CAMBON, EL INCOMBUSTIBLE EMBAJADOR FRANCÉS EN GRAN BRETAÑA DURANTE 1898-1920
Estos desencuentros en el interior de la Entente, no obstante, permanecieron ocultos para los observadores externos. En el discurso del 6 de julio ante la cámara de los comunes, el primer ministro Asquith fue conciliador, en línea con las medidas aprobadas por el conjunto el gabinete, pero a su vez volvió a defender la vigencia de la Entente con Francia y las obligaciones de Inglaterra hacia su socio, y dejó caer que la acción inapropiada de Agadir habia creado una nueva situación que comprometía los intereses ingleses. De nuevo se apreciaba el divorcio dentro del gabinete británico donde los portavoces de la tendencia liberal-imperialista deformaban las conclusiones consensuadas por el conjunto del gobierno. Igualmente, Bertie actuaba por su cuenta al prometer el 11 de julio a los franceses que Inglaterra rechazaría la entrega de un puerto marroquí del Atlántico a los alemanes.
Mientras, Crowe, con Nicolson y Bertie detrás, seguía insistiendo en las perversas intenciones últimas de los alemanes y esgrimiendo la posibilidad de que toda la crisis se saldara con un aislamiento británico; el 15 de julio escribió que Berlín estaba haciendo nada menos que“ una oferta determinada para una coalición francoalemana contra Inglaterra”. Las personalidades del Foreign Office tildaban automáticamente cualquier intento alemán para reclamar compensaciones por el abandono de sus derechos en Marruecos como una jugada retorcida para desmontar la Entente. Por supuesto, Selves y los miembros de la administración francesa se limitaron a alentar este punto de vista ( que les parecía descabellado pero ventajoso para sus intereses ) según les conviniera.
Desde principios de 1909 el acuerdo implementado por las grandes potencias tres años antes respecto a Marruecos empezó a naufragar. El deterioro de la autoridad del sultán provocó disturbios tribales y un vacio de poder, el cual Francia se veía tentada a llenar en su beneficio. Uno de esos incidentes, la revuelta en la primavera de 1911 de la cábila de los Zuar acompañada de agresiones contra europeos residentes en la ciudad de Fez, despertó en Paris la idea de lanzar una expedición para pacificar el área. El gabinete Monis era muy consciente de la fría acogida de su proyecto en Londres, Berlin y Madrid, principales actores internacionales afectados en sus intereses por tal medida. A pesar de ello, Monis dio luz verde a la expedición el 23 de abril de 1911. De hecho, el día 28 de abril el ministro de exteriores alemán A. von Kiderlen-Wächter le indicó al embajador francés en la capital germana, Jules Cambon, que la ocupación de Fez invalidaba los acuerdos de Algeciras; también acusaba a los franceses de no respetar los términos de la convención económica de 1909 obstaculizando con triquiñuelas burocráticas las actividades de las empresas alemanas en Marruecos. Curiosamente se produjo un intervalo de silencio alemán cuando las tropas francesas se desplegaron sobre el terreno a principios de mayo, que observadores ingleses interpretaron como una estrategia deliberada para que los franceses se implicaran tanto en su incursión que en contrapartida entregaran un cierto precio. A juzgar por los despachos de Jules Cambon a su gobierno, ese precio sería un puerto marroquí; posibilidad que fue mencionada por su hermano y embajador en Londres, Paul Cambon, a sus interlocutores ingleses. Esta afirmación probablemente correspondía a un doble juego francés. Mencionar esa posibilidad de un "Gibraltar" alemán abierto al Atlántico Central despertaría los temores británicos hacia la creciente flota germana ( aunque el almirante Fisher restó en su momento trascendencia a esa eventualidad ), y reforzaría de rebote el compromiso británico de 1904 de prestar apoyo diplomático a Francia en los asuntos concernientes a Marruecos.
FOTO. JULES CAMBON: DESEMPEÑÓ EL CARGO DE EMBAJADOR FRANCES ANTE BERLIN EN EL TRASCENDENTAL PERIODO 1907 - 1914, NEGOCIANDO LA SEGUNDA CRISIS MARROQUI, ENTRE OTROS DELICADOS ASUNTOS.
Por otro lado, el ministro de exteriores Cruppi ( que abandonaría Quai D´Orsay en junio ), guiado por el director político y comercial del ministerio, rompió las negociaciones para la gestión conjunta del ferrocarril Fez-Tánger, y el nuevo acuerdo financiero con Marruecos ni siquiera mencionaba la participación alemana.
El tablero de juego era muy complejo. Uno de los actores menores, España, estimaba que las sospechosas maniobras del comandante francés Moreaux en las cercanías de Alcazaquivir incumplían el acuerdo reservado hispanofrancés sobre áreas de intervención del 3 de octubre de 1904, y eran el preludio de la partición de Marruecos; el gobierno Canalejas preparó con la asesoría del cónsul español en Larache, Juan Zugasti, el desembarco de un destacamento español al mando del capitán Ovilo. La fuerza española tomó el 8 de junio sin lucha Larache y Alcazaquivir, desdeñando las presiones inglesas en sentido contrario transmitidas semanas atras por el embajador en Madrid Maurice de Munsen por indicación del ministro de exteriores británico, Edward Grey.
La actitud de colaboración de Inglaterra respecto a Francia también quedó patente durante la visita del Káiser a Londres a mediados de mayo, cuando Grey anunció que " Inglaterra, en ningún caso y sea cuales sean las circunstancias, no incumplirá sus obligaciones con Francia". Pero esta declaración no ocultaba el fastidio por el acto unilateral de los galos y su consecuencia lógica; Grey escribió el 25 de mayo "( Francia) esta tan hondamente implicada que no podrá abandonar ( Fez) y tendrá que transigir con una partición de Marruecos, sobre la que aparecerán dificultades, y algún precio habrá que pagar".
En junio esta conclusión era igualmente asumida por los franceses, y su preocupación inmediata era evitar que los alemanes participasen de ese proceso de división de Marruecos. En una entrevista de Jules Cambon con Kiderlen en el balneario de Bad Kissigen el 21 y 22 de junio, el primero propuso algun tipo de compensación colonial en otro lugar a cambio de la aquiescencia de Berlin a la partición con predominio francés. Aunque Kiderlen se mostró comprensivo, la concreción de la propuesta se dilató por la formación en Paris de un nuevo gobierno presidido por el liberal radical Joseph Caillaux. Este era un economista liberal con fama de flexible. En el intervalo, los dirigentes alemanes decidieron que era preciso dar un gesto público de autoridad frente al hecho consumado de la ocupación de Fez, y el 1 de julio un pequeño cañonero de la flota del Káiser, el "Panther", fondeó en Agadir. Según el comunicado alemán, el buque permanecería surto en el puerto hasta que se restableciera la normalidad. El canciller Bethmann-Hollweg catalogó tiempo despues el envío del "Panther" como "una notificación de que a Francia no se le permitiría ignorar nuestro deseo de una discusión completa, obligados por los procedimientos dilatorios del gabinete de Paris. Fue una respuesta defensiva a una acción agresiva por parte de Francia".
MAPA: EL REPARTO DE MARRUECOS 1905-1912
Para entender mejor el mecanismo de toma de decisiones, conviene recordar cual era la estructura
de los diferentes departamentos de exteriores de las grandes potencias involucradas en Marruecos. En Francia podían distinguirse tres camarillas:
- diplomáticos jóvenes, funcionarios permanentes ajenos a los frenéticos vaivenes gubernativos franceses. Controlaban la rutina diaria del Quai D´ Orsay y los principales eran Maurice Herbette, Edmond Bapts y Alexander Conty. Se mostraban dispuestos a arrostrar grandes riesgos frente a Alemania. Herbette era particularmente activo, ya que anteriormente había sido jefe de comunicaciones, y creado intensos lazos y contactos con los periódicos.
- los titulares formales del ministerio de exteriores; su caracter efímero debilitaba su capacidad de maniobra y control sobre los vericuetos de su departamento. El ministro Pinchon fue sustituido en marzo de 1911 por Cuppi, a su vez reemplazado por Justin de Selves en el periodo crítico, a finales de junio.
- embajadores consagrados; destacaban los hermanos Cambon en Londres y Berlin, Camille Barrere destinado en Roma, y George Louis en San Petersburgo. Estaban dispuestos a aceptar concesiones apaciaguadoras.
En los departamentos del Foreign Office las personalidades claves eran:
- Sir Arthur Nicolson, a cargo de la secretaría permanente desde mediados de 1910. Sus opiniones, formadas durante su acreditación como embajador en San Petersburgo, reforzaron a la facción antigermana acaudillada desde hacía años por Eyre Crowe, un brillante funcionario de carrera ( dominaba el francés y el alemán, y su propia madre era alemana ) que había ascendido en 1906 a secretario mayor de asuntos occidentales. En su momento Nicolson soportó muchas descalificaciones por la alianza anglorrusa que tan afanosamente había forjado años atras, lo que puede explicar su absoluto rechazo a la menor concesión a Berlín, puesto que podía trastocar su obra maestra. Junto a Nicolson y Crowe debe citarse a Francis Bertie, embajador británico en Paris desde 1905.
- Entre ambas influencias se erguía el ministro titular, Edward Grey, uno de los más prominentes liberales imperialistas , desempeñando un papel equívoco, intentando presentar a Inglaterra como un árbitro imparcial cuando en realidad era una de las partes involucradas en el contencioso marroquí y en el equilibrio de poder mundial.
Fuera del Foreign Office estaban los mas dispuestos a contemporizar con Alemania: los liberales radicales como Lord Loreburn ( ocupando el cargo de lord canciller ), Lord Morley, Harcourt , Crewe y la mayor parte del gabinete británico. De hecho, lograron en los primeros días de julio suavizar el apoyo oficial británico a Francia.
En Alemania el organigrama decisorio parecía un poco más claro, con la figura del ministro de exteriores Kiderlen como portavoz autorizado. Bethmann confiaba plenamente en su colega de consejo: " quizás el más hábil diplomatico que ha tenido Alemania en los últimos tiempos". Pero a renglón seguido añadía: " durante su largo periodo de alejamiento en su puesto de los Balcanes el había quedado desconectado de la comprensión de los problemas esenciales de nuestra politica...llegó eventualmente a la conclusión de que Francia no podría ser traida a las negociaciones salvo por métodos drásticos". Sin embargo Kiderlen no gozaba de confianza del káiser y el 17 de julio llegaría a amagar con dimitir en medio de tan delicadas circunstancias. Al igual que en Francia, los embajadores desempeñaban un destacado papel a la hora de fijar las propuestas de actuación, en las personas del embajador en Londres, Paul von Metternich y el embajador ante Paris, Von Schoen.
FOTO. KIDERLEN-WAECHTER, MINISTRO DE EXTERIORES ALEMAN EN 1911, Y ANTIGUO EMBAJADOR ANTE BUCAREST Y ESTAMBUL.
En los primeros días de julio las declaraciones oficiales francesas parecian restar importancia al incidente de Agadir, según se desprende de las sosegadas entrevistas de Jules Cambon con Kiderlen ( donde este mencionaba el Congo como posible contrapartida ) y las notificaciones que escribió a su gobierno y a su hermano. Tambien observadores ingleses como G. Graham, en carta al secretario personal de Grey, se hacían eco de la aparente tranquilidad del primer ministro francés Selves.
Es muy posible que entre los franceses existiera cierta mala conciencia por sus reiterados pasos unilaterales en Marruecos, y tal vez el temor de que estos pasos les indispusieran con los ingleses y la opinión pública mundial. Ciertamente algunos periódicos británicos relacionados con los liberales radicales pensaban que Francia habia provocado a los alemanes. Pero los ambientes que encabezaron en primer lugar la denuncia del caso Agadir en términos vehementes fueron precisamente británicos, exactamente el prestigioso periódico conservador "The Times" y la burocracia del Foreign Office afín a los liberales imperialistas, calificando el fondeo del "Panther" de "dangerous policy" ( política temeraria ). En el consejo de ministros del 4 de julio Grey arguyó que el acto alemán, sumado a los pasos previos de Francia y España, finiquitaban la vigencia de Algeciras y hacía necesario un nuevo trato a cuatro bandas, con los británicos como cuarto interlocutor. También se formularon los principios de negociación británicos: evitar un punto de apoyo alemán en el litoral mediterraneo, la negativa a cualquier intento de nuevas fortificaciones en la costa y oportunidades libres para el comercio y las inversiones inglesas. Se descartó el envío de un buque británico pero se ratificó el apoyo diplomático a París.
Las cosas se complicaban porque franceses y alemanes parecian estar de acuerdo en establecer conversaciones bilaterales marginando al resto de potencias. El conde Metternich había sido instruido por su gobierno para centrar llamar la atención en Londres sobre el cambio de las condiciones en Marruecos a resultas de las acciones francesas y españolas, y sostener que esas acciones hacían imposible el retorno al anterior status quo. Alemania se prepararía para buscar un entendimiento final con Francia sobre la cuestión marroquí, la cual sería posible en vista de los fluidos canales de comunicación entre Francia y Alemania. Grey, en cambio, mencionaba a España como uno de los poderes envueltos en las operaciones militares y por tanto a considerar en las negociaciones, a pesar de Paul Cambon intentó hacerle cambiar de parecer en una entrevista el 4 de julio. Ese mismo día, en un diálogo entre Grey y Metternich, el primero afirmó que el gobierno británico era “ de la opinión que una nueva situación había sido creada por el envío de un buque alemán a Agadir”. Esta era una clara deformación de la posición adoptada esa jornada por el gabinete londinense, que en su informe al rey especificaba meridianamente que la nueva situación había sido creada por Francia y España. Grey parecía estar jugando por su cuenta para endosar la entera responsabilidad de la crisis a los alemanes, y Metternich y a través de él , su gobierno, no supieron calibrar la trascendencia de la maniobra.
Nicolson y Crowe hasta proclamaron que una de las aviesas intenciones del envío del “Panther” era precisamente torpedear la Entente anglofrancesa. Incluso antes del estallido del asunto marroquí , en marzo de 1911, Crowe recelaba de las propuestas francesas para tender ferrocarriles mixtos francoalemanes en Marruecos, considerando esos planes como “un ejemplo flagrante de la viciosa politica en la que el gabinete francés esta empeñado...haciendo importantes concesiones políticas a nuestras expensas” Ciertamente la perspectiva de la falta de lealtad de Francia hacia sus socios de la triple Entente levantaba ampollas en el Foreign Office, aun cuando estos ataques de celos solían darse cuando un miembro de la Entente impulsaba por cuenta propia alguna clase de arreglo con Alemania.
Otros informes posteriores, como el de Bertie el 9 de julio reforzaron estas prevenciones. En el se recogía que Selves “estaba enterado de que el golpe de Agadir tenía el propósito de comprobar la solidaridad de la Entente de Francia e Inglaterra ". Es mucho más probable que Selves estuviera jugando con los celos de amante despechado de los funcionarios británicos, porque al mismo tiempo departía con el embajador aleman Von Schoen respecto a las compensaciones en el Congo. En este alineamiento del personal del Foreign Office seguramente tuvo mucho que ver el activo papel de Crowe, que seguía advirtiendo de la amenaza alemana, generando un ambiente de animadversión contra Berlin. Solo así se explica que frente al despliegue de 100.000 soldados franceses y españoles en Marruecos, la aparición de un cañonero de 1.000 toneladas y 125 tripulantes fuera tildada de “agresión despiadada”.
FOTO. EL EMBAJADOR ALEMAN EN FRANCIA ENTRE 1910-14, WILHELM E. FREIHERR ( BARON ) VON SCHOEN ( SCHÖN )
Es cierto que anteriormente la comunicación de Grey a los franceses sobre la decisión gubernamental del 4 de julio dejó a estos sobrecogidos: " que ellos [ los franceses] debian reconocer que, en buena medida por sus propias acciones, un regreso al status quo anterior se había convertido en muy dificil, si no imposible, y que podría hacerse necesario dar un mas definitivo reconocimiento que antes a los intereses alemanes en Marruecos" Del texto se podía deducir que los ingleses hasta consentirian ceder con condiciones un puerto marroquí al II Reich . Cailleaux se apresuró a aclarar las cosas y envió el 5 de julio un telegrama a su embajador afirmando que los franceses bajo ningún concepto cederian parte alguna de Marruecos a los alemanes. Los principios compartidos por todos los mandatarios y negociadores franceses se basaban en el rechazo a las concesiones territoriales a Alemania en Marruecos y preferencia por el dialogo bilateral, según se recoge en los telegramas intercabiados entre Caillaux y P. Cambon. Este último le pidió a Grey que aclarase a que tipo de compensaciones se refería el gabinete londinense y el 6 de julio se quejó de la negativa a enviar buques como contramedida y avisando de la facilidad con la que los alemanes podrían fortificar Agadir. Grey intentó tranquilizar a los representantes de la III República negando la posibilidad de presiones británicas que forzaran a Francia a modificar sus puntos de vista.
FOTO. PAUL CAMBON, EL INCOMBUSTIBLE EMBAJADOR FRANCÉS EN GRAN BRETAÑA DURANTE 1898-1920
Estos desencuentros en el interior de la Entente, no obstante, permanecieron ocultos para los observadores externos. En el discurso del 6 de julio ante la cámara de los comunes, el primer ministro Asquith fue conciliador, en línea con las medidas aprobadas por el conjunto el gabinete, pero a su vez volvió a defender la vigencia de la Entente con Francia y las obligaciones de Inglaterra hacia su socio, y dejó caer que la acción inapropiada de Agadir habia creado una nueva situación que comprometía los intereses ingleses. De nuevo se apreciaba el divorcio dentro del gabinete británico donde los portavoces de la tendencia liberal-imperialista deformaban las conclusiones consensuadas por el conjunto del gobierno. Igualmente, Bertie actuaba por su cuenta al prometer el 11 de julio a los franceses que Inglaterra rechazaría la entrega de un puerto marroquí del Atlántico a los alemanes.
Mientras, Crowe, con Nicolson y Bertie detrás, seguía insistiendo en las perversas intenciones últimas de los alemanes y esgrimiendo la posibilidad de que toda la crisis se saldara con un aislamiento británico; el 15 de julio escribió que Berlín estaba haciendo nada menos que“ una oferta determinada para una coalición francoalemana contra Inglaterra”. Las personalidades del Foreign Office tildaban automáticamente cualquier intento alemán para reclamar compensaciones por el abandono de sus derechos en Marruecos como una jugada retorcida para desmontar la Entente. Por supuesto, Selves y los miembros de la administración francesa se limitaron a alentar este punto de vista ( que les parecía descabellado pero ventajoso para sus intereses ) según les conviniera.
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