22.5.13

DREADNOUGHTS DE LA CLASE "KAISER"


Mientras que el gasto financiero para los dreadnoughts británicos construidos en 1908/09 disminuyó, la situación opuesta se daba aparentemente en Alemania. La principal razón para la diferencia era que en Gran Bretaña las 3 unidades de la clase “St. Vicent” permanecieron en su mayor parte idénticas en sus especificaciones a la clase precedente, pero en Alemania la clase “Helgoland” representaba la segunda generación de dreadnoughts, con armamento acrecentado respecto a los estándares internacionales.

Cuando la Royal Navy pasó del calibre 12 pulgadas al 13,5, el coste de los barcos subió encubiertamente cerca de un 23%. La Marina Imperial intentó mantener los costes estables para los barcos del presupuesto de 1909. Estas restricciones en el coste, en cualquier caso, podían impedir innovaciones técnicas.

De nuevo, la disposición de las torres salió a colación. Tirpitz todavía favorecía  “la disposición americana” de grupos de torres de tiro nutrido, que daba una andanada  lateral aumentada con el mismo número de piezas de cañón, pero parecía que consideraciones de política y costos excluían semejante disposición.

El 3 de julio de 1908 el consejero de construcciones Hans Bürkner ofreció un remarcable compromiso, que incluía el tipo de perfeccionamiento deseado por Tirpitz, y a la vez compatible con las restricciones financieras del presupuesto naval. Bürkner sugirió eliminar una torre, dejando un total de 5, y posicionar las torres centrales en escalón, en vez de la disposición hexagonal. La liberación de desplazamiento sería de 1.600 toneladas y el costo bajaría en 4,4 millones de marcos. No obstante, muchos en Reichs Marine Amt ( RMA, oficina naval del Reich ) se oponían a esta idea, siendo influenciados quizás por el hecho de que el joven Bürkner fuera designado personalmente por Tirpitz. Con todo no fue hasta enero de 1909 que Tirpitz finalmente aceptó la disposición en 5 torres, principalmente por razones económicas. En cualquier caso, los nuevos cruceros de batalla tenían semejante disposición, y cuando se supo que también lo había adoptado en el “Neptune” la elección pareció más aceptable. Aunque la opción de torres triples fue mencionada,  rápidamente se rechazó en base a los costos. Las estimaciones para los acorazados de 1909,  el Ersatz Hildebrand/ Kaiser ( el primer título en el nombre del presupuesto del barco ) fueron aprobadas en marzo de 1909.

Varías compañías alemanas habían sido animadas a desarrollar turbinas navales, de nuevo para prevenir un monopolio, como la cara patente Parson, que costaba un millón de libras por barco. Sin embargo la RMA compró una patente de Parson en 1908, así que podía actuar como una reguladora de precios. Las firmas de A.G. Vulcan, AEG Curtis, Krupp Germania y Schichau produjeron todas turbinas,  algunas de diseño impulso-reacción,  otras de tipo reacción. El tipo de diseño fue dejado abierto, pero se decidió rápidamente que tres ejes de transmisión serían usados, como en anteriores acorazados.

Una innovación técnica extra fue incorporada en el Ersatz Odin/ Prinzregent Luitpold. Se decidió instalar un motor disesel con la transmisión central; este accesorio fue de enorme significación, porque dos  sistemas completamente nuevos  de plantas de maquinaria estaban siendo ensayados al mismo tiempo. El uso de 12.000 hp diesel ofrecía una sustancial mejora en economía de combustible y más extenso radio de alcance, ahorrando en personal y en espacio y peso. Un motor diesel podía también proporcionar máxima potencia muy rápidamente, pero el efecto protector de la carga de carbón se perdía. Para utilizar el excedente de vapor que quedaba disponible, el “Prinzregent  Luitpold” tendría turbinas más grandes en los ejes de transmisión laterales. Desafortunadamente los motores diesel de gran tamaño no estaban todavía disponibles en ese periodo y el “Prinzregent Luitpold” tuvo que ser completado con una sala de máquinas desocupada  en el centro.


FOTO. EL "KÖNING ALBERT", UNO DE LOS 5 ACORAZADOS DE LA CLASE "KAISER" ( SERIE COMPUESTA POR: KAISER, FRIEDERICH DER GROSSE, KAISERIN, KÖNING ALBERT Y PRINZREGENT LUITPOLD )

Armamento

El armamento pesado del “Kaiser” consistió en 10 cañones de 305 mm SK  L/50  C/08, que estaban dispuestos en montajes Drh. L  C/1909. Tal como fueron montados originalmente, los montajes permitían una elevación de +13,5º  y una inclinación de -8º, lo cual les otorgaba un alcance de 18.700 metros. En 1916 los montajes fueron alterados para proporcionar una elevación de +16º hasta una inclinación de -5,5º, proporcionando  un alcance aumentado hasta los 20.400 metros.

Un total de 860 proyectiles eran transportados, dando una provisión de 86 proyectiles por pieza. Durante la Primera Guerra Mundial, la carga propelente de munición venía en dos partes, una carga delantera y una carga principal. La carga previa era una bolsa de seda y consistía en 34,5 kg de cordita RP C/12 ( “RP” indicaba propelente  de pólvora tubular ). La carga principal venía en un cartucho de latón con un ignizador  y consistía en 91 kg de cordita RP C/12. Estas cargas permitían a los proyectiles blindados de 405,5 kg ser disparados a la excelente velocidad inicial de 855 metros por segundo, y el veloz ratio de fuego era de 3 salvas por minuto.

La artillería de calibre medio consistía en 14 piezas de 150 mm SK L/45 en pivotes MPL C/06. Al comienzo su alcance era de 13.500 metros, pero fue incrementado a 16.800 metros en 1915. Un total de 160 proyectiles blindados y de alto poder explosivo eran asignados por cañón, totalizando 2.240 proyectiles.  El peso del proyectil era de 45,3 kg y una cadencia de fuego de 3-4 salvas por minuto podía ser mantenida. Incluso con una alta velocidad inicial de 835 metros por segundo, la vida del ánima era todavía de 1.400 descargas.

8 piezas de 88 mm L/45  MPL  C/06 y 4 piezas de 88 mm SK  L/45  C/13 antiaéreas fueron también montadas. Estas últimas eran un armamento excelente y podían disparar proyectiles de 9 kg en una cadencia de 15 salvas por minuto; un total de 2.800 cargas eran transportadas. Durante la guerra los 8 cañones de 88 mm anti-torpederos fueron retirados y sus aberturas selladas.

Un total de 5 tubos lanzatorpedos de 50 mm fueron instalados con una reserva de 19-20 torpedos. El tipo usado era el G/6c  de 500 mm de diámetro.  Tenía una longitud de 6 metros y portaba una cabeza explosiva de 160 kg. El alcance de este armamento era de 5.000 metros a 27 nudos y 2.200 a 35 nudos.

8 reflectores de 110 cm estaban instalados en 2 grupos de pedestales adyacentes  a los ante mástiles y mástiles principales. Funcionaban a 120 amperios.

( Traducido, con ligeras rectificaciones,  del original " German Battleships 1914-18 [ 2 ] " de Gary Staff,  )

9.5.13

DREADNOUGHTS DE LA CLASE "HELGOLAND"

El 13 de febrero de 1908 el Káiser Guillermo II firmó la orden de construcción para los buques de línea de 1908, la clase "Helgoland". Los primeros 3 navíos fueron incluídos en el presupuesto de 1908, mientras que el "Oldenburg" sería incorporado al presupuesto de 1909. Como las serie previa, los contratos de fabricación fueron sacados a concurso. El "Ostfriesland" fue adjudicado al Astillero Imperial, en Wilhelmshaven, mientras que el "Helgoland" y "Thüringen" fueron adjudicados a astilleros privados. Los concursantes vencedores fueron Howaldtswerke en Kiel y A. G. Weser en Bremen. Howaldt había ofrecido un presupuesto especialmente bajo para ganar el contrato, y su exitosa negociación salvó a la compañía de la bancarrota.

Como consolación, Tirpitz, encargó el acorazado del presupuesto de 1909, el "Oldenburg", a Ferdinand Schichau, en Danzig, antes siquiera de que el presupuesto siquiera hubiera sido aprobado por el Reichstag. Incluso antes de que ningún pago fuera girado, Schichau empezó a encargar materiales y hacer preparativos para poner la quilla. Esta actividad tuvo el efecto de aparentar que Alemania estaba construyendo barcos incluso a un ritmo más acelerado y levantando el pánico en  Londres. Este pánico condujo a la campaña "queremos ocho y no esperaremos" ( " We want eight, and we won´t wait")  en la prensa británica, y en abril de 1910, 8 buques de línea fueron puestos en gradas en los astilleros británicos. El secretismo alemán había insospechadamente conducido a una carrera en el armamento naval.


El ACORAZADO "OLDENBURG", ÚLTIMO DE LA SERIE "HELGOLAND"


Armamento

El principal armamento de la clase "Helgoland" fue el nuevo cañón de 305 mm SK L/50 montado de nuevo en una disposición hexagonal. A instancias del jefe del departamento de armamento, ánimas del calibre 50 de longitud fueron elegidas en lugar del calibre 45 L/45. Estos cañones trajeron un significativo incremento en las prestaciones, con solo un leve incremento en el peso. Todas las torres fueron fabricadas con telemetro y tenían una cámara de maniobra que rotaba con la torre (...)

La artillería de calibre medio consitía en 14 cañones de 150 mm SK L/45 C/06 en pivotes montados en casamatas blindadas. Estos cañones tenían un alcance de 13.500 metros pero despues de 1915 el alcance se incrementó a 16.800 metros. La cantidad total de esta munición disponible en los pañoles era de 2.100 proyectiles. El peso de estos era de 45,3 Kg y podían dispararse con una cadencia de 3-4 disparos por minuto. Incluso con la alta velocidad inicial de 835 metros por segundo, la vida del ánima era todavía aproximadamente de 1.400 disparos. Un total de 14 piezas de 88 mm SK  L/45 de defensa contra torpederos fueron montados en el casco y la superestructura. Desde ellos un proyectil de 9 Kg podía ser disparado a una velocidad inicial de 890 metros por segundo, transportando un depósito de  2.400 proyectiles

( Traducido, con ligeras rectificaciones,  del original " German Battleships 1914-18 [ 1 ] " de Gary Staff, pag. 35-38 )

24.8.12

TRADUCCIÓN: "REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA MUNDIAL" DE BETHMANN-HOLLWEG: CAPÍTULO "El estallido de la guerra" 3ªparte

[Correspondientes a las páginas 133-146 de la edición inglesa de 1920]

¿ Movilizó Rusia, entonces, porque se sintió amenazada? Vamos a echar un vistazo a las diferentes fechas de movilización. El 25 de julio Servia movilizó al recibir el ultimatum austríaco , y el mismo día 25 de julio un consejo ministerial, mantenido en presencia del Zar, "contempló la movilización del 13º cuerpo de ejército previsto para operaciones contra Austria". Esta movilización parcial era equivalente a una movilización general contra el frente austríaco, y sería puesta en ejecución "tan pronto como Austria procedió a tomar acciones militares contra Servia". El ministro de exteriores fue instruido e investido para " determinar el momento de la movilización" ( libro amarillo, Nº50 ) Parecería por tanto, que Rusia desde el primerísimo momento, acudió en apoyo de Servia contra Austria mediante la movilización al menos, y , suficientemente curioso, dejó la decisión de semjante medida militar en las manos del ministro de exteriores.

El señor Sassonow puso exactamente la decisión del consejo de ministros en práctica el 29 de julio despues de que Austria hubiera el día antes, esto es, el 28 de julio, declarado una movilización parcial que estaba en cualquier caso dirigida contra Servia y simultaneamente a la declaración de guerra a Servia. La respectiva entidad de las tropas movilizadas el 29 de julio muestra que las 24 divisiones austrohúngaras estaban enfrentadas a 39 divisiones rusas y 15 servias, en total, 54 divisiones.


 Nosotros mismos no estábamos en completo acuerdo sobre como estabamos procediendo oficialmente. El minsitro de la Guerra, general Von Falkenhayn, pensaba que era un error declarar la guerra a Rusia no porque él considerara que pudiera evitarse tras la movilización rusa, sino porque temía que el efecto político sería perjudicial para nosotros. El jefe del Estado Mayor, el general Von Moltke, estaba en el otro lado, a favor de declarar la guerra, porque nuestro plan de movilización previsto para una guerra de dos frentes, requería que las acciones militares fueran tomadas inmediatamente y porque nuestras esperanzas de éxito contra la enorme superioridad numérica que dependían de una extremada rapidez de movimientos. Yo mismo estaba de acuerdo con el punto de vista de Von Moltke. Por supuesto, no me hacía ilusiones sobre el efecto de la cuestión de la responsabilidad por la guerra que nuestra declaración formal tendría y realmente tuvo. Pero era imposible en ese momento cuando la existencia del país dependía enteramente de la acción militar oponerse a los argumentos militares, bastante razonables en si., del genral que era rsponsable de las operaciones militares. La unanimidad del pueblo alemán de ninguna manera disminuyó por la declaración de guerra contra Rusia.

Es bien conocido que hemos sido criticados por otras partes en sentidos enfrentados. El retraso en la movilización y en el principio de las operaciones militares nos habrían ocasionado irreparables
perjuicios como ya se ha comentado. Solamente los expertos militares pueden juzgar si una ganancia de dos o tres días habrían sido una importante ventaja militar. Pero nadie en su sano juicio puede mantener que por no haber golpeado unos pocos días antes nosotros perdímos la guerra, y ese es realmente todo el asunto. La misma réplica puede ser hecha a los que reprochan que hicimos insuficientes preparativos económicos y financieros para la guerra, y que, políticamente hablando la guerra fue malamente orquestada. Estas críticas, que han sido antes mendionadas, no son enteramente infundadas. La experiencia de la guerra ha mostrado que Alemania tendría que haber guardado en reserva un considerable fondo de cereales, alimentos y materias primas. Hubo indiscutiblemente algunas neglicencias en esto que se percibieron hace bastante.
Pero la omisión no puede ser criticada respecto al corto  plazo. Semejantes preparativos fueron en buena medida imposibles  en vista de la insospechada rapidez con la que la crísis se desarrolló; digamos, preparativos que podían haber sido de verdadero alivio para nosotros en una guerra de cuatro años. La pérdida de la guerra poco pudo ser evitada deteniendo la exportación de harina y el tráfico de unos pocos barcos, por importantes que fueran algunos de ellos, o haber importado todo el grano que hubieramos podido conseguir, en el curso de julio de 1914. Estos asuntos no tuvieron incidencia decisiva en relación a las ilimitadas demandas que cayeron sobre nosotros durante la guerra. No veo claramente como una auténtica guerra defensiva puede ser escenificada. La mas inteligente gestión, y yo soy consciente que mi propia caida fue de lejos por causa de ello, no podía haber evitado hacer cosas que pudieran haber sido interpretadas como la consecuencia de intenciones agresivas, y que en nuestro caso ciertamente así habrían sido interpretadas. Y mientras algo de esta clase no habría sido solamente falsear los acontecimientos, además podía haber tenido efectos fatales sobre nuestra resolución interna. Yo lo contemplo como una responabilidad moral para eludir ambos peligros bajo todas las condiciones; el 4 de agosto mostró eventualmente que mi actitud no era del todo injustificada.
 El papel de Francia en la gran tragedia de 1914 fue condicionado por su alianza con Rusia y por la reactivación de la idea de la revancha bajo el régimen del señor Poincaré . Francia indudablemente no había perdido tiempo en prometer lealtad ilimitada a una Rusia socia que había tomado su postura detrás de Servia inmediatamente después del estallido de la crisis servia. Tan pronto como el 24 de julio el embajador servio en San Petersburgo estuvo dispuesto a proclamar triunfalmente a nuestro embajador que él pronto estaría convencido que no era una cuestión austro-servia sino europea la que estaba a la orden del día. En esto él estaba claramente repitiendo lo dicho por Rusia y difícilmente Sassonow pudo haber usado expresiones groseras acerca de Viena si hubiera tenido razones para temer una censura desde Paris. No se han encontrado señales de que Francia realmente apaciguara los ánimos de la excitación rusa. La inclinación originalmente mostrada por el representante de Viviani para reconocer el derecho de Austria a obtener satisfacción de Servia se transformó en un telegrama del primer ministro enviado a su regreso de San Petersburgo tomando partido por Servia con determinación.



Algo muy distinto de la buena voluntad fue mostrado desde el principio en los infatigables esfuerzos de Francia en poner en cuestión la autenticidad de nuestros esfuerzos por la paz, y dando paso a la sospecha de que nosotros estábamos solamente usando el asunto servio como un pretexto para caer sobre Francia. El señor Jules Cambon argumentó en todos sus despachos con su usual habilidad para el debate la asunción falaz de que los fomentadores de la guerra debían buscarse en Berlín. Las tentativas que hicimos en Paris para traer la acción pacificadora en San Petersburgo no solamente encontraron un muy profundo recelo sino que fueron reproducidas en la prensa en “formas distorsionadas”. Claramente la única ansiedad de Paris era no comprometerse así misma con la diplomacia alemana a los ojos de los Aliados, para no aparecer como un socio tibio, ni causar inquietud de manera alguna a su compañero ruso.



El gabinete francés en ese momento consideraba su principal objetivo atraer a Inglaterra a entrar en la guerra. Tanto los documentos ingleses como franceses dan una vivaz imagen de la persistencia y obstinación que el señor Paul Cambon mostró en sus negociaciones con sir Edward Grey. Como quiera que Grey mantuviera en estas conversaciones la ficción de que las manos de Inglaterra permanecían libres, el señor Cambon tuvo muy pocas dificultades en lograr al final éxito persuadiendo al hombre de estado inglés. El pacto fue concluido cuando Francia, finalmente, el 1 de agosto obtuvo la garantía de que la flota inglesa impediría a los navíos alemanes atravesar el canal y defendería la costa francesa de ataques alemanes. Este fue el momento en que Inglaterra finalmente abandonó su neutralidad y se comprometió. Francia había obtenido lo que buscaba.



El gobierno francés hizo uso de otros recursos en su búsqueda del apoyo inglés que es muy característico de su actitud en el conjunto de la crisis. Fue, no puede expresarse de otro modo, la falta de veracidad en su representación de lo que estaba pasando auténticamente. No solamente Viviani sino también el señor Poincaré personal y persistentemente mantuvieron que la movilización general rusa fue resultado de una movilización universal austriaca. Ya he dado cuenta, y el hecho es notorio que los carteles de la movilización rusa habían sido leídos por todas las calles de San Petersburgo temprano por la mañana del día 31 de julio mientras la movilización austríaca fue decidida varias horas más tarde. Este fue de hecho justo el punto en el que el gabinete francés se alzó en este proceder; y la postura militar de Alemania fue tratada por los hombres de estado franceses de una manera desleal. Yo había instruido a nuestro embajador en París, el barón Von Schoen para indicar al gobierno galo que una continuación de los preparativos militares franceses nos forzaría a dar pasos en nuestra defensa. Tendríamos que proclamar un estado de amenaza de guerra, que no necesariamente implicaría la movilización, pero debía necesariamente incrementar la tensión. Todavía esperaba, con todo, que la paz pudiese ser preservada. El señor Viviani tergiverso estas instrucciones en su telegrama del 1 de agosto a Paul Cambon asegurando que nosotros habíamos hecho una temprana proclamación del estado de guerra, y encubierta bajo esta había empezado la movilización misma. Y el 1 de agosto el señor Viviani expresó su sorpresa al barón Von Schoen con referencia a su notificación de la movilización alemana, porque Alemania estaba dando semejante paso en un momento en el que amistosos intercambios de opinión estaban teniendo lugar entre Rusia, Austria y otras potencias. El señor Viviani así admitió que la diplomacia estaba todavía trabajando, con buenas perspectivas, y acusó a Alemania de haber perturbado arbitrariamente este buen trabajo, aunque el sabía perfectamente que esta acción diplomática se debía, sobre todo, a los esfuerzos de Alemania y que en Rusia quien la había interrumpido mediante la movilización. Cuando el zar mismo, en su telegrama al Káiser el 29 de julio declaró que él veía claramente que las medidas militares que le estaban siendo impuestas, por sus consecuencias debían conducir a la guerra, y cuando sir E. Grey el 30 de julio reconoció que la suspensión de las medidas militares rusas ofrecía la única, si bien extremadamente remota, oportunidad de mantener la paz, entonces es imposible conceder que el señor Viviani no se hubiera dado cuenta del significado de la movilización rusa de la cual la alemana fue una mera réplica.

Finalmente, es particularmente observable que el señor Viviani, al ser informado por el barón Von Schoen de nuestro ultimátum a Rusia a las 7 de la tarde del día 31 de julio, acto seguido pretendió que él no tenía conocimiento de la presunta completa movilización de Rusia.
Tal ignorancia inocente es simplemente inexplicable. Es evidencia de una mala postura tomar refugio en la falsificación, y no hay duda del objeto por el cual el gabinete francés adoptó semejantes tácticas. Era necesario aparentar, incluso por medios cuestionables, que la movilización general rusa había sido provocada por las Potencias Centrales. No solo podía ser llevada a mejor término la manipulación política de Inglaterra sino que la reacción procedente de la misma Francia podía ser penosamente necesaria.



El francés paisano y trabajador no quería ir a la guerra por Servia, y no deseaba derramar sangre francesa por las ambiciones rusas sobre Constantinopla. Posiblemente el chovinismo en julio de 1914 no se hubiera achicado ante la guerra por la nostalgia de Alsacia-Lorena; pero difícilmente el pueblo francés habría suscrito esto. Aunque la idea profunda de revancha estaba arraigada sería equivocado creer que por si misma tendría fuerza para sostener una guerra de ofensiva. Hasta donde yo sé, Paris es la única capital donde, en julio de 1914, hubo demostraciones callejeras contra la guerra. Wilson se pasa cuando dice en su octavo apartado de los 14 puntos que Alsacia-Lorena ha impedido la paz en el mundo por cerca de medio siglo. Las provincias perdidas impidieron que la atmósfera internacional fuera cristalina. Pendieron como una nube de tormenta. Pero el trueno mismo vino finalmente de otros lugares. Fueron las autoridades rusas quienes fueron las apasionadas protagonistas, los franceses fueron meros comparsas. El pueblo francés tenía que ser convencido a toda costa de que nosotros éramos los truculentos agresores. Eso ha reforzado la extraordinaria energía con la que Francia ha peleado a través de estos crueles años de conflicto.


Si la guerra había estallado en el Este, Alemania se habría encontrado con una muy comprometida posición en el Oeste. Podíamos anticipar con certeza que Francia no dejaría a su aliado ruso plantado. Cuando el gobierno francés, a nuestro requerimiento, hizo su bien conocida réplica de que Francia actuaría según su propio interés lo precisara, no tuvimos elección sino declarar la guerra a Francia. Y por tanto nosotros mismos nos hicimos aparecer como el agresor, incluso cuando nosotros creíamos poder aducir evidencias previas agresiones por las tropas frnacesas. Yo no pienso que nosotros hubieramos podido evitar ser forzados a clocarnos en esta posición. La rapidez de las decisiones militares a las cuales nos vimos constreñidos por la movilización rusa no nos permitió adoptar una estrategia pasiva respecto a Francia, no admitiendo tiempo para transacciones en pro de una mejoría de nuestra posición política. La agresión de Rusia dictó nuestra actitud tanto como la naturaleza de una ofensiva lo hace.


1.7.12

TRADUCCIÓN "REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA MUNDIAL" DE BETHMANN HOLLWEG. CAPÍTULO:"El estallido de la guerra" 2º parte PAG 111-119



Nosotros abogamos seriamente en Viena por la aceptación de la mediación deseada por Grey, y a pesar de las mas fuertes presiones habíamos fallado. Resturamos de nuevo las conversaciones directas entre Viena y San Petersburgo. En esta última conexión yo mismo le dije al conde Berchtold: " Aunque nosotros estamos completamente preparados para cumplir con nuestras obligaciones recogidas en los tratados, debemos rehusar deslizarnos  a una conflagración mundial a causa de Austria-Hungría". Nuestra gestión en Viena fue eficaz. Pero no pudimos salvar la paz porque San Petersburgo se mantuvo en sus trece. Y San Petersburgo rehusó porqu Inglaterra no frenó su belicosidad. No hubo ultimatum ingles en San Petersburgo puesto que Grey no deseaba algo semejante. Porqué no fue más allá admite varias lecturas, pero el permitió que su consejo fuera abandonado sin protestar. A medida que la marea del militarismo crecía y crecía en San Petersburgo él no hizo nada decisivo para contenerla. Las diversas medidas inglesas de mediación siempre tomaban el aspecto de presiones sobre Viena, mientras que las presiones sobre San Petersburgo eran, comparadas con las ejercidas sobre Viena, conspiscuas por su ausencia. Esa es la verdadera razón por la que nuestra mediación se probó en la práctica ineficaz

El proceder que habíamos percibido en la "misión Haldane" se reprodujo en la actitud británica en esta ocasión.

En ese tiempo Inglaterra estaba buscando un entendimiento con Alemania, pero sin mencionar nada que pudiera acongojar a Francia, lo que producía un círculo vicioso. Ahora Grey quiso preservar la paz, pero solamente siempre que las ambiciones rusas no fueran  afectadas, incluso más allá de una reducción al absurdo. Así que lo que Inglaterra había sembrado, debía cosechar.

Sir E. Grey había atado sus propias manos por su profunda dependencia de la alianza francorrusa y por fortalecer esa alianza por su propia y libre voluntad por convenciones  militares. Ya no era libre. Claramente, él tenía el sentimiento de que tras semejante acción su honor no le permitría hablar firmemente a sus amigos del Neva.

Tampoco Alemania era libre. Pero no estaba atada en el mismo grado. Incluso en los más críticos momentos nuestros tratados con Austria-Hungria no nos habían impedido  tomar las enfáticas acciones para imponer moderación cuando era requerida en el intrés de la paz sobre nuestros amigos y aliados. ¿ Pero teníamos alguna opción si dejabamos a Austria librada  a su destino en un asunto tan vital como este?

Habíamos fracasado en retratar el venenoso colmillo de la alianza francorrusa y encontrar así un entendimiento con Inglaterra. Esta había claramente indicado a los francorrusos que apoyaría su política no solo diplomáticamente sino militarmente también.  La política de la Alianza era belicosa. Poincaré era un representante del revanchismo. Rusia estaba convencida de marchar sobre Constantinopla , y su ruta pasaba a través de Berlín y Viena. Los batallones rusos estaban multiplicándose gracias al dinero francés de año a año , Francia había incorporado el servicio militar de 3 años bajo la presión Rusia, y no había duda de la voluntad de ir consolidando esto a lo largo del tiempo. La cooperación pacífica  internacional no era el objetivo de los gabinetes concernidos. El ángel de la paz no había apaciguado el agitado espíritu de la guerra boer, la guerra rusojaponesa, de la quiebra de la paz en Trípoli, de la conspiración balcánica. Los grandes estados estaban solamente ocupados en la búsqueda propia del poder material, y las muertes en masa no parecían un precio excesivo para la adquisición y asimilación de ese poder. La política alemana veía la existencia de Alemania como una gran potencia haciendo equilibrios sobre la punta de bayonetas hostiles. Veía como su único aliado fiable sentenciado a una temprana destrucción si se le negaba el poder de anular las minas que habían sido instaladas bajo los fundamentos de su casa. Si este aliado  colapsaba o desertaba al campo enemigo  por el fallo de sus amigos en proteger sus intereses vitales, entonces Alemania estaría totalmente aislada.
Sería estrujada hasta la muerte por un círculo de enemigos, agrupados en una campaña común por el dominio del mundo aunados por el disgusto celoso ante un creciente competidor comercial, por la animadversión de la raza eslava  contra los teutones, y por una voluntad de venganza por la victoria de 1870.

Y esa es la razón por la que la política alemana entendía como apropiada la decisión de Austria de tomar acciones contra Servia como la forma de garantía renovada de su adherencia a la alianza.

Soy bien consciente de que en vista del subsecuente curso tomado por la guerra semejante razonamiento, o incluso toda la línea argumental puede ser cuestionada en conjunto. Pero aquellos que nos juzguen razonablemente y quienes no meramente buscan un chivo expiatorio están legitimados para preguntar porque la política alemana no fue guiada para evitar ser colocada en los colmillos de este dilema. Yo pienso que esta cuestión sobreestima ampliamente la libertad de acción que presidía nuestras decisiones en la última década. Alemania también había caído bajo el hechizo del ideal de poder que entonces dominaba el mundo entero. Si intentábamos averiguar lo que estaba en la mente de Bismarck nosotros vemos que su constante  preocupación por su "pesadilla de coaliciones" puesto que Alemania habiendo rebasado el punto de saturación, y  limitada en temas navales y coloniales , todo apuntaba a la consciencia de los peligros que rodeaban a una Alemania que había sido, como todos los grandes imperios del mundo,  construida por la fuerza. Alemania había entretanto crecido en vigor tan increíblemente, y tan precipitadamente, que había sido forzada a tomar su puesto en la política mundial y había sido infectada con los ideales de poder peculiares en este periodo. Esto había desembocado en un nuevo rumbo que ya podía claramente sortear los escollos que Bimarck  había oteado con amplia perspectiva. Nuestra política naval y oriental son probablemente los más características rasgos
de esta nueva línea. Ningún hombre de estado alemán habría sido lo suficientemente fuerte para poner el timón sobre un diferente curso a menos que pudiera asegurar a su pueblo que con toda probabilidad humana los conflictos del gran mundo en los cuales Alemania se viera envuelta podrían ser  solventados por negociaciones pacíficas y no por la espada. Y la única manera de hacer esto, lo mantengo a pesar de todo, era a través de un entendimiento con Inglaterra

Francia estaba entregada al ideal de la revancha, Rusia a su histórica misión en los Balcanes y los Estrechos, Austria a sus dificultades internas, y ninguna de ellas podía tomar el liderazgo. Alemania e Inglaterra me parecían los únicos Poderes libres para actuar y que no estaban mediatizados por ninguna fuerza fundamental enfocada hacia algún cambio concreto en el status quo. Lord Haldane no dudará en recordar una noche en mi casa cuando le explique pormenorizadamente que un entendimiento real entre nuestros países garantizaría la paz y gradualmente guiaría a las Potencias lejos del espectro del imperialismo militarista al polo opuesto de una pacífica y amigable cooperación. Pero hasta él prefirió la supremacía británica asegurada por los dreadnoughts y la amistad francesa

Así, de que modo Alemania podría haber planteado contra una obstinada determinación de no liberar al sistema europeo de coaliciones de su amenaza militar, sino mas bien  a aumentarlo y agravarlo, estaba fuera de cuestión puesto que Alemania no podía emprender sola un camino en el cual nadie la acompañaría. Alemania tenía que mirar los hechos brutales a la cara y reconocer que la política de los gobiernos estaba inspirada no por grandes principios humanos, sino que las jefaturas estatales no aspirarían a nada mas elevado que saciar sus ambiciones en las oportunidades de la guerra La política alemana fue así forzada a recurrir a paliativos en la esperanza de que el inminente mal podría al final ser prevenido por aplazamientos. Pero desde que esto había privado a Alemania de presentar un carácter más amistoso al grupo de Potencias opuestas, también ahora Alemania estaba determinada a no hacer nada que pudiera debilitar a su propio grupo. Y esta fue la razón final de porqué la alianza con la monarquía danubiana fue la piedra toque de nuestra política. Nosotros habíamos exitosamente evitado que esta política nos comprometiera en un conflicto con Rusia durante las guerras balcánicas. Incluso habíamos cooperado en los designios rusos sobre Constantinopla mediante repetidas garantías al gabinete ruso de que no pondríamos dificultad en la cuestión de los Estrechos, manteniendo de ese modo nuestra política tradicional de no permitir que nos usaran como subalternos de  aquellos más directamente interesados en este tema.

[ Nota del Autor: Rusia elevó esta cuestión en Berlín a fines de 1911; desde ese momento ellos no volvieron a abordarnos respecto a sus ambiciones en los Estrechos. El gobierno de San Petersburgo había desautorizado y subsecuentemente retornado a su embajador en Constantinopla, Tcharikow, quien desde 1911 había estado presionando por la apertura de los Estrechos, y esto teniendo en cuenta la oposición británica. Su sucesor, el señor De Giers, en una larga conversación en marzo de 1914 con el embajador alemán explicó su programa político, si fuera llamado a suceder a Sassonow. Este programa estaba basado en un acercamiento germanoruso, y garantizando la integridad territorial turca iría lejos en satisfacer las ambiciones rusas allí. Herr Von Wangenheim se mantuvo escéptico respecto a la propuesta, y con justificación desde que han sido expuestas las publicaciones de documentos confidenciales por los bolcheviques. El señor Giers había asimismo tomado parte en la muy citada conferencia del 21 de febrero de 1914 en la cual se discutió una acción militar en los Estrechos, sin, tan lejos como registra el protocolo, ningún punto de vista disidente. Que justo en el momento en el cual el Zar  estaba ratificando los proyectos de Sassonow, él hubiera tenido éxito en conseguir su consentimiento a una política de preservación de Turquia sobre las bases de un entendimiento ruso-alemán parece poco probable Si el señor Giers hubiera podido llevar a cabo su propia política el podría haber sido  relevado tan fácilmente como lo fue Tcharikow Y si, como sucesor de Sassonow, el se hubiera enfrentado con la cuestión de como reconciliar la política de aproximación germanorusa con una estracha relación con las potencias occidentales, no había duda de que él habría repetido la experiencia de Postdam. Esto no puede ser comprobado puesto que Sassonow siguió en su puesto y llevó adelante su política belicosa ]

¿Podriamos haber resulto el problema sacrificando a Austria-Hungría? Si Austria hubiera caido el mundo eslavo habría asegurado el exito de siglos. Semejante indiscutible conquista por Moscú habría presionado pesadamente sobre el Oeste. Alemania solamente habría sobrevivido a la caída de Austria como un vasallo del potentado oriental. La era de Nicolás I habría sido revivida bajo Nicolás III [ N. del Traductor: desconocemos si se trata de una errata de la edición y se refería realmente al zar Nicolás II o hacía una previsión de futuro en un supuesto "Nicolás III"], con diferentes condiciones. Los opresores de Alemania podrían entonces haber determinado en su caso el día en el cual Alemania cesaría de existir como gran potencia.

Yo considero que semejante capitulación habría sido imposible.

Una leyenda a la que se le ha dado amplia circulación asigna el origen de la guerra a un consejo de la Corona que seguro se dijo el Káiser habría sostenido en Postdam el 5 de julio de 1914. Incluso los alemanes creen esta fábula, aunque nuestros oponentes, quienes ciertamente no habrían pasado por alto semejante hallazgo, no dicen nada sobre tal consejo de la Corona en sus publicaciones oficiales. Aun más, cualquier investigación, hasta la mas somera, debe haber demostrado que la mayoría de esos declararantes pretendidamente presenciales no podrían haber estado en Postdam o siquiera en Berlín.

Como relato de los hechos, lo que ocurrió fue esto: el 5 de julio, el conde Szogyenyi, embajador de Austria, tras almorzar con el emperador le entregó una carta autógrafa del emperador Francisco José, junto con un memorandum de su gobierno. Este memorandum trazaba un exhaustivo programa balcánico de un carácter de largo alcance, en el cual se daría jaque mate a los planes rusos mediante fuertes contramedidas diplomáticas. Esta política buscaba apoyar a Bulgaria y Turquía contra un ahostil Servia,  en vez de una Rumania que ya no era de fiar. El obejtivo era una alianza balcánica con la exclusión de Servia bajo la égida de las Potencias Centrales. El incidente de Sarajevo fue aducido como evidencia de que el conflicto entre Austria y Servia era irreconciliable y lo que la monarquía debía esperar era una obstinada y agresiva hostilidad de Servia. El manuscrito del emperador sintetizaba brevemente , y sugería que la política pacifica de las Potencias estaba amenazada si la agitación en Belgrado era consentida.  El Káiser recibió ambos documentos con la advertencia de que él solo podría responder despues de consultar al canciller. Al atardecer de ese mismo día el Káiser me recibió a mí y al secretario de exteriores, Zimmermann, que representaba al ministro Von Jagow, entonces de baja. 

28.12.11

EL REPLANTEAMIENTO DE LA ESTRATEGIA NAVAL BRITÁNICA EN 1912

El paulatino naufragio de las conversaciones navales angloalemanas y los detalles sobre la llamada “Novelle” ( la prevista ley naval alemana de 1912 impulsada por Tirpitz ) que trajo la misión Haldane después de su viaje a Berlín en febrero de 1912 precipitaron una serie de acontecimientos en cadena que terminaron por enrarecer definitivamente las relaciones entre el II Reich y Albión.


Uno de esos acontecimientos fue el replanteamiento de la estrategia de la Royal Navy para el caso de un conflicto generalizado con la Triple Alianza.


La enmienda de la ley naval alemana permitía  un incremento de dos a tres buques de línea encargados por año hasta 1919, con una inversión de 348 millones de marcos, aunque finalmente se estimó que en realidad serían dos y tres en años alternos, rebajando el desembolso a 250 millones de marcos. En consecuencia el presupuesto de 1913  ya contemplaría  los fondos para los dos primeros y potentes acorazados de 32.200 toneladas de la clase “Bayern”.  El 31 de enero de 1912 Winston Churchill, flamante y joven Primer Lord del Almirantazgo señaló que el previsible incremento de la escuadra alemana le obligaría a traer de regreso a casa a los buques de combate destacados en el Mediterráneo. Esa decisión exigiría, ni más ni menos, confiar en el apoyo francés en aquellas aguas, hasta el punto de sacrificar la sacrosanta autonomía británica en materia naval. Un reconocimiento práctico de que los recursos propios eran insuficientes para sostener el predominio en los océanos que Gran Bretaña había ostentado indiscutiblemente desde 1805. El retorno de Lord Haldane con una copia pormenorizada de la ley naval alemana aceleró las decisiones sobre la redistribución de la flota inglesa.


                                    EL ALMIRANTE TROUBRIDGE


Sin consultar al Comité de Defensa Imperial ( CID ), Churchill y su equipo estudiaban los ajustes necesarios. El 2 de febrero de 1912 el almirante E. Troubridge, secretario del Primer Lord del Almirantazgo, elevó un informe mencionando las repercusiones de la retirada de los 6 dreadnought estacionados en el Mediterráneo: se perdería capacidad de presión sobre Italia, comprometería los intereses comerciales, desestabilizaría el punto clave de Egipto, y sería un revés diplomático. Y para colmo se calculaba que hacia 1915 serían precisos nada menos que 12 dreadnoughts para tareas defensivas en dicho mar, a juzgar por los trabajos en curso en los astilleros italianos y austro-húngaros. Pero Troubridge pensaba que el dominio en el mar del Norte era crucial, por encima de otras consideraciones, puesto que la rivalidad con Alemania alcanzaba su punto álgido: “ la situación entre Gran Bretaña y Alemania y sus aliados es a todos los efectos un estado de guerra sin violencia presente”.


Churchill y el reputado almirante Fisher veían a Francia como el socio que podría hacerse cargo de la seguridad de los intereses británicos en el Mediterráneo. Estos planes elaborados en exclusiva por el Almirantazgo fueron conocidos públicamente por primera vez durante la sesión del 18 de marzo de 1912 en la cámara de los Comunes, cuando Churchill en persona los mencionó. Las conversaciones postreras de la misión Haldane no se habían roto definitivamente, pero las perspectivas eran ya claramente pesimistas. Según explicó Churchill, el aumento del poderío naval teutón solo dejaba una elección: concentrar la Royal Navy en las aguas metropolitanas. A partir de ese instante la denominada Primera Flota sería la espina dorsal del despliegue británico. Constaría de cuatro escuadrones de 8 acorazados modernos y un buque insignia cada uno. La complementarían las llamadas Segunda y Tercera Flota, engrosadas por unidades acorazadas anticuadas.

¿ De dónde saldrían los componentes de la Primera Flota? Tres de sus escuadrones procederían de las antiguas flotas del Atlántico y Nacional. La cuarta provendría del Mediterráneo, aunque no estaría estrictamente ubicada en puertos británicos, sino en Gibraltar. Desde esa estratégica posición podría continuar interviniendo en el Mare Nostrum pero Churchill especificó que sus movimientos siempre estarían regidos por el criterio principal: la vigilancia sobre la flota alemana.



Poco después una circular del Almirantazgo, el 1 de mayo, implementó las instrucciones del nuevo ordenamiento. Inicialmente la trascendencia y alcance de las medidas pasaron un tanto desapercibidas tanto a los círculos administrativos, prensa y opinión pública, distraídos por los últimos estertores de las negociaciones angloalemanas y la catástrofe del “Titanic”. Ni siquiera en Paris parecían darse por aludidos por el enorme voto de confianza que les estaba otorgando el Almirantazgo británico

                                           LORD HALDANE

Sin embargo el fracaso definitivo de la distensión propuesta por Haldane a mediados de abril puso en primer plano las discusiones sobre los pasos a seguir ante el nuevo panorama estratégico que se vislumbraba.. Churchill entendió rápidamente la conveniencia de hacer copartícipes de sus planes a otras instancias oficiales y a final de mes preparó, tras consultar al primer ministro Asquith, una reunión del CID en Malta. Desde ese instante los planes de reubicación de la armada fueron motivo de una encendida controversia. Asquith solicitó al CID el 29 de abril “ que considerase los efectos de las nuevas disposiciones navales en el Mediterráneo y demás lugares (…) y el grado de relación a buscar sobre la cooperación de la flota francesa”. Churchill alegó ante cualquiera que le prestara oídos que sus disposiciones eran la única respuesta lógica al desafío alemán. Sobre el particular le describió la retirada mediterránea a Haldane el 6 de mayo “como el primer paso consecuente para una guerra con Alemania y todos nosotros estamos conciliando las disposiciones de paz con las necesidades de la guerra. Sería una locura perder Inglaterra para salvaguardar Egipto”.



Otro argumento más técnico, esgrimido por el Almirantazgo hacía hincapié en la idoneidad de los polémicos cruceros de batalla como fuerza de sustitución en Malta en tanto fueran convenientemente respaldados por unidades sutiles ( cruceros acorazados, destructores y submarinos ). Y aún más, como quien no quiere la cosa, los lores deslizaban que otra posible solución en caso de que las dudas persistieran sería aumentar el tamaño de toda la marina militar “ 10 dreadnought más botados en 1912-13, o 4, junto con la adición de 6 buques de combate construidos o en proyecto en astilleros ingleses para potencias extranjeras, harían segura la posición británica en aguas propias y mediterráneas a partir de 1915 sin recurrir a apoyo foráneo”. Pero el coste estimado de tres millones de libras ejercía un poderoso efecto disuasorio.



Entretanto Churchill seguía vendiendo su proyecto. De nuevo con Haldane como interlocutor, afirmaba: “ Si [Francia] es nuestro socio, no sufriremos. Si no lo es, sufriremos. Pero si ganamos el gran envite en el escenario decisivo, podremos poner toda la carne en el asador. Haga lo que haga Francia, mi consejo es el mismo, y es la primera de todas las leyes de la guerra concentrar la fuerza en el punto clave” A pesar del creciente debate el Almirantazgo se ratificaba en su decisión operativa inicial. Pero la polémica seguía aumentando. Haldane criticó la retirada señalando que entorpecería el tránsito de tropas coloniales, e informes del Estado Mayor recordaban que Chipre, Malta y Suez quedarían expuestos a las apetencias de Austria, Italia y Turquía.



En estos juegos de tira y afloja influía una destacada camarilla burocrática integrada por John French, recientemente nombrado jefe del Estado Mayor Imperial, y el general Henry Wilson, desde 1910 director de operaciones militares del departamento de la Guerra. Ambos presionaban por una alianza declarada con Francia. A ellos se les unirían en el ministerio de exteriores el subsecretario Arthur Nicolson y Eyre Crowe, fervorosos profranceses y antialemanes, especialmente desde la 2ª crisis marroquí del año anterior. Por ejemplo, Crowe distribuyó otro de sus bombásticos memorandums pronosticando toda clase de calamidades si se persistía en la evacuación de la escuadra mediterránea: mayor fidelidad de Italia a la Triple Alianza, España se orientaría hacia Berlin, la dependencia turca respecto a los deseos alemanes aumentaría, y Egipto estaría amenazado. Y todo esas negras perspectivas quedarían solventadas con el concurso de la marina francesa. Haldane era reluctante a esa opción de acuerdo explícito con Paris. Pensaba que impulsaría a Turquía a los brazos de Berlín, y además implicaría contraer obligaciones. Y no era el único que desconfiaba en elegir esa salida. Grey se oponía a las demandas de una “alianza defensiva” con Paris. Aunque alarmado por la situación en el Mediterráneo, opinaba que una vinculación demasiado estrecha con el vecino meridional rompería el inestable equilibrio dentro del gobierno británico. En declaraciones al “Westminster Gazette” se pronunciaba “ La condición para mantener las manos libres es que proporcionemos a nuestra flota el nivel necesario de vigor. Sin él, inevitablemente nos volveremos dependientes de nuestros vecinos y a merced de sus combinaciones y alianzas”. Como Haldane, Grey pensaba que el aumento de efectivos absolutos de la Royal Navy era la mejor solución a los crecientes problemas estratégicos del imperio británico



                                      ARTHUR NICOLSON  

Enterado del aumento de las suspicacias, Churchill estableció nuevas rondas de conversaciones con Asquith, mencionando que las nuevas disposiciones navales podían ser canceladas o al menos modificadas. Asquith debía considerar también la parte de la ecuación vinculada con la Entente. Esas variables eran las sospechas francesas por el futuro de las relaciones bilaterales y el deseo de abrir negociaciones sobre cuestiones navales con Londres. Algunos gestos apaciguadores de Asquith hacia Alemania en la sesión del 30 de abril en los Comunes revivieron los temores galos. Grey tuvo que garantizarle al embajador francés, Paul Cambon, que las negociaciones con Berlín estaban definitivamente rotas y que en el futuro solo se debatirían cuestiones coloniales. A mediados de mayo Haldane se dirigió a la cámara de los Lores proclamando que el país estaba libre de alianzas continentales, lo que inquietó al presidente francés Poincaré, que hizo público su enojo. Grey tuvo que actuar de nuevo como cortafuegos y dio garantías firmes sobre el futuro de la Entente por conducto diplomático. Los franceses entendieron el recado y se dieron cuenta de que era mejor enmudecer para no viciar el debate en el Parlamento británico. Pero sus maniobras, eso si, menos estridentes, no cesaron. Trataron de crear un conducto extra de relaciones apelando al reparto de tareas costeras, en el cual la flota británica “cuidase del canal de la Mancha y el litoral norte de Francia, mientras con una escuadra renovada tomaba a su cargo el Mediterráneo”, con el pretexto de que Inglaterra se hiciese partícipe del acuerdo naval francorruso renovado recientemente.





De todos modos Asquith y Nicolson preferían mantener una pizca de ambigüedad, y se escudaban en las reticencias del gabinete para no admitir esa colaboración. Churchill también consideraba preceptiva la aprobación del gabinete, pero fiel a su estilo astuto quería se retrasara el sometimiento de la cuestión hasta después de la cita de Malta. En pocas palabras, poniendo así a los liberales radicales ante un hecho consumado que no tuvieran más remedio que tragar. A Grey se le encargó explicar al resto de sus compañeros de gobierno el giro de los acontecimientos y la posibilidad de un entendimiento naval anglofrancés. En suma aceptar otro paso más en la consolidación de la Entente.




A nivel mediático, las principales cabeceras de la prensa fueron definiendo sus líneas editoriales al respecto. El “Westminster Gazette” sostenía que lo más práctico era invertir más en la flota, y así mantener el ascendiente sobre el Mediterráneo, con lo que Inglaterra seguiría siendo dueña de su propio destino. El “Times”, aparentemente reluctante a una alianza formal con Francia, aplaudía en cambio el aumento de la coordinación con el socio continental y aprobaba la nueva ubicación de los buques. La prensa francesa elogiaba los planes del Almirantazgo entendiendo sagazmente que reforzaban la confianza en el seno de la Entente en la medida que los gobernantes británicos decidían apoyarse en Francia en un tema tan sensible para ellos como la hegemonía en el mar. A nivel político el 14 de junio Poincaré se felicitó de que “La Entente Cordiale, en ausencia de pacto, tiene la garantía de una inmensa mayoría favorable de la opinión de ambos países (…) el debate de los problemas comunes y la búsqueda de soluciones mutuas en los problemas de política general”.






Entretanto, los principales dirigentes británicos concernidos viajaban a Malta. Asquith y Churchill aprovecharon para hacer un periplo turístico en yate por el sur de Italia y recalaron en su destino el 29 de mayo de 1912. Allí, en las pausas entre múltiples eventos y recepciones, dialogaron con Lord Kitchener, por aquella fechas cónsul-gobernador de Egipto y Sudán, y decidieron modificar ligeramente las disposiciones originales del Almirantazgo. Permanecerían basados en Malta 3 cruceros de batalla de la clase “Indomitable” y 4 cruceros acorazados de la clase “Devonshire”. El escuadrón de Gibraltar sería fuerte en 8 acorazados dreadnought. Kitchener recibió seguridades de Asquith y Churchill sobre un acuerdo con los franceses, basado en el reparto de funciones: ellos defenderían la costa atlántica francesa, y aquellos les respaldarían en el Mediterráneo. Para no herir susceptibilidades de los liberales radicales, la palabra alianza no se mencionaba. El paso siguiente, y mas enrevesado, sería justificar estas conclusiones ante el resto del gobierno, ante la oposición conservadora y ante las demás instancias militares.






El 15 de junio Churchill presentó un informe a los ministros en el cual enfatizaba la utilidad del apoyo francés en el Mediterráneo en caso de hostilidades, permitiendo la concentración propia en el mar del Norte. Pero no logró convencer a todo su auditorio. El anterior Lord del Almirantazgo, Reginald McKenna, dijo sin ambages que un aumento de los efectivos totales era la mejor solución, y en una airada sesión del gobierno el 19 de junio encontró aliados. Churchill desgranó cuidadosamente su teoría. Volvió a subrayar que los planes de Tirpitz dejarían a Inglaterra expuesta a un ataque por sorpresa. Pero admitió la indefensión del Mediterráneo en ese trance. Lo auténticamente deseable, dijo, sería un aumento en las construcciones de navíos de combate, pero las tasaba en un pesado presupuesto 20 millones de libras, y un programa semejante no estaría completado hasta 1916. Por tanto, se ratificaba en la conveniencia del acuerdo con Francia.

                              REGINALD MCKENNA

El 24 de junio McKenna refutó esta tesis, salvo la referida a la potenciación del programa de construcciones navales, que evitaría “ser conducidos por nuestra debilidad a una dependencia respecto a cualquier poder europeo”. Al día siguiente Churchill replicó cáusticamente señalando que una división de la flota sería una receta garantizada para un desastre en caso de confrontación, pero lo cierto es que McKenna había tocado la fibra sensible de los liberales radicales, muy susceptibles ante una alianza explícita con Francia más allá de los términos suscritos en 1904, y pidieron una “tercera opinión” al CID para el 4 de julio. El revuelo político aumentaba y el 2 de julio en la cámara de los Lores varios unionistas irlandeses como el Earl de Selborne ( otro antiguo Primer Lord del Almirantazgo ) censuraron la anunciada disminución de poder en el Mediterráneo y la subordinación respecto a Francia: “[no debemos] depender exclusiva o prácticamente en exclusiva de la lealtad, eficiencia o valor de cualquier aliado para la protección de nuestros intereses en el Mediterráneo”. Otro líder político, Lord Esher, relató crudamente lo que supondría la retirada: “Eso significaría la alianza con Francia (…) bajo la excusa de conversaciones (…) adiós al dominio del mar en la próximo conflicto (…) recurrir a la ayuda extranjera sucede cuando la decadencia se aproxima"
 
Arthur Nicolson se inclinaba cada vez más por la opción del incremento de la armada, a pesar de favorecer personalmente el entendimiento con Paris. El reputado liberal radical Lord Morley remachó: “ No a la alianza, con o sin máscara” y McKenna resumía estas prevenciones el 3 de julio, recordando que un acercamiento aún más estrecho implicaría “ una alianza con la obligación de luchar en una guerra que no sería nuestra (…) ¿ qué términos demandaría Francia de nosotros a condición de protegernos en el Mediterráneo?"



La reunión del CID el 4 de julio dilucidó la controversia, con la presencia de todas las estancias concernidas del gobierno londinense. A lo largo de una sesión de seis horas, polarizada por un cara a cara entre Churchill y McKenna se debatió sobre los efectivos idóneos para sostener la estrategia en los mares cruciales para los intereses de su país. Churchill exigía una ventaja del 60% sobre Alemania y un 10% sobre Austria en los escenarios del mar del Norte y el Mediterráneo. Conseguir estos márgenes conllevaría la incorporación de 6 nuevos dreadnoughts, pero con la asistencia francesa bastarían los cruceros de batalla para compensar una amenaza italoaustriaca. Insistía en que no defendía una alianza, sino que la redistribución se basaba en mantener estos principios: “debemos mantener una continua y adecuada superioridad en fuerza sobre los alemanes en el mar del Norte, y todos los demás objetivos valiosos deben, si fuera necesario, ser sacrificados para asegurar este fin”. Grey y sus asesores de exteriores matizaron recordando la conveniencia de respaldo naval para sostener la política británica ante las potencias del sur de Europa. Finalmente, el CID sentenció: “ debe haber siempre un razonable margen de fuerzas superior preparado y disponible en las aguas patrias. Este es el primer requisito. Subordinado a esto, debemos mantener, disponible para propósitos mediterráneos y estacionada en un puerto mediterráneo una flota de combate igual a cualquier combinación de poderes locales, exceptuando a Francia


                      ROBERT BORDEN Y WINSTON CHURCHILL

En realidad, a pesar de las efusiones triunfantes de McKenna y Esher, la balanza se inclinaba claramente por considerar el mar del Norte como el área de prioridad del poder marítimo británico, tal y como defendía Churchill.

El gobierno debía concretar estas conclusiones ¿ como lo haría? Durante la reunión del gabinete el 15 y el 16 de julio el Primer Lord del Almirantazgo propuso la creación para 1915 de una escuadra de 8 acorazados o cruceros de batalla dreadnoughts. La baza que ostentaba para completar el programa constructivo eran sus contactos con el primer ministro canadiense, Sir Robert Borden. En las reuniones del CID Borden prometió una asistencia que podía llegar hasta los 3 dreadnoughts. Churchill seguía apostando por los cruceros de batalla para Malta ( aumentando su número hasta 4 ) acompañados por una escuadra de cruceros acorazados. McKenna seguía en sus trece exigiendo para Malta acorazados para neutralizar a los austriacos, y una presencia permanente, incluso en caso de lucha abierta en el mar del Norte. Pero la imposibilidad de que la expansión naval en curso concluyera antes de 1915 hizo al gabinete apoyar la opción de los cruceros de batalla para Malta
Como ya hemos comprobado, todas estas decisiones tenían una trascendencia estratégica más allá del mero despliegue naval. Suponía aprobar una alianza implícita con Francia, un reforzamiento de la Entente superando lo suscrito durante su fundación en 1904. Henry Wilson y Arthur Nicolson estaban encantados con el desenlace. Aunque las rectificaciones con los cruceros de batalla en Malta sería suficiente para lidiar con los austrohúngaros la ayuda francesa sería insustituible frente a una coordinación italoaustríaca.




El 16 de julio el consejo ministerial británico abrió la puerta a una cooperación naval con Francia “ que cada comunicación no fuera en perjuicio de la libertad de decisión del gobierno si debería cooperar o no en la eventualidad de conflicto” A pesar de la consabida coletilla de la “libertad de elección”, los liberales imperialistas habían subido varios peldaños en su esfuerzo de acercamiento militar a Francia. El pacto entre las diversas partes del espectro político inglés tenía su piedra de toque en un programa acelerado de fabricación de dreadnoughts. Con la asignación de un millón de libras extra se preveía la construcción hasta el año 1916 de 21 unidades pesadas, superando las 17 unidades calculadas en principio. Y no solo era una cuestión de cantidad. Una consecuencia del programa de reforzamiento fue la construcción de los formidables acorazados de la serie “Queen Elizabeth”, los buques mas potentes entre los dreadnoughts en servicio en el mundo en aquella época. Botados en 1912 y 1913 entraron en servicio antes de 1916. La serie constaba de 5 unidades, con un desplazamiento de 32.590 toneladas. Su diseño respondía a la necesidad de lograr una ventaja cualitativa sobre sus previsibles oponentes germanos. El sistema de propulsión sustituía el sistema mixto de carbón y fuel por un sistema de combustión exclusiva de fuel, capaz de superar los 25 nudos de velocidad, sin maquinaria extra. En definitiva, una escuadra rápida y bien protegida, capaz de coordinarse con los fulgurantes cruceros de batalla.



Aunque los principales lamentos por la sangría en el presupuesto nacional que supondría tantos dreadnought surgieron precisamente en la prensa liberal afín a Downing Street, su inquilino y sus colaboradores inmediatos habían conseguido, frente a las obstáculos levantados por liberales radicales y unionistas, su intención primordial: fortalecer la Entente y convertir a Alemania en el enemigo número uno en la planificación militar británica.



FUENTES
How the First World War began” Edward E. McCullough 1999


British dreadnought versus German Dreadnought” Mark Stille 2010

The politics of grand strategy: Britain and France prepare for war 1904-1914” Samuel R. Williamson  1990

" German battleships 1914-18 ( II ) " Gary Staff  2009


Consultas diversas en internet sobre las biografías de las personalidades citadas en el texto

23.9.11

TRADUCCIÓN: "REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA MUNDIAL" DE BETHMANN-HOLLWEG. CAPÍTULO: "El estallido de la guerra"

La literatura política de nuestros enemigos se ocupó largo y tendido antes de la guerra sobre el destino de Austria-Hungría. Discutían públicamente sobre si el imperio de los Habsburgo debería ser deshecho o si sería preservado. Que la muerte de el emperador Francisco José sería un día fatídico para la monarquía era un axioma manejado por otros aparte de nuestros enemigos. En Alemania había vivas discusiones sobre lo que seguiría, y los escritores, especialmente las plumas pangermanas, discutían ambiciosos esquemas para dividir ese estado sin preguntarse por los posibles efectos que esto podría conllevar.


Antes de la conclusión de la Entente Cordiale muchas voces habían estado declarándose en Francia a favor de alejar a Austria-Hungría de la Triple Alianza y de atraerla al campo francorruso. Con este fin en mente  efectuaron en Viena muchas jugadas ingeniosas explotando las indiscreciones y los sentimientos de determinados círculos allí que no podían olvidar Koninggratz. Si la Triple Alianza se hubiera roto, entonces la puerta habría sido cerrada a cal y canto contra el muy discutido avance de Alemania en el Este. Y como los austriacos y los eslavos de los Balcanes interiorizaban más y mas  de las tesis políticas del occidente, las ideas autonomistas brotaron de nuevo. Estas ideas cobraron forma definitiva con el establecimiento de la Triple Entente.



El principio general de la Entente era el apoyo a toda costa de los elementos eslavos de la monarquía del Danubio. Los checos eran los agitadores más abiertos para desembarazarse, del estado y los eslavos del sur estaban en perpetuo fermento.

Todas estas demandas impulsadas por estas fuerzas centrífugas no solamente dislocaron la solidaridad de la federación austrohúngara sino que también minaron toda la posición de las Potencias Centrales. Era un natural y necesario complemento de la política de la Entente  el apoyo recurrente a los estados eslavos de los Balcanes que tenían un interés en la destrucción de la monarquía del Danubio.

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Y con todo esto la posición de los eslavos en la monarquía no era en absoluto pobre. Es bien conocido que el círculo del Heredero austríaco estaba ocupado en planes para la reconstrucción del mecanismo del estado que permitiría el libre desenvolvimiento de su constituyente eslavo. Es verdad que estos planes asumían que la monarquía estaba dispuesta a desplegar suficiente vitalidad para rellamar a las poblaciones eslavas en su lealtad al estado austríaco. Y era esto lo que la propaganda paneslava y panservia trataba de prevenir. El Heredero austríaco se había convertido en odioso para muchos. Se consideraba que el sería lo suficientemente fuerte para sujetar las varias fuerzas divergentes otra vez. Pero esto, de nuevo, trajo a colación el conflicto primario entre eslavos y alemanes.







Probablemente la comunidad de intereses económicos podría en el transcurso del tiempo, con mano cuidadosa, haber eliminado un conflicto racial que retraía a un rudo pasado. Pero el nacionalismo de los eslavos austríacos y sus cercanas relaciones en los Balcanes permanecían dominantes, y fueron conducidas a la hostilidad contra Alemania porque Rusia deseaba reclutarlos para su política de anulación de Austria en interés de su propia expansión, mientras que Francia e Inglaterra vieron en ellos un poderoso instrumento para debilitar a Alemania desintegrando a su aliado.


Finalmente el 28 de junio se produjo el asesinato del Archiduque Fernando en Sarajevo. Las bombas usadas por los asesinos habían sido traídas a Bosnia con la connivencia de oficiales y ayudantes servios, y los asesinos mismos disfrutaron de la aprobación de la asociación Narodna Odbrana, apoyada por el gobierno servio y que trabajaba para la secesión de las provincias servias de Austria-Hungría. Este crimen fue la sangrienta señal de que la Gran Servia creía que su hora había llegado. Pero la hora fatal de la monarquía Habsburgo había también sonado. Si aguantaba pasivamente este atentado al prestigio de su status, entonces su disolución final no podría ser largamente retrasada. Si, por la otra parte, tomaba la determinación de traer a los agitadores panservios a su sano juicio, y si ninguna tercera parte interfería o impedía esto, entonces una conflagración se habría extinguido puesto que el ataque no habría sido solo contra la casa de Austria sino contra el conjunto de la convivencia de la sociedad europea. En el mismo instante que alguno de los miembros de la Entente se opuso a este postrero esfuerzo de Austria-Hungria de preservar su integridad, en ese momento el problema de Austria-Hungría pasaba de la región de la especulación abstracta a la de las decisiones que alterarían la historia del mundo.



Era decisión de Rusia. La política rusa de nuevo tuvo en sus manos encontrar una solución pacífica del tema servio. M Sassonow admitió en conversaciones con el conde Portales que el gobierno servio había merecido una lección, y una palabra de San Petersburgo habría servido para inducir a los servios a garantizar todas las satisfacciones que habrían contentado a Austria, y habría traído un modus vivendi. La paz europea dependía de si los que detentaban el poder en Rusia, la cual, de acuerdo con la antigua fórmula paneslava requería no solamente la protección de los estados balcánicos sino por añadidura el patronazgo de la población eslava de Austria. Pero nosotros sabemos hoy que una ruptura de la paz en Europa era justo lo que M. Sassonow tenía en mente porque el quería Constantinopla y por tanto una guerra europea. Esto, y solo esto, explica todas y cada una de las acciones de la política rusa en julio de 1914. Incluso si Sassonow sintió alguna aflicción al contemplar que el sendero de la guerra crecía a ojos vista, al proponer el camino para quienes habían sido “el objetivo de los calculados trabajos de su ministerio”, nada menos que la guerra fue lo que él causó.


Personalmente, él había estado escorado más y más a favor del ideal paneslavo. Aunque estaba convenientemente versado en la cultura occidental, pudo ser arrastrado por la idea de la Santa Rusia como la grande, todopoderosa, todo protectora madre de los pueblos eslavos. Por esta razón no podía resistir efectivamente la violenta presión ejercida sobre él para asentar la autoridad eslava en todas las ocasiones a toda costa. Pero hubo más que esto. Tanto los consejeros militares como civiles habían exitosamente persuadido al Zar en estos críticos días que el podría solamente salvar la corona y el imperio si el podía desviar hacia las pasiones bélicas el creciente descontento en su país, debido tanto a la excitación paneslavista o el resentimiento socialista. Similares sugerencias ( la experiencia de la guerra así lo demuestra ) pueden haber aparecido por doquier en ambientes y personas irresponsables. Pero en Rusia estas personas ocupaban lugares de la máxima autoridad. Y los que les influenciaban eran adherentes entusiastas de la adquisición de Constantinopla. Fue a estos halcones a los que Sassonow dio la mano cuando decidió consultarlos en la conferencia del 21 de febrero, por la que Rusia debía apoderarse de los estrechos, y podía hacerlo solamente a costa de una guerra europea.

A decir verdad no hubo necesidad para la apelación del príncipe heredero servio a el generoso corazón del zar. Cuando el 24 de julio, imploró al zar” que acuda con toda velocidad en ayuda de Servia” Sassonov había decidido ya la réplica. El mismo día un consejo de ministros ruso resolvió dar apoyo militar a Servia. Al día siguiente las ordenes necesarias fueron obtenidas del zar, y Sassonow estaba ya intentando en la embajada francesa asegurarse por si mismo el apoyo británico. Buchanan ha informado sobre esta entrevista muy extensamente y registra una declaración se Sassonow por la que Rusia no se apresuraría a la guerra si podía confiar en Francia. Esta condición debe ser leída en sentido estrictamente diplomático. Porque Sassonow sabía suficientemente bien que cuando el dijo esto a Sir G. Buchanan, Poincare, que en fecha tan temprana como 1912 “ había contemplado la guerra sin temor” ciertamente cooperaría. El solamente quería saber lo que Inglaterra pensaba, porque no podía hacer la guerra en contra de la voluntad de Inglaterra. Gran Bretaña, aliada como estaba con Japón , tenía ciertamente recursos suficientes para forzar a Rusia a renunciar a todo pensamiento de guerra. M. Sassonow solamente se aventuraría a abrir al completo la puerta de la guerra cuya cerradura ya había forzado, previendo que podría contar con una Inglaterra en armas ocupando su puesto en la mortal contienda. Todo dependía de la actitud de Inglaterra ¿ Y que hizo Inglaterra ?


La clara posibilidad de la guerra , por supuesto, aparecida ante E. Grey, había evocado del estadista inglés fuertes expresiones de aborrecimiento. Reconoció que desde un punto de vista inglés la disputa austro-servia no requería un tratamiento internacional. Si el ultimátum a Servia no conducía a una colisión entre Austria y Rusia, Inglaterra no tendría motivo para involucrarse. No hizo nada para localizar el conflicto. Desde el principio asumió como natural que Rusia intervendría, y contaba con esto. Tan pronto como Rusia hizo propia la causa de Servia el lo aceptó. Y no solo eso. No solamente fracasó en utilizar un lenguaje fuerte en San Petersburgo, que todavía podría haber sido eficaz, sino, al contrario, el prácticamente dio a entender al gabinete ruso que no deseaba usar ese lenguaje. Le dijo al príncipe Lichnowsky el 24 de julio que sentía que en vista del formato del ultimátum austríaco el era impotente para ejercer una influencia restrictiva sobre Rusia. El estadista inglés hasta pensó que era necesario informar a Paul Cambon previamente de su intención de hacer esta comunicación al embajador alemán ¿ imaginó Grey que Cambon encerraría esta interesante comunicación en el secreto de su corazón?
¿ No sabía perfectamente bien que su colega ruso sacaría beneficio de ello inmediatamente? Y eso era todo lo que Sassonow quería saber.




En atención a los servios, Grey llevó su no intervención tan lejos como para instruir al encargado de asuntos en Belgrado que , mientras recomendaba a los servios hacer concesiones en ciertos puntos formales, el debía por otro lado que debían responder como estimasen mejor para los intereses de Servia. El sacerdote pítico no dio un respuesta más halagüeña a Creso. Pero el 27 de julio claramente libró a las autoridades de San Petersburgo de sus últimas dudas. Ese día Grey informó al embajador ruso que la impresión de que Inglaterra en cualquier caso permanecería al margen debía ser modificada. El 1º escuadrón naval había sido instruido para no dispersarse tras las maniobras. Eso fue un estímulo bastante fuerte. Al mismo tiempo, Grey informó al embajador austríaco de la concentración del escuadrón, y añadió que Inglaterra no podía dispersar sus fuerzas en vista de la posibilidad de una guerra. Esto constituía ciertamente una tajante amenaza, aunque Grey negara que lo fuera. Aún debió haber otros datos que garantizaron a Rusia de cualquier resto de duda respecto a la actitud de Inglaterra. El muy citado despacho del embajador belga en San Petersburgo. M de l´Escaille escribe el 30 de julio: "Hoy cualquiera esta firmemente convencido en San Petersburgo que Inglaterra apostará por Francia.  Este apoyo es un factor de primera importancia y ha contribuido considerablemente a dar al partido belicista las cartas ganadoras"; y el mismo día el corresponsal de Reuter en San Petersburgo envió el muy polémico telegrama a Londres comentando la poderosa impresion que había causado el periplo de la flota británica desde Portland. Esto, en combinación con las garantías pacíficas otorgadas por Japón , confirmaron sobradamente la firme decisión de Rusia de arrojarse al arbitrio de la guerra. Esto lo causo Sir E. Grey con su propia estulticia, y de paso acabó con nuestras tentativas de mediación.

En el prefacio de nuestro Libro Blanco esta recogido que Inglaterra trabajaría "hombro con hombro" con nosotros en pos de la causa de la paz. Nuestro entonces imperfecto conocimiento de la actitud inglesa permitieron esta conclusión, que ha sido desde entonces explotada por los periodistas ingleses como un reconocimiento alemán del pacifismo inglés. Pero si desearamos hoy mantener este punto de vista nosotros seríamos refutados por las publicaciones oficiales de nuestros opnentes mismos, que han arrojado suficiente luz sobre la postura de Londres en el preludio diplomático de la contienda.

¿ Fueron nuestras tentativas de mediación esencialmente sin esperanza? Cuando la crísis estaba en su fase aguda tuvimos éxito en atraer a Viena a declarar expresamente que no permanecería ni reclamaría una pulgada  de suelo servio, que no reduciría la soberanía de Servia, y solamente se proponía una temporal ocupación militar del territorio servio.

6.9.11

LA CARRERA NAVAL: EL ORIGEN DE LOS "DREADNOUGHT" ALEMANES

La construcción del buque de línea “Dreadnought” alteró drásticamente el universo de el diseño y el ensamblaje navales. El motivo de este profundo impacto se debió a la adopción de una artillería monocalibre de gran alcance y elevado , que contaba con el precedente de la serie de acorazados norteamericanos “Michigan”, por el relativo incremento en la eslora, y por su rapidez en su fabricación. El “Dreadnought” fue empezado el 2 de octubre de 1905, fue botado el 10 de febrero de 1906 y quedó listo para sus pruebas de verificación el 3 de octubre de ese mismo año.


Aparte del mérito de los empleados del astillero naval de Portsmouth, las razones de esa rapidez son atribuibles a las órdenes anticipadas para usar material prefabricado y por la utilización de las torres de artilleria de 12 pulgadas acopiadas para los acorazados de la clase "Lord Nelson”.


En el resto de marinas la regla imperante era dotar a los navíos de línea con una paridad de piezas de mediano y gran calibre, con el ejemplo inicial del italiano "Regina Margharita" en 1900, que montaba cuatro piezas de 12  pulgadas y cuatro  piezas de 8 pulgadas. Los precursores del acorazado monocalibre de gran porte fueron el almirante británico Fisher, ya en 1900, y tres años después el ingeniero italiano Vittorio Cuniberti que elaboró un proyecto de "buque de combate ideal para la Royal Navy equipado con doce cañones de 12 pulgadas de tiro rápido. Este diseño sugería un gran número de cañones de gran calibre que uniformarían el armamento principal, y una velocidad de navegación inédita.



¿ Cual era la actitud imperante en Alemania, la gran potencia marítima llegada recientemente al escenario? Los planes navales alemanes contemplaban a finales de 1903 la elaboración de planos para un buque de combate de 13.000 toneladas artillado con cuatro cañones de 280 mm y cuatro de 210 mm. Era un primer paso para incrementar el tamaño de los acorazados alemanes, que habían cosechado serias críticas por ser habitualmente más pequeños y estar peor armados que sus homólogos extranjeros.  Las razones del almirante von Tirpitz, ministro de marina, para seguir esa senda hasta entonces eran simples: gastar poco y no aparentar un poderío agresivo en los mares.



A finales de enero de 1904 se presentaron 3 propuestas: dos de ellas contaban con cañones de 210 mm en cuatro torres formando una disposición hexagonal al combinarse con dos torres de 280 mm. Esta peculiar ( y polémica ) configuración geométrica permanecería inalterada en los subsiguientes proyectos navales germanos.


En marzo de 1904 un informe del departamento de  la Marina Imperial ( Reichsmarineamnt, RMA ) confirmó que aumentar el calibre de la artillería era deseable. El departamento tambien señaló  que la adopción de dos tipos de calibres medios causaría problemas con la dirección de tiro, la formación teórica y el suministro de munición. En la escena naval internacional de 1904 se daban muchas variaciones del armamento de calibre medio y los diseños alemanes, surtidos con 16 piezas de 210 mm,  8 de las cuales estaban agrupadas en torres dobles, parecian razonables en ese marco internacional.

No obstante, fue el informe del 4 de abril de 1904 emitido por el departamento de construcciones de la Marina Imperial el que puede considerarse como el verdadero punto de arranque alemán para adaptar el concepto del “Dreadnought”. En sus páginas, dirigidas al ministro de Marina Von Tirpitz, se abogababa por un buque de combate solamente equipado con artillería de gran calibre, eliminando la de tipo medio; deberían tomarse en cuenta las desventajas geográficas de las bases marítimas alemanas y los límites presupuestarios. El informe pasaba a enumerar los requisitos técnicos que debería cumplir el proyecto: número y contundencia del armamento, flotabilidad apropiada,, dirección de tiro segura, velocidad suficiente, buena capacidad de giro y un radio de acción acorde con los condicionantes estratégicos.

La diferencia fundamental entre los puntos de vista del departamento de construcciones y el departamento de Marina consistía en la defensa que hacia el primero de combates a larga distancia, lo que requería cañones pesados de al menos calibre 280 mm mientras que el último esperaba encuentros que evolucionasen hasta distancias cortas, un punto de vista sostenido por Von Tirpitz al menos hasta 1910.

Una reunión a finales de abril de 1904 trajo el primer paso hacia la adopción de un nuevo tipo de navío acorazado, con una propuesta de 14.000 o 15.000 toneladas y un armamento secundario de 210 mm y cuatro cañones de 280 mm como artillería principal, en la línea de la precedente clase "Deutschland". El almirante Von Tirpitz recelaba del aumento del tamaño por motivos económicos y políticos. El departamento de construcción empezó a considerar dos nuevos proyectos siguiendo esas indicaciones, pero las notícias en febrero de 1905 indicando que los navíos británicos de la clase "Lord Nelson" desplazarían hasta 18.000 toneladas vencieron las reluctancias de Von Tirpitz que solicitó el 20 de febrero de 1905 dos nuevos estudios, uno con cañones de 210 mm en seis torres dobles,  y el otro con ocho cañones de tiro rápido del calibre 280 mm y munición SK. Pero ambos mantenían las dimensiones modestas, de 15.000 toneladas. En otra reunión el 18 de marzo  se aceptó un incremento del tamaño. Finalmente el consejo asesor de Guillermo II y el propio Kaiser dieron su visto bueno a un proyecto que contemplaba un armamento de 8 cañones de 280 mm cuatro de los cuales se dispondrían en torres dobles y el resto en torres sencillas dispuestas con el ya característico  juego hexagonal.




                                              IMAGENES DEL ACORAZADO "NASSAU"

La decisión clave había sido, pues, tomada, y un diseño para un acorazado con cañones de calibre medio se abandonó definitivamente, aunque se conservaran piezas secundarias de calibre menor en los acorazados. Este proyecto innovador, denominado "G" se vió potenciado al autorizarse el 4 de octubre de 1905  un desplazamiento de 18.400 toneladas. La variante G7b, que recibió la aprobación del Káiser el 3 de marzo de 1906 dispondría de un armamento de 12 cañones de 280 mmen disposición gexagonal, 2 chimeneas que por razones de aprovechamiento de espacio habian sustituido a las 3 previstas originalmente, y una velocidad punta de 19,5 nudos proporcionados por 22.000 caballos de potencia de los propulsores. El 26 de marzo  el Reichstag autorizó el presupuesto para los dos primeros buques de este modelo. El 31 de marzo de 1906 el primero de ellos, el "Nassau", que daría su nombre a toda una serie de cuatro unidades fue encargado al Astillero Imperial de Wilhelmshaven. Nacian así los acorazados dreadnoughts alemanes.


COMPARATIVA DE LA SECCIÓN TRANSVERSAL ENTRE EL "WESTFALEN" ( SEGUNDO NAVÍO DE LA CLASE "NASSAU")  Y EL "DREADNOUGHT".  APRECIAMOS EL DIFERENTE GROSOR DEL BLINDAJE, Y LA MAYOR PROTECCIÓN DEL PRIMERO FRENTE A IMPACTOS DE TORPEDO.


El contraste de el modelo "Nassau" respecto a sus antecesores de la clase "Deutschland" era acusado. El "Nassau" desplazaba 18.873 toneladas ( 20.535 a plena carga ) con una eslora ( longitud ) de 146,1 metros, frente a las 13.191 toneladas ( 14.428 a plena carga ) y una eslora de 127,6 metros del "Deutschland". Lógicamente los coste aumentaron pasando de los 24.981.000 marcos oro que costaban cada "Deutschland"a los 37.399.000 marcos oro de la nueva serie . 

El armamento pesado del "Nassau" superaba en ocho piezas a la serie predecesora aunque ambas compartian el calibre homologado de 280 mm; la velocidad se incrementaba en un nudo, de 18,6 a 19,5. Con todo, lo más importante era la robustez del "Nassau" y sus gemelos consecutivos, cuyo blindaje representaba el 36% de su desplazamiento. El blindaje del cinturón principal era de un grosor de 270 mm en el Nassau. En sus gemelos subiría hasta los 290 mm. El cinturón superior alcanzaba los 160 mm. En ambas categorias superaba claramente al Dreadnought británico.

El sistema de propulsión se apoyaba en 12 calderas alimentadas por carbón, dispuestas en tres salas separadas. En 1915 serían complementadas por quemadores de petroleo.

Los gemelos del "Nassau" fueron el "Westfalen" botado el 1 de julio de 1908 y comisionado el 16 de noviembre de 1909, el "Rheinland" botado el 26 septiembre de 1908, y comisionado el 30 de abril de 1910 y el "Posen" botado el  12 de diciembre de 1908 y comisionado el 31 de mayo de 1910.